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PANTALLA ¡MÜNDIAl PIRUETAS DECADENTES U n a peb cuia de C o c t e a u Después de A r. oy. s la liberté, el film de Rene O a i r tan dinámico, tan luminoso, henos aquí en el ambiente enrarecido, onaco y artificioso de una producción de lean Cocteau, La sangre del poeta, que apenas- puede llamarse película. E n una conferencia dada en la sala donde se proyecta esta cinta, Cocteau ha explicada su pensamiento y su técnica. Estos aún parecen aceptables a través de l a retórica; pero reflejados en la pantalla resultan deplorablemente ficticios, amanerados, disecados por la premeditación. Mental Jad del s i glo x i x hombre voluntariamente ignorante del alma moderna, que se dice él mismo retirado del mundo Cocteau no puede aportar al cinc elementos vítales. Habiendo pretendido crear- algo fuera del Tiempo, inaccesible a los desgastes de la Moda, sólo ha conseguido desempolvar un maniquí de época. U n maniquí recién subido a la buhardi- Una nueva princesa de Cinelandia. Ben Lyon y Bebe Daniels, con su hijita Bárbara, que acaba de ser bautizada en Hollywood, ante un numeroso grupo formado por figuras de la. pantalla y ad miradores de los felices papá y mamá Lyon. (Foto Vidala) lia, sin l a grandeza de lo antiguo ni la asadía de lo futuro. De una época precisamente anticuada. Con sus enormes posibilidades de sugestión, el cinematógrafo necesita de. un cierto margen para su desenvolvimiento. Necesita amplitud humana, un valor universal suficiente para que cad: i cual pueda adaptar a él su valor subjetivo; el soñador como el hombre, de acci- ín. Que de las misteriosas correspondencias que. surgen de l a imagen no rniiTTi- irainr! T -n- r,
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