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miendo a mis lectores. Recuerda en tan precioso trabajo las persecuciones políticas de que fué v i c t i m a e n Granada el año 1851, siendo adolescente, y más tarde, en 1865, en M a d r i d c u a n d o ya era un periodista militante, y las describe con un donaire y un aticismo tan excepcionales que acusan un ingenio juvenil y r e b o s a n t e de alegría. E n esos postreros años tuvo su talento un escenario p r i v a do donde esparcirse y engalanarse. E n n o viembre de 1000 unos cuantos hombres de gran significación en distintos órdenes de l a vida, unos e n t r a d o s en la vejez y otros muy cercanos a ella, constituyeron una esMujeres hay tan pecie de sociedad que bellas y tan f a t u a s- -apellidaron Gente que groan enseñándoV i e j a E l fin de tan se a la gente, -y sólo original eolecti v i d a d no se toman p o r esconsistía únicamente tatua -porque tienen en reunirse a comer el mármol más caen determinados días liente. en el restaurante del café Inglés y recordar A los pocos días, y tiempos pasados, dancon objeto de despedo a la vez rienda dir a Benlliure, que M A R I A N O B E N W U R K OTANDO F U E N O M B R A D O D I R E C T O R D E L A A C A D E M I A D E B E L L A S suelta a) más sano y emprendía su viaje a A R T E S D E ESPAÑA B N R O M A deleitoso humorismo. Roma el 6 de febreE r a n socios N a v a r r o ro, le obsequiamos los Reverter, Marcos Zapata, Ramón y Cajal, sentía en condiciones de improvisar. Y creíntimos con una comida en el Círculo de Frontaura, Eduardo Lustonó, Alberto A g u i yó firmemente que lograría su deseo; pero Bellas A r t e s cuyo domicilio era entonces la lera, Capdepón, Tomás Lucefio, Gutiérrez cuando Dicenta pidió a grandes vocea que casa que hoy ocupa el Centro A s t u r i a n o en Carnero, Fernández Bremón, Alvares: Guebrindara, todos, puestos en pie. nos unimos la entrada de l a calle de- Alcalá. rra, Manuel del Palacio, S i l vela (D F r a n clamorosamente a su petición. Ante tan unáV i v i m o s pocos de los que gozamos de cisco) y otros cuyos nombres no acuden en nime solicitud no pudo resistir el gran poefiesta tan agradable. H a n transcurrido más este momento a m i memoria. De ellos sólo ta, y, levantándose- y recobrando su habitual de treinta años y en ese largo intervalo han buen humor con la misma lozanía que er viven Cajal, la más alta cima de la intelecencontrado el eterno descanso de la nfuerte tualidad española; Tomás Luceño, notabilísus años mozos, huyendo del tono serio, que la mayor parte de aquellos amigos queridos, simo sainetero, en cuyo espíritu parece habihubiera sido incompatible con aquella reque nunca olvidaremos. L o s arrebató el i n tar D Ramón de l a C r u z y Gutiérrez C a unión de amaradas, y en el seno de aquecansable oleaje del tiempo, que sin galernas mero, que en su saludable y apacible ancialla alegre y bulliciosa algazara, se d i r i aparatosas ni tempestades violentas hace canidad regala nuestro gusto con sus producgió a Benlliure, y con aquel modo de recilladamente y con fatal pertinacia su labor ciones literarias, tan frescas, tan pulimentatar tan origina! y tari suyo, y tan difícil invencible y destructora. das y tan limpias como si el que las concibiede ser imitado, improvisó la siguiente esÍÁ cena fué animadísima. E l ingenio se ra estuviese en pleno disfrute de la juventud. trofa derrochó pródigamente, distinguiéndose más Y o tuve referencias de aquellos cenáculos, que otro alguno mi llorado amigo Joaquín Cuando estés en la tierra, de l a loba, donde no. tenían entrada más que los i n i Dicenta, talentoso y genial, jue se hallaba si el ver sus maravillas no te emboba ciados. E r a una especie de colmena cuyas, entonces en el apogeo de sus triunfos y en yitanta: desnudez te vuelve frágil, abejas elaboraban misteriosamente las mieel pináculo de su popularidad madrileña. N o dale u n beso a l a Venus ño Caoba les de sus ingenios chispeantes y luminosos, quiero citar a nadie más, porque para nomy un abra o at Moisés de Mifruel Agll. guardándolas para saborearlas con egoísta brarlos a t o d o s tendría que llenar muchas regodeo. cuartillas, y omitir algunos no me parece Fueron los anteriormente referidos los dos bíen, mereciendo l a totalidad el mismo c a r i Pero como no se trataba de secretos de últimos brindis que- pronunció el ilustre vate. ñoso recuerdo. Estado, se filtraban en contadas ocasiones a K l primero fué publicado en la Prensa de través de la amable indiscreción de alguno aquellos d í a s el segundo sale hoy a- la luz Manuel del Palacio, a pesar de que su de aquellos jóvenes viejos. Y como fantapor primera vez. inteligencia brillaba como en sus mejores sías, tan fecundas trabajaban en sus confidías, experimentaba y a más que el cansanD i g o que no volvió a actuar públicamendenciales sesiones cor absoluta libertad, eran cio físico, el desmayo moral, que es patrite porque así resulta de mis apuntes, que sus sátiras y chistes, unos ipor lo punzantes monio, de todos los que han vivido mucho he procurado que nunca se separen de la y otros por lo picarescos, de tal naturaleza y han tenido ocasión de contemplar tocias realidad, y de mis informaciones, que fueque sería audacia imperdonable repetirlos ías fases de la existencia, alguna de, las cuar o n y serán siempre recogidas con el esen letras le molde. les engendran el desaliento y el hastío precrúpulo más exigente. Pero no quiero afircisamente cuando son más necesarios y conLos últimos frutos de la musa graciosímarlo de una manera rotunda por miedo a soladores al optimismo y la confianza. sima e intencionada de Manuel cid Palacio equivocarme. M i s relatos carecen de b r i se produjeron en el seno de aquella reunión llante de dicción y de bellezas de estilo, Por eso él, que siempre fué el primero íntima y cordial, sin que en u n solo instante pero, salen depurados hasta donde mis meen derramar su gracia cultísima y regocidecayera su prodigiosa e inagotaWe inspiradios lo consienten. jante cuando llegaba la hora del champagción, que íntegra, sin desalientos ni flaquene, aquel día estaba resuelto a ser mero esLos cuatro años que sobrevivió Manuel zas, se mantuvo hasta el día de su muerte. pectador. Había rogado en la intimidad que del Palacio a estos episodios fueron de reno le obligaran a decir nada, porque 110 se lativa pasividad. S i n embargo, alguna rara NATAT. TO R T V A S alcalde de M a d r i d D Alberto A g u i l e r a y las m á s destacadas personalidades del arte, de l a política y de las letras. Completaban el concurso numerosos amigos, e n t r e los cuales no tuve l a dicha de encontrarme por estar ausente de Madrid. P o r referencias ele algunos c o m e n s a l e s conocí cuanto allí ocurrió, que no consigno, no sólo porque, aparte l a intervención de Manuel del Palacio, lo demás no interesa a mis propósitos, sino porque fué publicado en la Prensa como nota saliente de actualidad. H u b o como es natural, discursos elocuentes, en los que se rindió justo y merecido homenaje ai obsequiado. M a n u e l d e l Palacio, cediendo a l deseo unánime de los concurrentes, i m p r o visó la siguiente estrofa vez escribió artículos literarios. N o olvido, entre ellos, u n o e n Los Lunes del Imparcial, el 8 de febrero de IQ 02, que reco-