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EL DUCADO DE Rí Á N S A R E S ODOS los que, con más o menos extensiórjj han estudiado la historia contemporánea de España saben que l a R e i na María Cristina de Borbon, gobernadoi a del reino a la muerte de Fernando V I I contrajo segundas nupcias, er fin de diciembre de 1833, con D Agustín F e r nando Muñoz, manteniendo secreto su matrimonio durante el tiempo que ejerció la regencia, porque así lo exigían ineludibles razones de Estado. Terminado su mandato, antes de cumplir su vida legal, con motivo de los acontecimientos ocurridos en el año de 1840, marchó a i extranjero, no volviendo a pisar tierra española hasta el 4 de abril de 1844. en que ya había sido declarada mayor de edad su hija l a Reirsa dona Isabel I I E l genera Narváez, aunque no presidía el Gobierno, era y a de hecho el jefe de las fuerzas Conservadoras que en él estaban representadas, y considerando que había de ser complicada su labor política alrededor de una Reina de trece años de edad había celebrado er París algunas conferencias con doña María Cristina y su esposo, aconsejándoles su regreso para que fueran mentores de l a Soberana, evitando el semillero de l a mentables conflictos que había de ocasionar su absoluta ignorancia de los altos deberes que estaba llamada a cumplir. P a r a ello se acordó que el Ministerio, algunos diputados y senadores, y las Corporaciones que estuvieran propicias a secundarlos, enviaran á l a R e i n a madre respetuosas solicitudes, rogándole que renunciara a su voluntario destierro. Así se hizo, y el 4 de abril, precisamente era la tarde que recibía sepultura el cadáver del gran patricio D Agustín A r guelles, entraba en la corte la que fué Reina gobernadora. F i j a d a que fué su residencia en M a d r i d decidió normalizar su anómalo y difícil es tado familiar, presentándose publicamente como legítima esposa de Muñoz. Este, apars T DON AGUSTÍN F E R N A N D E Z MUÑOZ, D U Q U E D E RIANSARES D O N A MARÍA C R I S T I N A D E BORBO Jí, R E I N A GOBERNADORA te el honor a que lo había elevado enlace tan desigual, no podía ostentar ningún otro que afectara singularmente a sü persona, salvo e l q u e es patrimonio de todos los caballeros. I ara llenar esto vacío, María Cristina, dos meses antes de emprender su- viaje, había resuelto conseguir que le fuera otorgada la merced de un título de nobleza, acompañado de l a grandeza de España. D e ese modo quedaba colocado su marido en la jerarquía social más cercana de l a realeza. E r a en aquella sazón presidente del Consejo de ministros don L u i s González B r a v o ascendido al Poder con motivo de la exoneración de D Salustiano Ólózaga, en edad tan temprana que ni antes n i después se ha dado caso que le iguale. L a cartera de G r a cia y Justicia l a desempeñaba el insigne jurisconsulto D L u i s Mayans. Escrúpulos que quedan explicados con enunciar el nombre de. l a persona que presidía el Gobierno, vedaban a la antigua regente solicitar personalmente la gracia apetecida. P a r a salvar esta dificultad confió, en los primeros días de febrero, al gran orador D Juan Donoso Cortés, que, a pesar de su mocedad, gozaba de singulares respetos, el encargo de pedir a Mayans, para que éste lo hiciese presente a sus compañeros de Ministerio, la concesión deseada. Fué Donoso a ver al ministro en la mañana del 12 de febrero,
 // Cambio Nodo4-Sevilla