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A B C. M A R T E S 8 DE M A R Z O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 16. un plazo más o menos aproximado, los acontecimientos de que en momento oportuno, dimos puntual referencia: su mediatizado por Laval en las negociaciones internacionales, su salida del Quai d Orsay, su apartamiento de la política activa. La noticia de hoy ha podido sólo desconcertar a quienes no supieran que el inspira do bretón había angustiosamente renunciado, no ya al placer de su vida fisiológica e intelectual, sino hasta las características más elementales de su personalidad. Había perdido el don- -en él tan coloreado, tan suges- tivo, tan fascinante- -de la conversación. Me contaba una de las raras personalidades- -por cierto española, testigo privilegiado de la intimidad de Briand en sus años de triunfo y plenitud- -a quienes ha sido permitido franquear la quinta de Cocherel y el cuarto del segundo piso de la Avenida de Klevers, 2, ámbitos donde sucesivamente vivió susúltimos días el hombre de Locarno, que por cada minuto de lucidez mental tenía dos de somnolencia. Apagaba su verbo, antaño a un tiempo sutil, inflexivo y desbordando una propensión a la modorra que le obligaba a dar cabezadas y le impedía la enunciación cabal de sus ideas. E n cambio, el ex ministro Malvi esperaba que Briand, su gran amigo de siempre, regresaría de Cocherel animoso y restablecido. E l lunes 29 de febrero volvió el paciente a París y pudo subir por su propio pie hasta el segundo piso, donde habitaba en la Avenida de Klevers. ¿Sinceramente creyó, conforme dijo, que aquí podría convalecer para emprender un viaje por el mar? Briand, nacido en Nantes, tenía la pasión del Océano y de los puertos. Saboreaba los placeres del tabaco, de la pesca y del celibato como un viejo lobo marino. O más bien, ¿presintiendo su muerte buscó para escenario del tránsito final la urbe g i gantesca sobre cuyos ruidos multitudinosos se había alzado victoriosa su voz con la sugestión entre intuitiva y estudiada de un ciomador de serpientes? Lo cierto es que, a partir del viernes, el corazón comenzó a flaquear. Durante la noche última se advirtió la proximidad de un desenlace luctuoso. Su medico, el doctor Emery, se personó en la cabecera, pero su diagnóstico fué pesimista. Por la mañana adquirió unos momentos de lucidez el paciente, pero luego perdio totalmente el conocimiento. Sus últimas horas, hasta la una y media de la tarde, en que exhaló el postrer suspiro, fueron sólo el jadear de un corazón desvencijado. 1 que se necesitaba de él y particularmente diferentes puntos de la consulta y las bases en los momentos más difíciles, en ocasiones de la unión. Con este proyecto, el Sr. Briand alcanzó en que nadie más que él podía arreglar- -un alto prestigio internacional, al proponerse con su optimismo sonriente y campechano- -levantar a Europa ante el imperialismo eco- las situaciones que parecían inextrincables. nómico yanqui y la amenaza que representa Creemos, sin embargo, que para las gela creciente industrialización del Extremo neraciones venideras Briand. vivirá, sobre toOriente. do como ministro de Negocios Extranjeros, Orador, parlamentario y publicista. -El como colaborar noble y fiel de Stresemann Sr. Briand era, además, orador elocuente, en la labor de reconciliar a Francia con Aleparlamentario muy avezado y publicista dis- mania, y como iniciador- -con el conde tinguido. Es autor, entre otras obras, de Coudenhove- Kalergui- -del movimiento panLa separation des Eglises et de Etat (1905- europeo. L a muerte del, estadista alemán, iqoó) La separation, discurso pronunciado pocos meses después de haber estado con en la Cámara y en el Senado; L inventaira Briand en Madrid, en la reunión del Condes biens et des etablissemantes eclesiastiquessejo de la Sociedad de Naciones, en junio (1906) La separation et application a u régi- de 1929, ha sido un golpe muy duro para men nouveau (1909) y Paroles de paix Briand, no solamente para el amigo, sino tímbién para el político, pues para con (1927) tinuar y desarrollar la política de Locarno Semblanza del ilustre estadista y Thoiry se necesitaba la colaboración conCircula en Francia y en Ginebra un bon tinua y el prestigio de ambos. Con la muerte r, tot, que se atribuye a Berthelot, por cierto de Stresemann se inició en Alemania un muy espiritual, aunque injusto como suelen deslizamiento hacia la derecha, y menos de ser los bons mots espirituales. Briand no un año después, en septiembre de 1930, ensabe nada- -dice- pero lo comprende todo; traron en el Reichstag de Berlin 107 dipuPoincaré lo sabe todo, pero no comprende tados hitleristas, en vez de los 12 que había nada. Ciertamente, hubo una diferencia antes. E l triunfo de Hitler confirió a Briand enorme entre el temperamento y la manera otro golpe, del cual ya no se levantaba. Y de ser de Briand y Poincaré. Este último: si algo faltaba aún, ahí está la unión austrotodo estudio y reflexión; el primero: impro- alemana (el Anschluss) que casi se realizó, visación y empuje. Por su vasta cultura y y cuyo intento la mayoría del Parlamento su estilo depurado, Poincaré es por derecho francés no le ha perdonado a Briand. Aunque oficialmente ministro de Negocios propio miembro de la Academia Francesa, es decir que pertenece a los cuarenta in- Extranjeros hasta hace poco, Briand apenas mortales; Arístides Briand no ha aspirado tenía ya voz ni voto, y los grandes pronunca a tan alto honor, sino que ha prefe- blemas fueron tratados por L aval, Flandin, rido ser, ya el arbitro del Parlamento, ya Poncet, Tardieu. Y con el apartamiento de el ministro de Negocios Extranjeros indis- Briand, la política exterior de Francia ha pensable, pero siempre fiándose más de su tomado también un rumbo algo diferente. Arístides Briand se habrá equivocado a enorme talento natural que a los estudios. veces, pero nadie le podrá negar corazón, E l autor de estas lineas fué recibido por él en su despacho oficial del Quai d Orsay. buena voluntad, inteligencia ni generosidad. Pues ni un libro, ni un documento, ni si- Es una bella figura, un gran francés y un quiera una carta- -sino tan sólo una cajetilla gran europeo el que desaparece del escede cig Q os- -rompía la línea pura de la nario de la política mundial. mesa. Se decía de Briand- -con cierta exageLa muerte de Arístides Briand ración- -que cuando dejaba de ser ministro, cogía el sombrero y el bastón y salía tranParís 7, 7 tarde. (Crónica telefónica. A quilamente del ministerio. No quedaba delos sesenta y nueve años de edad ha sortrás de él documentación oficial, ni corresprendido a la opinión pública, que había capondencia. recido, sin duda, con referencia a la salud del ex ministro de Negocios Extranjeros, de Sus discursos reflejan esa falta de preparación sesuda. Como pieza oratoria son casi noticias fidedigna- s. Sea por deficiencia de información- -vivía muy solo y recibía consiempre admirables, pero leídos difieren mucho de ser oídos. E n efecto, Briand el ora- tadísimas personas- sea por ocultar al propio conocimiento del enfermo su verdadero dor nato: Tenía una hermosa voz, cálida y apasionante, cuyo efecto profundo se com- estado, la Prensa de París, que era la única que aquél leía, había difundido una versión paraba con predilección al del violoncello. optimista. Pero los lectores de A B C no L a cabeza con la larga melena indicaba lo podrán llamarse a engaño. Con la insistenque era realmente Briand: un artista, un cia que reclamaba el deber de informarles virtuoso del verbo. No se podían esperar habíamos consignado, a partir del mes de de él largas disertaciones teóricas, jurídicas ni técnicas, pero sí que sabía dar vida a mayo deh pasado año, que el hombre de Locarno era física y políticamente un homun problema abstracto y arrancar decisión bre acabado. Espectáculo patético el del ana una asamblea vacilante o poco convenida. ciano que abandonaba el 17 de aquel mes, En los anales del Parlamento francés y de nimbado por las luces del crepúsculo y cola Sociedad de Naciones, la memoria de gido del brazo a sus secretarios, el palacio Briand vivirá como uno de los oradores más de Versalles. Derrengado, cambiada de coinsignes. lor y vencida la testa de bohemio, Briand, al Era por temperamento algo bohemio, y tomar su automóvil de regreso a París, sucomo los bohemios, persona simpática. A gería no ya la estampa de un fracaso- -el de esar de haber sido infiel al socialismo y su candidatura a la presidencia de la Reaber gobernado en ocasiones con colabora- pública- sino el derrumbamiento de un dores más bien derechistas, no ha perdido alma, la voladura de un avión veterano, lleno nunca (contrariamente a Millerand) las sim- de un cargamento espiritual, donde las nospatías profundas de las izquierdas, ni si- talgias, que eran muchas, no eran menos que quiera de los propios socialistas. Oficialmen- las ilusiones y las esperanzas. Aunque unas te pertenecía al partido llamado republicano- y otras integraran y totalizaran sí mismo ideal. L a última afirmación de Briand: socialista, es decir al grupo parlamentario Mientras esté yo aquí- -refiriéndose al de Painlevé, partido que a, menudo ha vaciQuai Dorsay- -no habrá guerra no es sino lado entre el cartel y el centro- derecha y que dio varios ministros al último Gabinete la orquestación en tono mayor de aquella otra que hace muchos años lanzó desde la Poincaré, después de la separación de los radicales- socialistas de la mayoría nacional. tribuna de la Cámara, también justificando su política de mantenimiento del orden púE: carácter del partido al que pertenecía explica parcialmente el de Briand como po- blico: He logrado restablecer la legalidad sin manchar mis manos de sangre. Previslítico interior, y el hecho de que haya pretos quedaban, pues, hace nueve. rng ss, par? sidido una docena de Gobiernos, demuestra E Presididos, del presidente de la República, monsieur Doumer, que se personó en seguida, los hombres políticos singularmente y el mundo intelectual y diplomático han desfilado por la casa mortuoria. Asistieron al tránsito, además del médico, monsieur y madame Billaeu, sobrinos de Briand y sus únicos parientes, y sus colaboradores Peycelon, Suard y Hedin. La noticia promovió en la Cámara una enorme agitación en los pasillos. Malvi, seguido de amigos, marchó inmediatamente a la Avenue Klevers. Las diputados escucharon, puestos en pie, el elogio fúnebre del presidente y la propuesta de suspender la sesión. Tardieu, en nombre del Gobierno, dijo así: Esta mañana, hace algunas horas, había recibido mejores noticias de Arístides Briand. Este acontecimiento fulminante nos sacude a todos, estén donde estén nuestros escaños. L a gloria que proyectó sobre la tribuna francesa, la parte que tomó en los esfuerzos de organización del mundo a través- de las difíciles circunstancias de la post guerra, deben imponer a quienes, digo, más le combatieron, el homenaje de su respeto y de su acuerdo, y me asocio de todo corazón a la proposición del presidente de la Cámara Confírmese o no el propósito atribuido al Gobierno de tributar honores nacionales a los restos del difunto, lo cierto es que la Bííticia, consignada en las pizarras de los
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