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VEINTICUATRO IMPACTOS DE HUMOR Y TURISMO EL PARÍS QUE AHORA E aquí q u e u n nuevo p a l e t o lia descubierto P a r í s, y s e considera obligado a disparar sus impresiones y sus asombros tardíos. E s curioso, pero es a s í los pueblos se adivinan mejor de fuera a dentro; como l a s personas. Conócete a ti mismo parece que ordena Tales de M i leto. O peor d i c h o Nocce ií tpsvm; peor, porque él ra griego. Y para que París piieda conocerse, el turista le descubre y ha de decirle cómo es... i -t a torre Eiffel y el Museo de Grévin son las dos preocupaciones del verdadero paleto, que tiene que llegar dispuesto a dec i r que no le gustan; que l a torre es horrible... que las figuras de cera son ingenuas. Verdaderamente no cuesta demasiado trabajo convencerse d e las dos cosas; pero, i si vierais qué p acer niño se siente confundiendo los turistas de veras con las dos o tres figuras que hacen de t u r i s t a s Purifica el a ma, como echar migas a los pajaritos. ¡Q u é risas provincianas entonces, en el centro de París, en el centro de Francia, de Europa, del m u n d o P o r cuanto a la torre... sí, es fea; pero sin ella, París no sería más que u n gran Municipio. E i f f e l agitó el brazo en l o alto, y d i j o ¡E h extranjeros: que es a q u í! P o r Jo demás, todo el mundo la admira. P a r a los niños es un gran juguete, es un modelo de meccano: para los estudiantes, es una lección trazada en la p i z a r r a para los mayores... les cogió en otro tiempo la edad de admirarla, y ya es tarde para conseguir que la pongan gestos de desagrado. E L A R C O 1 K T R I U N F O D E L A E S T R E L L A S i n embargo, debieran haberla resuelto como un matasuegras- -igual que esos que se abren en zigzag, que a veces tienen en el extremo una cabeza de t o r o- y que sólo brincara a la señal de la moneda t u rística, aunque le diera un susto al Sol. P e r o estar todo el día adivinándola, entre la neblina de l a gran urbe, ya resulta un poco exagerado. 2. -L a lengua francesa- -es posible que suceda con todas, más o menos- -resulta algo así como esos cierres de cremallera. Cada palabra está c l a r a cada piececita de metal es sencilla. Pero se enganchan unas palabras con las siguientes, y para el paleto queda tan hermético como el curioso cierre. 3. -Y o he visto en el Lóuvre una tnonjita de las que en la cabeza llevan la toca ¡K L SKNA! VÍEXF. J) K L A C A M P I Ñ A Y SI VA LA CAMPIÑA en forma de aeroplano de flecha, que muy bien siluetada, con su paleta, lienzo, silla y caballete, estaba de copista... ¡O h París... Y unos muchachos jóvenes, dos o tres chicos fuertes, que iban a su iglesia- -no sé a cual, cualquiera entre tantos dogmas- con sus libros negros... ¡O h M a d r i d! ¿no adquirirás Ja lección de fe l i m pia de esos muchachos, ni la lección de respeto de los que con ellos se cruzaba: 4. -Había una mujer, muy puesta de sombrerete, leyendo el periódico apoyada en la columna de un foco. 5. -Y había Una enlutada, una viuda seguramente, con ¡a pena a! aire, montando un caballito del tío vivo, acaso, para o l vidar... 6. -1 Qué bellas perspectivas municipales! i Qué bien se le prepara al transeúnte el espectáculo... ¿E s tal vez, que se rematan las perspectivas con un gran edificio, o es que al edificio le ponen, delante su gran avenida... N o visitéis a la vuelta la ¡Catedral de Burgos, porque a nosotros nos costó, llorar la impotencia del punto de vista. H a y que colarse dentro; no hay más remedio. H a y que ser el turista de! interior, con toda la tristeza de la penumbra. 7. -P o c a s obras nuevas. E l extranjero reincidente de l a capital francesa apenas puede marcar el grado de su superioridad con esa frase clásica: L a última vez que yo vine aún. no estaba terminado ésto París se ha detenido un poco en el magnífico siglo de París, como los moros descansan sobre sus siglos pasados. París está dando ya una bella pátina de tiempo a su reciente época gloriosa. L a ciudad, t e asoma de cuando en cuando, como ios que no tienen trabajo, a ver esas pescadores urbanos del Sena, que llevan hongo, gabán, caña y anzuelo. 8. ¡K l S e n a ¡Viene de la campiña... se va a la campiña! C r u z a París en silencio, y sin contagio, como camina un colegio de tímido? seminarista