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N U M E R O EXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO TAVO. V 1 GES 1 MOC 5 5 Ü N U M E R O EXTRAORD 1 NARIO 20 C E N T S AÑO V 1 GES 1 MOC ¿5 5 TAVO. IMPRESIONES DE ARTE DOS HOMBRES DEL RENACIMIENTO tuosidad, cubre la caos hombres que v i beza del Rey caballevieron la intensa ro que en tal guisa revida de los claros corta su fuerte cueraños renacentis. po sobre un fondo neutas hallaron junto a tro, junto a una maellos una pléyade de ciza arquitectura, que artistas que supieron tal vez sea. un arco de retratarlos magnífica; triunfo, bajo el que mente y conservar así acaba de pasar, despara la posteridad la pués de una campaña imasen de sus rostros, victoriosa. el garbo de sus cuerEn. tan bello cuadro pos, el lujo ostentoso el rostro de Francisde sus trajes, el amco I es p r o d i g i o de biente de su época y expresión socarrona y casi siempre ese sumaliciosa. L a barba y til, delicado e inexpliel bigote, rizada aquécable hechizo de los lla, laso éste, sedosos retratos que se llama ambos, encuadran las parecido, y que no facciones; oculta algo consiste sólo en la rela primera la mandípresentación de las bula inferior, que tal facciones corporales, vez afeitada fuese más sino en reproducir solarga de lo debido. L a bre la masa muerta boca es plenamente del lienzo o de la masensual g r a n d e y dera, con la a y u d a fuerte el l a b i o surinerte de unos cuantos giendo rojo bajo el bicolores, el aura espirigote, y la sonrisa tietual que envuelve a ne una amable ironía, cada hombre y que lo llena de subentendidiferencia de todos los dos, confirmada por el otros con mucho tna- mirar de sus ojos peyor poder que la forqueños, que. contemma de la nariz o el plan de lado algún escolorido de los ojos. pectáculo agradable, a Quintín Metsys retrajuzgar por la delectató así al cardenal Juan ción con que se entorCarandolet, quien por nan éntrelos gruesos su apellido puede ser pálidos párpados. L a de origen español. nari z es m o n u mentó Este sacerdote era de de carne, desaforada, noble estirpe, y su preenorme, pendiente soclaro escudo, donde bre la boca. Un trazo campean h e r á l d i c a s semejante es casi ináguilas, bajo un cadecoroso por su magpelo cardenalicio, apaQUINTÍN METSYS. RETRATO D E JUAN CARANDOLET nitud, y. soberbia, y rerece repetidas veces vela, casi disculpa, totejido, juntamente con dos los excesos de un temperamento excesiplantas ornamentales, por una espléndida el conjunto. sombrío que forman el tapiz y vamente sensual. Así vio Clouet al Rey át tapicería, que sirve de fondo al retratado. los ropajes, el rostro de Carandolet surge Francia, al que más tarde los versos de VícEste es ya hombre maduro. Los mechones con gran fuerza, con un alucinante mirar tor Hugo y las melodías de Verdi habían de pelo blanco se ahuecan a ambos lados del agudo y fijo, que parece de fantasma, y que rostro, ocultando las orejas, como sostenien- debía amedrentar a quien hubiera de enten- de hacer tan popular durante casi todo el siglo x i x Y así, sin duda, debieron amarle do el birrete. E l rostro está completamente dérselas con tan entonado señor. Quintín las muchas mujeres a quien él aireó, y que, rasurado, es de en jutas y casi adustas fac- Metsys lo retrató a maravilla y lo fijó para no obstante su cariño, sólo le inspiraron ciones, pómulos salientes, firme nariz, boca la eternidad en esa admirable obra maestra. aquellos versos escépticos- y desengañados que se aprieta y termina en líneas rotas y Juan Clouet pintó a Francisco I montado que dicen cuan loco es aquel que se fía de escuetas. Los ojos miran serenamente, algo en un hermoso caballo, al que adornan jaeseveros, desde el fondo de las hondas cuen- ces lujosísimos de terciopelo y oro, que re- las variables hembras. cas, d. onde la piel se ha plegado en bolsas matan borlas de seda. E l bocado y las briEstos ejos hombres del Renacimiento fuey arrugas que fabrica el inexorable tiempo. das son asimismo de gran esplendor, y, para ron muy distintos en su vida y seguramente Debía ser Carandolet hombre de voluntad más grande ostentación, sobre la fina caen su espíritu, aunque ambos poseyeron las enérgica y terca, de ideas rectilíneas, tal beza del corcel se alza un penacho de plualmas bien templadas y fuertes de aquella vez algo fanático, seguramente seco y poco mas, rizadas y temblorosas. época, donde toda debilidad traía consigo expansivo, ignorando, como muchas de las Caballero en tan noble montura, el Rey la muerte o el infortunio. E l ambiente que gentes de entonces, los matices sentimenta- de Francia ostenta asimismo arreos suntuoles que puede sólo sean manifestaciones de sísimos. Una armadura espléndida le cubre rodea á las gentes durante su vida es tan pujante, posee tan misteriosa influencia, que a la debilidad de los espíritus y adquisición el cuerpo con sus piezas cinceladas y labraél no escapa nadie y todos quedan sellados funesta de los tiempos actuales. Ropajes ro- das. A l costado le pende áureo y recio espor su impronta inevitable. Mientras viven, jos le envuelven en amplios pliegues, y en- padón, preso en, su vaina de velludo, y la los humanos no alcanzan a descubrir este tre ellos aparecen los brazos, cubiertos de diestra sujeta un macizo cetro, que tal vez fenómeno. Nadie se cía cuenta clara de cómo blanco, terminados en manos algo deforma- en la. batalla pueda servir como terrible es la atmósfera de su época, pues es conodas por la gota y los reumatismos, y cuyos arma. Un leve gorro negro, orlado de levícimiento al que no llegan cuantos viven en dedos ensortijados entreabren perezosamente sima pluma, y al que amplía medalla, a uso aquélla. Luego, más tarde, conforme los las hojas doradas de un libro de rezos. En del tiempo, y finas labores dan mayor suntiempos transcurren y se sedimentan en el