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CUADROS PORTUGUESES Oporto, metrópoli y rincón poético. E todas las bellas c i u d a d e s portuguesas es Oporto q u i z á la de aspecto menos raro, con ser hermoso de perspectivas, pero la de vida m á s s i n g u l a r y m á s sorp r e n d e n t e E n este viejo burgo, que la p r o d i g i o s a actividad de sus hijos, sin par en todo P o r t u g a l ha c a m b i a d o de fisonom í a y c a r á c t e r está todo l o viejo y todo lo nuevo q u e basten para calificarla de c i u dad- museo y de g r a n m e t r ó p o l i industrial. Q u i z á en todo P o r t u gal no se pueda catar pueblo m á s laborioso e incansable, vida m á s profundamente bulliciosa que la de Oporto, población o b r e r a e industrial, población c o m e r c i a l y exportadora como no hay otra en el país, conglomerado de fábricas y comercios, colmena g i gantesca de b a r r i o s o b r e r o s- y grandes avenidas tipo cosmopolita. P e r o no h a b r á t a m b i é n ciudad que, v i st a d e s d e fuera, D CLARO D E LUNA E N LOS CLAUSTROS DE L A CATEDRAL DE OPORTO O P O R T O J E N O C H E V I S T O D E S D E L A O R I L L A D E L D U E R O hosca y severa, encaramada en sus colinas, como ligada al suelo del país por un solo hilo, el puente gigante, que su altanería puede romper, en un momento, para establecer un aislamiento s e ñ o r i a l ciudad que, antes de comprendida, presente un aspecto m á s antiguo y muerto, viejo cuadro de tradición que no se rinde al progreso n i a l a bulliciosa vida moderna. Y cuando l a noche ahoga en luz de- luna todo el trajinar fabril, todo movimiento en las calles; cuando aquí y allí se encienden sus iluminaciones, tan. típicas y tan primitivas, puesto que sus grandes alumbrados modernos del centro no rompen las murallas del viejo- caserío, que ocultan, encaramadas en colínas, l a ciudad moderna, entonces, pesa sobre la vieja y hermosa ciudad como un maléfico encanto, ponzoña letal como toda poesía, un baño de. luz azul y fría, chorros de l á g r i m a s de l a fría luna n o r t e ñ a que van escurriendo por. portales y congostas, por callejuelas tortuo- sas y plazoletas muertas, por barrios tristes y barrios que duermen, lamiendo el río sin barcas, como de égloga, con bordes recortados y de espesos matorrales campesinos, en una evocación del a n t a ñ o muerto, que sólo en l a P e n í n s u l a tiene pareja en l a seducción mística de algunas poblaciones gallegas. Como en. todas las grandes urbes de trabajadores, la vida palpitante de Oporto acaba temprano. Tempranito se duerme el coloso de miliares de bocas, de millares de brazos, monstruo horrible, que, al día siguiente, i r á sin alma, mecánicamente, a trajinar, febril, fabricando el progreso y e! hambre a un
 // Cambio Nodo4-Sevilla