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DIARIO ILUSTRA VI G E- DIARIO DO. ILUSTRAVI G E DO. AÑO 10 C T S AÑO S 1 M O C T A V O NUMERO SIMOCTAVO 10 C T S HUMERO F U N D A D O E L i D E JUNIO D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A bre tan digno como el Sr. Iglesias, obligado a desautorizarse a sí mismo, y en tal forma coaccionado, que incluso me escribe con una frialdad desconocida entre nosotros dos. L o ¡Buen viaje, capitán! que sí he de subrayar es lo de no llevarme a América en su barco. ¿N o recuerda que Hace algunos días, y previa cita, almorzaesto precisamente era el mayor sacrificio por mos juntos el capitán Iglesias y yo. Nadie lo que a mí respecta? Salgo en julio para nos acompañaba ni por mi parte había en el Plata, regresaré en octubre. Dios meese momento otro propósito que el de hadiante, y en seguida habría habido que emblar un rato, con el ilustre aviador; lo quese dice cambiar impresiones. Pero a lo mejor barcar para el Amazonas, esfuerzo romántico, ya que sólo el compañerismo y la disde la plática, y sin que entonces n i ante; ciplina lo inspiraban. ¿N o sería más cómonunca, hubiese yo ni siquiera aludido a ello, do aguardar a los expedicionarios en el B r a el capitán descubrió su idea, pues él sí que sil? N o no pretendo ahorrarme un pasaje. la tenía al convocarme para el susodicho alJamás lo solicité del ministerio de Instrucmuerzo. D i j o estas generosas y para mí i n ción pública, donde los suelen recoger los olvidables palabras: conferenciantes de la Junta de Ampliación- -S i hay un español que deba ir en mi de Estudios, filial del Centro de Estudios barco, ése es usted, y desde ahora le ofrezHistóricos. co una plaza a bordo... Aunque sorprendido, contesté en el acto: L a carta, en verdad, parece jesuítica, se- ¡Quedo enrolado! gún el burdo concepto popular del jesuitisDespués, y demostrándome así que su mo: ...como se me ha hecho saber... T a oferta no obedecía a inspiración circunsles palabras requieren el fondo imaginario tancial, cosa, por lo demás, ajena al temde una celda secreta, y allí unos misterio peramento suyo, grave y reflexivo, añadió sos y afilados personajes, que, la mirada quien ya era mi, jefe: con un ardor frío y sin apenas mover los- -U s t e d nos acompañará hasta que nos labios, dictan sentencias terribles. ¡Cuidado establezcamos en l a selva virgen, porque si al final salimos, con que se expulsó a Jede sobra comprendo que no puede interesús, pero no a la Compañía! sarle permanecer dos o tres años de especY a lo mejor, la que nos haya quedado tador de nuestro trabajo, el de los geólogos, obra de acuerdo con l a soviética, que tamnaturalistas, etc. y, en cambio, a nosotros bién me distingue con su atención. Tengo el nos Conviene que vaya usted por el mundo honor de haber merecido las iras del propio con sus Charlas acerca de la exploración Litvinoff. Quizá algún día explique este española del Amazonas... saínete para llorar. Comenzamos en seguida a proyectar con E n fin, no voy al Amazonas a causa de todo entusiasmo, no ocultando yo mi satisunos compromisos de Prensa. ¿Contratos? facción. H e ahí, por fin, la oportunidad de E s lícito negociar en vrb asunto de carácaceptar algo de carácter oficial, nexo con el ter nacional? ¿Privilegios? Serían de una Estado fuera de mis usos, y D Alejandro franca inmoralidad. Aguardemos. Y vaya L e r r o u x sabría dar fe de m i resistencia en caen tanto el asombro de que, deseándose la sos parecidos. E n suma: se dio la noticia al divulgación del magnífico viaje, se rechace, público, v de un modo t a n efusivo ha resluego de haberla solicitado, por modesta que pondido este, que ahora no tengo derecho a sea, una ayuda, para colmo, desinteresadíreservarme el desenlace de la cuestión. N o sima. costante la humildad de mi persona, el asunN o importa. Sabido es que esta primaveto desborda de lo privado e íntimo. ra, debo hacer la ruta de D o n Quijote. Allá Confieso, dicho sea entre paréntesis, que en mayo, un día, a la del alba, escaparé de rio acababa yo de explicarme la elección en un lugar manchego, sin detenerme hasta esa m i favor, tatito más cuanto que no ignoro América a la cual no puede conducirme el los escrúpulos con que se procede en lo rebarco del ínclito y querido Iglesias. E n esa lativo a la expedición que nos ocupa. Ahí América, la gente, con una tenacidad y una está nada menes que el maestro Menéndez abundancia conmovedoras, acude a oír las Pídal, quien, 1: 0 hallando capacidad superior Charlas de seguro por delicadeza y coma la de i m determinado salesiano para el pasión, al verme solitario, desamparado, en estudio filológico de las tribus, vacila en emcontraste con los intelectuales gratos a la barcarle, temeroso de que en la actualidad oligarquía peninsular. N o he de detenerme no resulte grata su religiosa condición. S i hasta América, y allí, con el impulso quijoasí piensa el insigne D. Ramón Menéndez tesco, mi capitán, no haré sino alabar y d i Pidal, nada tendría de extraño que un jabalí fundir sus hazañas, de que todos los espaobligase a mi ex capitán a cambiar de ñoles debemos sentirnos orgullosos. Pero nombre. observe usted que Don Quijote anduvo por la Mancha hace unos siglos y que el A m a M i ex capitán. E n efecto, ha dejado de zonas e: a la otra banda del mar. Sólo le serlo iglesias, y no por mi culpa. Recibo restan compromisos a nuestra España, hoy una carta con el membrete: Centro de E s ya sin los que fueron su tiempo y su espacio. tudios Históricos E n ella se me participa FEDERICO GARCÍA S A N C H I Z que no. figuraré en la expedición al Amazonas por impedirlo- -escribe quien me i n vitó de la manera más espontánea- -compromisos de Prensa adquiridos anjeriormente, que creí compatibles con su incorpo- ación, El público debe leer diariamente y qué en realidad no me permiten cnroV. rlc en el barco, ni aún para e l viaje a Amírija, nuestra sección de anuncios por como se me ha hecho saber al conocer por los periódicos la posibilidad de que usted palabras clasificados en secciones. üps. acompañase En ellos encontrará constantemenDe todos triodos, agradecido al buen deseo inicial. Y no voy a abusa: de la difícil te asuntos que p u e d rjaánt ere sari e. alia un homsiruación en sin duda. BOLSÍN LA LEGISLACIÓN DE LA FELICIDAD ¿Qué opinión tiene usted sobre el divorcio? ¿E s usted partidario del divorcio... Estas preguntas, en los muchos años de estar escribiendo para el público, se las habrán hecho a uno doscientas veces. Y o nunca he sabido contestar a punto fijo, porque ésa es una cuestión para mí completamente ajena. Del divorcio pueden hablar con razón aquellos que consideran el matrimonio como un contrato P o r ejemplo: la aristocracia, la burguesía adinerada y los labra, dores o granjeros. Todas estas personas calculan las ventajas económicas y bic. ógicas de la unión matrimonial, que llega a convertirse así, en la mejor acepción de la palabra, en un negocio, un trato, un contrato. Negocio o contrato que puede salir mediano, menos malo o francamente pésimo. Pero yo entiendo el matrimonio a la antigua manera liberal; es decir, como un resultado del amor. Cuando yo he solido enamorarme he dicho como los. eternos amadores de las novelas: T e querré hasta la muerte Por tanto, quien pone por delante esta franca proclamación de entrega totalista y de fervor eterno (hasta la muerte) es claro que no tiene derecho a buscar después la ayuda de un funcionario cualquiera para cobardes rectificaciones. Y a sé que ésta es una manera un poco libre, un poco demasiado personal de, pensar, sobre una cosa tan seria como el matrimonio. Pero aún llego más lejos en mi especie de arbitrariedad cuando opino, por ejemplo, que ni el amor ni el matrimonio deben considerarse como, un medio seguro para proporcionar la dicha a todo el mundo; es decir, que en el amor y el. matrimonio no cabe la teoría democrática de la felicidad para todos, sino la contraria, la ley aristocrática que exige que sólo unos pocos sean los escogidos. Y estamos precisamente en unos tiempos de tal entusiasmo igualitario, de tal fervor totalista, que no basta que se pretenda equiparar en una urna común todos los votos de los ciudadanos, el de Cajal y el de mi honrado carbonero, el del varón sesudo y el del barbilampiño mozalbete, sino que se aspira a repartir la felicidad moral y sentimental por simple decreto. Desde mañana, mediante la ley del divorcio, todos los españoles que contraigan nupcias serán igualmente felices. A l g o así es lo que se desprende de las acaloradas expansiones de los legisladores divorcíanos. Y en momento semejante se le ocurre a uno sostener que en el mundo científico, en Biología, en Psicología, en la realidad de la vida circundante, la igualdad es lo menos existente; do que existe de veras es la eterna ley de la aristocracia. E s decir, que lo tota! y lo logrado es siempre la excepción. Y. en el matrimonio (como en todo juego de amor) esa ley se cumple con mayor rigor todavía. E l matrimonio es una tentativa de felicidad que arrostran los hombres la más perfeccionada tentativa desde e! principio de la c i vilización) y bien s sabe que unos pocos únicamente logran el propósito; los demás, el resto innumerable, vienen sufriendo su fracaso desde el principie de la civilización. S i ahora usted, señora, Ljjie la implantación del divorcio recer los obstáculos que conven