Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. S Á B A D O 27 D E F E B R E R O D E 1932. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA P A G i? AYER E N L A SESIÓN D E L CONGRESO Y DESDE LA TRIBUNA PUBLICA F U E ARROJADA UNA PIEDRA CONTRA ELBANCO AZUL E l sucesp A las siete y cuarto de la tarde de ayer, se hallaba en el uso de la palabra el diputado agrario Sr. Madariaga, durante el debate sobre los proyectos económicos del m i nistro de Hacienda. E n el banco azul se encontraban los ministros de Trabajo y H a cienda: aquél en el extremo opue stoa la cabecera, y el Sr. Carner en su sitio de costumbre, o sea en la mitad del banco. L a Cámara aparecía desanimada, y presidía el vicepresidente primero, Sr. Castrillo. E l Sr. Madariaga decía que estaba conforme con la teoría expuesta momentos antes por el Sr. Balbontín, acerca del régimen de tributos para l a pequeña propiedad. D e los bancos socialistas increparon al orador, y refiriéndose a esta coincidencia entre el diputado de extrema izquierda y el de extrema derecha, exclamaron algunos diputados ¡Y a hay boda, ya hay b o d a! E l S r Balbontín, airadamente, se volvió hacia los escaños de la minoría socialista, y gritó: S o i s los asesinos de los obreros. E n este momento, se oyó un gran estrépito, y cayó al suelo hecho añicos, uno de los grandes cristales de la puerta lateral derecha que da acceso a l salón de sesiones. Se produjo un movimiento de espectacióri y ansiedad. ¿Qué había ocurrido? ¿Un disparo? N o era admisible, porque no se había oído detonación alguna. Tampoco había ocurrido nada anormal al otro lado de la puerta, pues varios diputados entraron rápidamente por ella al oír el ruido, para enterarse de lo que ocurría. E n realidad, nadie acertaba a explicarse lo sucedido, aunque todos los presentes comprendían que la rotura no había sido casual. E l Sr. Castrillo, con calma y serenidad, hizo señas a los diputados para que tomaran asiento, y dio órdenes a los ujieres para que cerraran las puertas. Algunos diputados, desde el centro del hemiciclo, señalaron a l a tribuna pública, y momentos después se ponía en claro el suceso. Desde la mencionada tr- ibuna, un i n dividuo había arrojado un objeto al salón. Simultáneamente se supo que el autor del hecho estaba detenido. Entraron precipitadamente el presidente del Consejo, el de l a Cámara, que ocupó la presidencia; los ministros de Marina, Estado y Obras Públicas y numerosos diputados que se hallaban en los pasillos. E l presidente, ante la agitación que reinaba en el salón, pronunció las siguientes palabras: K o se puede suspender la sesión. Estas Cortes constituyentes no deben tolerar coacciones y no pueden ser disueltas violentamente por nada n i por nadie. U n largo murmullo de aprobación acogió estas palabras y la sesión continuó sin mas. T lencia; tanta, que chocó con el respaldo del banco azul, en su primera mitad a partir de la cabecera, dejó una huella profunda, cruzó los señores Vergara y Azcárate, que se hallaban en el banco de la Comisión, pasó sobre el escaño que habitualmente. ocupa D Pedro Rico y fué a chocar contra el crismal de la puerta, que tiene un grosor aproximado de un centímetro, y quedó materialmente hecho trizas. E l ujier de cancela Ismael Díaz la sintió rozar por la mejilla. L a piedra es de pedernal muy compacto, del tamaño de una pina pequeña, de arrastre de río, con dos aristas muy pronunciadas, muy limpia, como escogida a propósito para el hecho. E l registro Se procedió a registrar los bolsillos del sujeto. Llevaba encima El catecismo comí nista, un recorte de periódico con un artículo de Morato, sobre Espartaco; una libreta con anotación geométricas, una octavilla, con una canción comunista: A la joven guardia roja; una nota manuscrita, que dice simplemente: La mujer se masculiniza un, número del periódico El Liberal; un lápiz, unas plumillas para escribir, encerradas en una caja de pildoras, y una peseta cuarenta, y cinco céntimos en metálico. N o piído encontrársele ni un pape! n i una nota, que pudiera servir para la identificación. Examinado detenidamente poí el comisario segundo Sr. Vaquero se pudo apreciar, que no estaba tatuado. Inmediatamente se obtuvieron las huellas dactilares para una comprobación urgente en las fichas que obran en poder de la. P o licía. Durante todo el tiempo que duró el registro y el intento de interrogatorio, el detenido permaneció con la cabeza baja, sin alzar la vista hacia las personas que se hachaban en el antedespacho y haciendo signos denegatorios a cualquier pregunta que se le dirigía. E l señor Besteiro ordena que el agresor sea c o n d u c i d o a su antedespacho E n el pasillo de la tribuna pública se h i cieron cargo del detenido los comisarios de la Brigada Social Sres. De Miguel y Vaquero y el inspector Sr. Del Castillo. E l joven fué conducido por las escaleras interiores de la Cámara y llevado al antedespacho de la presidencia, donde ya se encontraban los secretarios de la Cámara. Como es natural, numerosas diputados acudieron al escritorio de periodistas y al pasillo posterior del Congreso, para presenciar el paso del detenido. E l j u z g a d o de guardia A las ocho y media de la noche, dos números de la Guardia civil se hicieron cargo Las señas personales del i n d i v i- del individuo y lo condujeron primeramendependiend u o E s t e se niega a prestar d e- te al cuartelillo dey la Benemérita, Juzgado de te del Congreso, más tarde al claración guardia. E l oficial mayor de la Cámara, Sr. M a r E l autor del hecho es alto, delgado, r u tín, envió al Juzgado como prueba de conbio, de facciones finas y correctas. Vestía alvicción la piedra arrojada y cuantos objetos pargatas, traje gris en mediano uso y jersey se encontraron encima del detenido. blanco, sin sombrero llevaba un abrigo maHasta la entrega al Juzgado de guardia, rrón, de corte francés, nuevo, sin etiqueta. el detenido estuvo incomunicado por orden Desde el primer momento se negó de un modo rotundo a decir su nombre y a explidel presidente, Sr. Besteiro. car el hecho. E l comisario Sr. De Miguel le instó reDeclaraciones petidas veces ya en el antedespacho a que L a Policía tomó declaración a varios de siquiera dijera su nombre; pero respondía los que se hallaban en la tribuna pública; con movimientos denegatorios de cabeza. SeDesde luego, el desconocido entró en ella al gún parece, en el momento de la detención comenzar la sesión y no se movió de su dijo al sargento Sr. Vázquez que fué casitio. S i n embargo se supo que cruzó unas cheado como todos los que asisten a la t r i palabras con un individuo de bastante edad buna pública, en la puerta de acceso a la que se encontraba en pr. imiira fila, y, por misma, pero que la piedra pudo pasarla entanto, acodado sobre él antepecho. Se supo vuelta en un pañuelo y llevándola en la mano que el agresor le había rogado que le cederecha, cosa que escapó a los que realizadiera el sitio, prometiéndole que. lo conviban el servicio. daría a café para recompensarlo. Como algunos diputados presenciaban el frustrado interrogatorio hecho por el señor E l delito De Miguel, a uno de aquéllos se le ocurrió E l suceso fué tema de todos- los comentapreguntar si era sordo y contestó afirmativamente. E n un tono más bajo fe pidió que rios en los pasillos hasta que la sesión terdijera en qué oído tenía el padecimiento, y minó. rápidamente contestó que en ¡os dos. Varios diputados, abogados, decían que el delito está perfectamente definido en el artículo 173 del Código Penal como agresión a las Cortes en el ejercicio de sus funciones legislativas, y que la pena que le corresponde es la de relegación temporal de doce años y un día a veinte. Pintura ¡is costumbres E n las Páginas de Arte del próximo número de B L A N C O Y N E G R O descuella la reproducción del cuadro, de Ferrándiz, U n juicio ante las autoridades del pueblo E n las mismas páginas aparecen vistas de T a o r m i n a y del y a l l e de las Perlas, tipos segó víanos de Zamarramala y copias de u n vaso del T e s o r o del D e l f í n y de un magnífico tapiz de la Catedral compostelana. Comentarios E l ministro de Hack- nda. Sr. Carner, estuvo muy expuesto a ser víctima del atentado. L a piedra pasó muy cerca de él. Comentándolo decía, en tono humorístico, que la piedra debió ser lanzada por un contribuyente, en cuyo caso él era la víctima, o por un sindicalista, y si era así estaba d i r i gida al Sr. L a r g o Caballero, ya que no había otros ministros en el b; anco azul. Lacoiáciflencia de hallarse fuera del. salón d- s sesiones el alcalde efe Madrid, D. Pedro R i c o evitó que recibiera la pedrada. Y a decimos antes que la piedra paso sobre el escaño que ocupa habitualmente el Sr. Rico. P o r eso éste exclamaba jocosamente: S i llego a estar dentro, hoy actúo de Zan ra, L a agresión E l objeto lanzado desde la tribuna pública fué una piedra, y el agresor, un joven de unos veinte años de edad. Se hallaba sentado en el segundo banco de l a tribuna y para realizar el hecho se puso de pie, sin exclanaar palabra alguna. A ú n tenia el brazo en alto cuando fué detenido por el sargento de la Guardia civil D Francisco Vázquez, que estaba de servicio y que inmediatamente sacó de la tribuna al desconocido y lo retuvo en el pasillo hasta que llegó la Policía. L a piedra fué arrojada con enorme vio-
 // Cambio Nodo4-Sevilla