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ABC. D O M I N G O 28 D E ción, para que cuando, llegue ia hora dé gobernar, el partido radical pueda contestar presente y marchar cada uno a su puesto, al puesto que corresponda a su capacidad. E n un párrafo lleno de emoción dice que agradece la presencia de muchas de las personas que han concurrido a este agasajo, y no por él, que no- la necesita, sino por su familia, por su mujer y por su hijo, que tantas veces le han visto en el madero de la calumnia. ra seréis dentro de unos instantes tan queridos como los otros, pero permitidme por; un momento que me dirija sólo a aquéllos. E l jefe radical, contestando a un interruptor que dice que los antiguos han sido los buenos, opina que alguna vez han sido los malos, pero precisamente para los que en momentos históricos volvieron la espalda al ideal, propone una amnistía. Y después de unas palabras llenas de cordialidad y comprensión, a ñ a d e Y a está hecho; fuera. de la disciplina del partido radical, no queda nadie que quiera volver a ella. N o tengo la vanidad de suponer que l a República es exclusivamente el triunfo nuestro. S i hubiéramos estado solos el 14 de abril no habría cambiado nada. Los que v i nieron con nosotros tenían el espíritu liberal 3 se les h a de recibir sin detenerse a examinar su- limpieza de sangre. republicana. Necesitamos de todos. Los postulados del partido radical, y no hablemos de oíros postulados que entran en el terreno de las utopías, nos moriremos sin verlos totalmente realizados, pero aun para los que podamos realizar necesitamos del concurso de todos. Dice que no quiere repetir manifestaciones que han podido oírse por radio hace ocho días, pero, de todos modos, ha de insistir ea alguno de los puntos trazados en su conferencia anterior. Habla el ser L e r r o u x lo E l partido ya nc taba k fal- ovación y calurosos vivas saUna Sr. Lerroux, cuando éste se pone gr ludan en r! i n o r a s y señores, amigos nuevos y co. cligionarios ele la vieja guardia republicana- -comienza diciendo el Sr. L e r r o u x- Tendré a maravilla que pueda dirigiros la palabra de un modo ordenado por la emoción, y la fatiga física de que podéis daros cuenta, no sólo por la labor que vengo realizando, sino porque la realizo en la cumbre de unos, años, de cuyo número no quiero acordarme. E s Barcelona la ciudad a la que debo mis mayores éxitos y mis mayores fracasos, y donde lie soñado muchos días, sufriendo a veces persecuciones e injusticias, en que llegara un día como éste en que contase con la colaboración y la simpatía de las m á s d i verjas clases sociales, y de representaciones tan brillantes como las aquí reunidas. Y a voy dominando mi emoción, y ahora puedo deciros que doy por bien empleado tanto tiempo como perdí en esperaros, inútilmente. (Grandes y prolongados aplausos. También está entre vosotros el pueblo, haciendo un sacrificio y para demostrares que puede convivir con vosotros. L o que me faltaba ya está a q u í la intelectualidad, las representaciones del comercio y de la i n dustria, todo lo que en el curso de los años ha servido para hacer a los pueblos mejores y todo lo que será necesario defender. (M u chos aplausos. Pero si hemos de sellar las bases de una perdurable, amistad es necesario que seamos sinceros. No tengo nada que rectificar de mi programa. Allá con su conciencia los que se entretienen en rebuscar en mis artículos conceptos o afirmaciones que ahora me echan en cara. Y o no traigo aquí un traidor de sí mismo. Pero yo debo recordaros que el mismo Jesucristo, cuando hablaba a los pescadores que le seguían, les hablaba en parábolas y estas parábolas necesitaban ser luego interpretadas. N a d a tengo que rectificar, ni siquiera lo escrito en esos artículos que ahora se me echan en cara. Quien quiera discutirlos en su aspecto doctrinal puede hacerlo conmigo y quien quiera conocer su simbolismo no necesitará seguramente discutir. La República no es el triunfo nuestro exclusivamente Dejadme conversar un momentos- continúa diciendo el Sr. Lerroux- -con los amigos de siempre; los que habéis venido aho- o i a p r e aste n n n ú m e r o e s t a r e v i s t a ju. c l i a de asmen- tacto e n m á s d e l d o b l e e l n f i m e r o S o sas p á g i n a s s i n a u m e n t a r el p r e c i o q u e p l a r e n tocia contin ú a s i e n d o traa p e s e t a e j e m España. La República ha de respetar todas las creencias Heva con c a d a e j e m p l a r u n n ú m e r o separable y enraiac í e m a b l c de G E K T E E M E K C P A e í semanario predil e c t o t í o los n i ñ o s es e l m e j o r e l e m e n t o p a r a f o r m a r tina selecta biblioteca í iV. r. Una n o v e l a c í e 300 p á g i n a s en cuatro n ú m e r o s Trece novelas a l a ñ o t -ñ l a es p a r a las s e ñ o r a s e l m e j o r consejero del arte do vestir b i e n fia a d o r n a r l a c a s a y p r e p a r a r p i s t o s selectos. El fruto de una siembra durante muchos años Cuando vosotros venís hacia mí, es que sois el fruto de l a siembra que con los amigos que me acompañaban por el desierto de Ta política española hice yo hace muchos años. N o hay semilla buena que se pierda, si se siembra con paciencia y se espera con fe. L o que E s p a ñ a necesita, lo que necesitáis vosotros es un radicalismo humano que se ponga en práctica a medida qué sea posible porque otros ideales utópicos son obra perturbadora. E s preciso hacerse cargo de que venimos de mñ. lucha de cincuenta años, con un concepto de la vida política que ha tenido que cambiar el día que triunfaron nuestros ideales. Por eso hemos de cambiar aquella mentalidad revolucionaria de acción en una mentalidad revolucionaria constructiva, dentro de la cual irán limándose las d i ferencias que nos separan, hasta lograr que todos los hombres podamos llamarnos hermanos. Dedica un cariñoso recuerdo a los que l u charon con él- -Giner de los Ríos, Salillas y otros- -y dice que, aun cuando no hubieran desaparecido, ellos sabían que no eran bastante para solos llegar a una organización del Estado. P o r eso les abrimos los brazos a todos los que nos han ofrecido su colabora- es i n s u p e r a b l e c o m o c r ó n i c a do toros, d e p o r t e s t e a t r o s y cin ornalogra f í a es h o y l a r e v i s t a a tocios. IÍS, q u e b a s c a n los a f i c i o n a dos a v i a j e s y a v e n t u r a s l a jue l e e n c o n m á s g u s t o los que s i e n t e n a f i c i ó n h a c i a las c a c e r í a s extraordinarias, í a p r e d i l e c t a cío los q u e se i n t e r e s a n p o r las d i v u l g a c i o n e s científicas de los grandes p r o g r e s o s cfel Ingenio livinsano. E n nuestro partido caben los hombres de todas las religiones, de todas las filosofías y de todas las clases sociales. E n la convivencia los hombres aprenden a estimarse, y por otra parte, pensar de otro modo es desconocer l a Llistoria, que nos enseña que han llegado a poder convivir en E s p a ñ a durante la dominación árabe los musulmanes y los judíos. L a v i r t u d primordial de todos los que se emanciparon de todas las disciplinas religiosas es la tolerancia, y no puede olvidarse la aportación que a la civilización hicieron algunas de estas Instituciones, aunque luego se hayan prostituido a! ponerse al servicio de las organizaciones políticas. H a y que reconocer que ellas han imoreso una gran cantidad de amor y de dulzura en la vida de los hombres; esa obra no se puede negar. Debernos inclinarnos delante de l a realidad. Mantengamos cada cual nuestras creencias religio sas, pero respetemos las demás. Las mías, ya las sabéis, mas nunca he hecho escarnio de n i n g ú n símbolo, de ninguna creencia religiosa. S i alguien recuerda que yo lo hiciese, que venga a decirlo; yo no lo recuerdo. Entendedlo bien: la República no es una iglesia, pero ha de respetar a todas las creencias. Nos hemos dado una ley, una Constitución. L o hecho hay que respetarlo, pero, entendedlo, ni un paso más allá, y ni un paso m á s acá, sobre todo cuando la Constitución da normas para rectificar- lo que sea necesario cuando la conciencia del país diga que no están exactamente interpretados sus preceptos. Estoy dispuesto a someter el terrorismo, si gobierno Y o digo a las extremas izquierdas y a las extremas derechas, que las ideas no delinquen, pero cuando se trate de rebeldías o de violencias no se cuente con la piedad si yo estoy en el Gobierno, nada más que cuando la clemencia no perjudique al bien público. H o y soy el mismo que un día se levantó en el Congreso a señalar a los que representaban el terrorismo barcelonés, y el que volverá a levantarse si no soy Gobierno, para España-
 // Cambio Nodo4-Sevilla