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UN DI V O R C I O 0 R PAUL BOURGET (De la Academia Francesa. CONTINUACIÓN) nor. Estoy seguro de que usted y su cliente las ignoran, pero si usted quiere que le informe exactamente sobre l a mujer con quien mi hijastro pretende casarse... -M e es imposible seguir a usted en ese terreno- -interrumpió el notario- E l señor- Chambault JIO me ha dicho los motivos que tiene para consentir en el matrimonio de su hijo y no quiero saber los que puede tener la señora de D a r r á s para oponerse. E l padre es libre de revocar su autorización, y el hijo entonces no podrá casarse hasta dentro de dos años. Pero hagan ustedes que le hable otra persona. M i misión ha terminado. T e n d r é el honor, señora, de presentarme otra vez a usted en las condiciones que he dicho, y, para dejarle tiempo de reflexionar, no lo h a r é antes de ocho días... -L o tengo reflexionado- -dijo Gabriela a su vez. U n proyecto que acababa de surgir en su mente le había devuelto la energía para hablar. N o bien el notario se había mar chado, Gabriela, pálida y resuelta, dijo a su marido: -Pregunta si está dispuesto el coche; no hay que perder un minuto. E s preciso que vaya a ver al señor Chambault, que le hable y que le explique lo que pasa. Luciano le ha engañado. N o es posible que un padre, n i aun ése, quiera semejante casamiento para su hijo. No. sabe l a verdad- -N o no l a sabe- -respondió D a r r á s- yo también estoy se guro. Pero no eres t ú quien debe ir, sino yo. ¡T ú! -e x c l a m ó Gabriela, espantada. -S í yo. N o consiento que vuelvas a ver a ese hombre que tanto te ha hecho sufrir... N o te lo permito... L a mujer encontró en su acento la expresión imperiosa y dura que había notado el otro día. -Tengo derecho- -continuó D a r r á s- por mis doce años dfe abnegación por Luciano, de ir a defender su porvenir ante cualquiera. S i l a enfermedad ha devuelto al señor Chambault los sentimientos que acaban de decirnos, comprenderá por m i paso qué grave es la situación. E l único medio de romper el tal matrimonio es ése, y dentro de una hora el consentimiento est a r á revocado. Adiós, amiga m í a espera mi vuelta sin inquietud. E l peligro va a ser conjurado por dos años y sólo necesito dos o tres semanas para el proyecto de que te he hablado. Y a ves que si hay una fatalidad nos es favorable, puesto que hemos sido prevenidos a tiempo. S i ese notario no fuera un hombre escrupuloso, no hubiéramos sabido. cómo parar el golpe. N o lo dudes; ha sabido l a verdad y ha venido a indicarnos como ha podido el medio de hacer las cosas. -Puede ser que tengas razón- -dijo Gabriela. Y con la ternura y el abandono de otros tiempos, a ñ a d i ó ¡A h! Alberto mío, corre a salvarle... y perdóname... Aquella despedida de Gabriela había inundado el corazón de D a r r á s de una corriente tan fuerte y tan cálida, y el marido había visto en ella tal vuelta hacia él, que esa idea le sostuvo todo el tiempo que tardó en llegar desde l a calle del Luxemburgo a l a plaza de Francois I, donde habitaba Chambault. L a amargura de tal visita trocábase para él en dulzura exquisita por aquel grito de amor después de cuatro días de un horrible silencio. Aquel perdón que Gabriela le había pedido era la condenación de su locura y la señal de que había vuelto a entrar en l a verdad de su matrimonio. S i Alberto salía con bien de su paso actual, la crisis estaba conjurada, pues Gabriela vería en estos acontecimientos una intervención favorable del azar. Cuando la hubiera reconquistado, sería de su cuenta el no dejar que el fatal veneno dominase más a aquella sensibilidad delicada. Pero esa fiebre de esperanza cayó de golpe ante, la casa del primer marido. D a r r á s la testad paterna. L a ley fía marcado así claramente l a diferencia entre la disolución y la. anulación, con una reserva. E l legislador ha previsto el caso de que un padre indigno quisiera vengarse de haber sido privado de la potestad paterna negándose a una boda deseada por l a madre, y ha dispuesto que si hay disentimiento entre los padres divorciados baste el consentimiento de aquel en cuyo favor se ha pronunciado el divorcio. A s í pues, si la señora de D a r r á s consintiese y el señor Chambault no, l a opinión de l a señ o r a prevalecería... Siendo a l contrario prevalece la del padre... Acaso estimará usted que estas diversas partes de l a ley no concuerdan muy bien; pero ya sabe usted que las Asambleas donde se elaboran esas reformas del Código no se recluían entre las competencias... -L a ley es la ley, caballero, y estoy dispuesto a obedecrla- -respondió secamente D a r r á s y a ñ a d i ó- Supongo que ese preámbulo es para anunciarnos que el padre de Luciano ha dado su consentimiento... -E n efecto, caballero, he levantado el acta auténtica, en el domicilio de m i cliente, señor Chambault, haciendo constar que consiente en el matrimonio de su hijo con l a señorita doña Berta P. anat. Sólo queda que llenar una formalidad, que es hacer constar l a negativa de esta señora. Reglamentariamente debía haberme presentado aquí, con uno de mis colegas o dos testigos, a hacer a usted l a notificación. Pero este procedimiento, aun no teniendo nada de agresivo, puede resultar penoso, y he preferido dar un paso previo, animado para él por m i cliente. Usted ignora, sin duda, señora, que el señor Chambault está muy enfermo. L o s m é dicos temen una pulmonía complicada con una enfermedad del hígado. P a r a m í su fin está próximo. E s cuestión de semanas, y acaso de días. Cuando se está tan cerca de l a muerte se ven muchas cosas de un modo muy diferente. L a visita de su hijo y los sentimientos que le h a manifestado han conmovido al padre y le han hecho acceder a su demanda. Pero m i cliente no quisiera que su consentimiento fuese considerado por usted como tina nueva falta, ya que reconoce haberlas cometido muy grandes. M e parece que no oponiendo al consentimiento de un moribundo un veto que, después de todo, sería inútil, h a r á usted una obra de caridad. N o tengo derecho a invocar otros argumentos, pero me creo en el caso de desear para su hijo que no se le haga entrar en la vida conyugal con ese rozamiento, muy duro para un matrimonio joven; Este es todo el sentido de un paso que el señor D a r r á s tendrá la bondad de dispensarme... L a madre había escuchado todo ese discurso sin decir n i una palabra, mientras sus ojos, fijos en su marido, expresaban los sentimientos de su alma; el asombro cuando el notario afirmó la i n dependencia de su marido en el asunto; el terror al saber que su voluntad no era eficaz en contra de la del padre; el dolor por la ingratitud y l a falta de cariño de Luciano al apelar a su padre sabiendo su divorcio y sus causas; la sorpresa al saber l a grave enfermedad del miserable del que su juventud había sido víctima; l a indignación al ver que se atrevía a dirigirle un mensaje aun desde el lecho de muerte. H a b í a visto pasar emociones análogas por los ojos de D a r r á s pero la fisonomía de éste se había ensombrecido más cuando el notario habló del carácter indestructible que tenia en otro tiempo la familia y del modo incoherente con que se- hacen las leyes. Respondió, sin embargo, con l a voz tranquila del hombre que quiere llegar pronto a una conclusión positiva -N o tenemos por qué dispensar a usted, sino que darle las gracias. Estoy seguro de interpretar el pensamiento de l a señora de D a r r á s rogando a usted que diga a las dos personas que le envían que su negativa es y será siempre absoluta- -Gabriela hizo un signo de asentimiento- porque se funda en cuestiones de ho- e continuóla. Si
 // Cambio Nodo4-Sevilla