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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SI M O C T A V O 10 CTS. Ü Á Í E R O DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SI M O C T A V O ÍOCTS. NUMERO F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A M A C 1 A ESTÁ D E N T R O Y O- ¿Q U É S OY? Estas palabras jactanciosas, que han pasado sin sanción alguna, me han recordado otras de un conterráneo del que las pronunció. ¿P o r qué ley nuestra memoria tiende a asociar cosas dispares? Será éste uno de tantos misterios de. la Naturaleza; pero es el ca D- que al leer en la Prensa el reto altivo del presidente de la Generalidad se dio plenamente en mi espíritu. E n él, en efecto, a la figura de Maciá se unió otra tan desemejante por su cxcelsitud, qué Ja aproximación avergonzaba como un secreto pecado. Y con sólo pronunciar su nombre bastará para explicarse el fenómeno psicológico. L a figura que mi memoria evo- có- fué ¡a de Balmes. E l gran filósofo católico, español y catalán tiene en su filosofía fundamental Un i n genioso pasaje, en que porie de relieve la absurdidad de ¡a doctrina sensualista de Condillac. Cuando éste imagina despertar en su famosa estatua las ideas correspondientes á las sensaciones que el filósofo heterodoxo va imputando a su criatura, P alnies, atento a la superchería, llama a la realidad a sus lectores con estas agudas palabras: N o es la estatua la que habla: es Condillac. que está dentro Balines, como los genios, se anticipó a. los acontecimientos que habían de desarrollarse en la región profundamente española en que- él vio la luz. E n esas palabras nos dejó hecha la replica a los sicofantes del desfundamentado nacionalismo catalán. N o es Cataluña la que habla: es Maciá, que está dentro Porque de todos es sabido que eso que Maciá llama la voluntad de Cataluña es la m á s grande farsa que en el mundo pudiera forjarse; urdida por él, con torpezas de obstinado c impudicias de trufjildíu. ¡Hablarnos a estas horas de la voluntad de Cataluña, cuando el tinglado ha sido desmontado pieza a pieza, y hoy sabernos cc n certeza absoluta que el Estatuto n i a u n f u é votado por catalanes, sino p o r e l aluvión de gen- tes e x t r a ñ a s a Cataluña que Maciá- -el gran catalán- -reunió en tbi no suyo, bajo ia incitación incalificable, por escandalosa, del do nt des! ¡H a b l a r n o s de la voluntad de Cataluña, como si Cataluña hubiese, nacido aycr y careciese de una historia que Mae á y; MIS secuaces no pueden ni allcrn r ni stvbstifiuj un concepto erróneo de poder y sugerencias casi. siempre atinadas y no siempre aprovechables, por causas imponderables que gobiernan la Prensa. L a correspondencia suele trocarse en visita cuando se quiere conocer al periodista o se trata de asuntos de cierta importancia para el visitador. Nos han pasado una tarjeta. E r a un hombre de mediana edad) mediana estatura y medianas carnes. -Un hombre como hay muchos. -Y o deseo que usted me oriente en política- -no. s dijo. ¿Yo? -Usted. Delante de nuestras disculpas, demuestro discurso para convencerle de que había equivocado la consulta, sonreía. -Ustedes, los periodistas, son los m á s enterados, no de lo que dicen los periódicos, q u e d e e s o y a me entero yo, sino de lo que no dicen. P o r eso acudo a usted. -Bueno, vamos a ver. ¿Usted es de la derecha o de la izquierda? -N o lo sé- -replica confuso- -ni me importa- mucho. Esto es lo que quiero aclarar con usted. Y o soy un hombre que trabajaba c u a n d o- h a b í a Monarquía y que. trabaja ahora que ha República. Nunca actué en política, en eso que se llama política, pero yo creía que con trabajar cada uno en su profesión, con estar cada uno en su. sitio, ya se actúa. ¿O no? De lo mucho que leo confusamente me parece deducir que no es bastante. Ese constante llamamiento y ese culparnos de cuanto acontece me ha decidido a lo que llaman actuar. Oí a Lcrroux, me pareció bien; no rectificaba su ideario, pero lo condicionaba a la oportunidad. L a oportunidad me ha parecido siempre el mejor prograroa; político. L o inoportuno, por admirable que sea, es perturbador. N o sirve. H a y que- desecharlo o apartarlo. Decidido a actuar. con L e r r o ü x leo que P r i e to censura- aí: jefe radical que se lleve a los comerciantes, a los. hombres de negocios, a los industriales... es decir, a los que son, como yo, trabajadores y nada más que trabajadores. Y entonces, por no disgustar a Prieto, que es muy amigo mío, y que sabe más que yo de estas cosas, pienso- hacerme socialista. Prieto v yo hemos coincidido en nuestra crítica a la Dictadura. Cuando haPero si M a c i á n o se considera obligado biabamos, de la Dictadura nos despedíamos a aceptar otra cosa que la voluntad de C a- febriles, y i t d í a siguiente no nos veíamos. Estábamos enfermos los dos. Y aquí me tietaluña, ¿por qué en vez de tomar iniciatine usted que cuando me decido por el sociavas no se aparta? ¿P o r qué en lugar de lismo leo que Jiménez A s ú a elogia la D i c conducir no sigue? ¿P o r qué, en fin, tiene voluntad? tadura, lo que. líos, ponía enfermos a Prieto ¿P o r q u é -Por -la misma razón que y a mí. Yí añátle que lo que no le agradaba Jiménez A s ú a hostigó a P r i n í o de Rivera. ¡era la persona del dictador. M e he vuelto L a frase es de las que pasarán a las anto- -á- p o n e r enfermo, y supongo que a Prieto logias de la Libertad y del Derecho (a n i- le ¡h a b r á ocurrido igual. Esto lo dice un mos con mayúscula) aunque fio la recojan significado catedrático de Derecho que es ni Bujcda ni P e ñ n l v a No ¡me parecía, innl -socialista. Y después de habernos hecho adla Dictadura, sino. la persona del dictador mitir, aprendei; emplear y pronunciar la pa Poco más o menos, Cataluña y lá Liberlabra juridicidad Que cuesta trabajo. están del mismo modo en los labios Y esto es lo que quiero consultarle. Desde Maciá y de Jiménez Asúa, respectiva- pues de tód, o esto, yo, ¿qué soy? mente. G. C O R R O C H A N O LVICTOR P R A D E R A V No me considero obligado a Lerroux, Prieto, Jiménez Asúa... aceptar las consecuencias: del pacto de San Sebastián la resolu- L a correspondencia del periodista suele ción de las Cortes, sino la. volunser copiosa y algunas veces bastante extratad de Cataluña. Maciá. ña. Oscila entre solicitudes que envuelven táis E l divorcio no resuelve nada. (Frase corriente. E n períodos. de transición de un régimen a otro, casi nadie- se, produce moderadamente. A los fariseísmos de. un bando- opo- ne la facción rival las hipocresías oportunas. Y entre. los unos y los. otros crean un ámbie, nte de- insinceridad irrespirable para toda persona que ¡quiere permanecer ajena a las peripecias del debate: ¿Q u é no se h a b r á dicho y escrito en; estos últimos tiempos en ro y en contra- del divorcio? P a r a sus partidarios, la ruptura del vínculo viene a ser como el retorno al paraíso terrenal. T a n felices se las prometen con la libertad reconquistada. P a r a los adversarios de la disolución, ésta equivale a pisar el umbral del infierno. Sesudos escritores, -que promiscúan todas las mieles de la vida con los inofensivos ascetismos verbales, nos lo aseguran. Y la verdad, al espectador de esas disputas le ocurre lo que al asno de B u r i dán, que no sabía a qué pienso quedarse. Pero, en fin, procuremos orientarnos por una. vía de salud, que, sin perder de vista lo d i vino, nos mantenga dentro de lo humano. ¿Q u é debemos pensar del divorcio? L o mis- 1110 que opina el moralista: que habiendohijos, no sólo no resuelve nada, sino que agrava el conflicto conyugal, extendiendo sobre la prole inocente las consecuencias de; errores y de egoísmos execrables. Pero ¿y, si no hay prole? ¿D e b e n soportarse de por vida dos seres que no sólo dejaron de amarse, sino que se odian o se desprecian por motivos justificados? ¿P o r qué y para qué? ¿Tiene nadie derecho, fuera ds los interesados, para medir y pesar las causas que los separan? Decía un moralista del siglo XVIII que si existen matrimonios agradables él no conocía ninguno que fuera delicioso. Aquel pensador pecaba por, exceso de pesimismo. Su misoginia senil no! e dejaba ver las. cosas con claridad. H a y matrimonios felices. Y o los veo a diario por la generosa deferencia de amigos que me abren sus hogares y me hacen sentir con respeto y sin envidia el resplandor de su ventura. Pero hay también ma. trimonios que, concertados temerariamente por los caprichos de la materia, sin la garantía de una recíproca efusión sentimental, no tardan en degenerar, extintos los entusiasmos primeros, en una convivencia m á s fértil en desilusiones que en placeres. S i la pareja ha tenido la fortuna de reproducir- se, enhorabuena, porque entonces un nuevo sentimiento puede servir de paliativo a los frecuentes desagrados de la vida en común. Pero ¿y si el- matrimonio es estéril? i V si los esposos, desmoralizados por las querellas y los hastíos, que sobrevienen al desamor, acaban no estando de acuerdo m á s que cuando bostezan? N i n g ú n hombre y ninguna mujer, nadie, ha, -ido deliberadamente a esa situación de paz armada eti que viven no pocas parejas que afrontaron lo desconocido. del porvenir conyugal con no ¡escasa provisión de ilusiones. E l derecho a l a soledad en esos casos es sagrado, aunque no cr- té- escrito en ninguna- Constitución, y m á s si el que lo invoca lia: sido un alquimista sentimental, de los muchos que andan por esos mundos, empeñados en extraer oro- del lodo. E n el Paraíso Adán y E v a estaban junto ñero al- principio no tenían n á d a q u e v e r el uno con el otro... S E A M O S H U M A N OS MANUEL ¡BUENO
 // Cambio Nodo4-Sevilla