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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E S 1 M O C T A V O 10 CTS. UMERO F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A ABC LOS IMPUESTOS Tabaco, cerveza, gasolina... A muchos ciudadanos que creemos tener un concepto moderno de la política, no nos basta el humo que -puede salir de unos edificios incendiadosiini- slos golpes dados para derribar las paredes, que. separan dos. cementerios, ni la modificación en algunas denoniinaciqnes, -para creer qtie se ha cambiado de régimen. E n el gobierno de un país- hay, sin duda, muchas- cosas importantes que hacer, y una de las más trascendentales es la administración. E l fracaso que suele acompañar a los más sabios teorizantes en funciones de gobierno obedece principalmente a que les falta el buen sentido práctico que exige, para tener eficacia, el manejo de la e c o n o m í a d e una nación. L a cristalización de 1111 sistema de ideas políticas, el verdadero motor de un régimen, está en los presupuestos. L n discurso no es más que un discurso. U n presupuesto es una impulsión hacia un punto cardinal de la política. A l g o vivo, eficaz y activo, que deja huella en la existencia de todos. E l primer presupuesto de la República se presenta como cualquier vulgar presupuesto del. antiguo régimen. Nada hay en él donde quede plasmado un espíritu renovador. Se dice que los organismos administrativos de España no están preparados para secundar innovaciones de tipo económico. Quizá sea más exacto decir que, lamentablemente, el país no ha producido aún el hombre, ca- v paz de concebir tales innovaciones. Los tó- picos, liaccr prcciósasf. t crolxieías por- el amplio espacio del idealismo. Pero p a r a mover inteligentemente los números de un presupuesto hacen falta las concienzudas meditaciones de un jugador de ajedrez. l i n i o s recargos que la reforma tributaria propone para aumentar los ingresos hay; esa mismatdulcc ingenuidad de aquellos hombres del régimen ido, que daban la impresión de arbitrar recursos por meditaciones tan simples como si dijesen a sus ayudantes: -Bueno, pues... si hacen falta esos millones... con subir el impuesto cíe. de... por ejemplo, del tabaco, y de... y de... pongamos el vino. ¿E s que le gusta a usted ePvino; Bien, pues... digamos- la cerveza... De ahí se puede sacar un buen pellizco. N o queremos insinuar que la cerveza y el tabaco deben merecer un respeto especial en las cuentas de los ministros de finanzas. Se los entregamos gustosamente a su rigor. Pero no se puede decir lo mismo de la gasolina. Gravar la gasolina es gravar el trabajo, es encarecer la producción y- el transporte. Resultaría mucho m á s simpático crear un tributo sobre Jos pasos del hombre pollas calles de una ciudad, vender cu las Recaudaciones el derecho a moverse. L a gasolina, englobada con el tabaco, la cerveza y los espectáculos públicos en esta subida del nivel tributario, no está e su lugar: Dentro de las necesidades, de la vida moderna, ese producto, líquido como la cerveza y que puede echar h u m o x ó m o eL tabaco, tiene todo el valor. de un artículo esencial. i En cuanto a! teatro, nosotros hubiésemos propuesto otra idea: incautarse del cincuenta por ciento del ingreso bruto cuando la obra fuese mala. Y dada la inopia actual de la producción dramática, el Estado se enriquecería. 7 DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SIMOCTAVO 10 CTS. N U M E R O A ZA N A ¿licntras me acompañe la ma yoría del Parlamento, yo seguiré mi camino. ÍTOCADO! La crisis de la esgrima. Por estos días han. descubierto aquí algunos que A z a ñ a se, parece a Mussolini. Pero hace unos meses, en estas mismas columnas, había yo apuntado esc parecido. Aunque en un sentido diferente def que muchos ahora quieren d a r l e H o y intentaré buscar para D Manuel Azaña otro hombre, otros dos hombres parecidos. ¿Por que no? Cada uno de nosotros está formado de varias facetas (véase mi libro de juventud til Perro NcW h. y mediante esas íaccn. s coincidimos en diverso modo con otras personas afines. Esta vez no necesitaremos ¡ocurrir al extranjero para buscar el punto de comparación. Aunque se escandalice mucha gente de l a diestra y la siniestra mano, vov a nombrar a un hombre, ¡y qué especie d ¿hombre! Cisncros. Son tan castellanos A z a ñ a y el cardenal, que a través de m á s de cuatro siglos pueden encontrarse frente a frente como dos semejantes. Ambos coinciden en el dramático heroísmo de salir de la nada. L o s dos creen con fuerza, con rigor fanático. Ambos llevan en el ser el hondo sentido de Castilla, este país hecho de firmeza, de pobreza y; de austeridad. Los dos aspiran a transformar a España por el sistema de la dureza, sin contemplaciones. Y sin demasiadas explicaciones. Calando los díscolos piden a Cisneros la razón de su poder, el Cardenal abre la ventana y muestra la plaza toda llena de soldados y de cañones. Esos soníniis. poderes Y no dice más. Azaña, repitiendo el gesto a la moderna, replica a los Iturbúlentos, mostrándoles los votos de m a y o r í a q u e tiene alineados en la C á m a r a Estos; son mis. poderes; y con esta fuerza g- obernáré absolutamente, -o republicanamente, eníEspaña Jeel otro parecido? Esta vez tendremos queíil. egar hasta Felipe II. N o se olvide que Felipe II era, ante todo, un fanático de la burocracia, lo que se dice un oficinista; pues bien, A z a ñ a ha sido hasta hora mi funcionario de profesión, un aut ¿i tico oficinista. Felipes II. se consideró feliz e l día en. que pudó: reüni, r todos sus montones de- papeles en Él Escorial y manejar desde allí la complicada máquina burocrática de sU imperio; A z a ñ a ha concluido por abandonar su casa particular y marcharse a vivir al palacio de Buériavista para mejor hundirse entre sus papeles oficinescos. Y sus principales disposiciones van dirigidas precisamente contra la fortaleza de la burocracia. E l hombre que ha. vivido siempre, y con dignidad, de un parco sueldo de funcionario, trata de convencer a los demás de que tienen que v i v i r lo musmo -parcamente al viejo estilo de Castilla. Y dice a todos que España no esta para fantasías, para simultanear varios sueldos ípirigües, parada vida alegre y confiada. A l sentido andaluz de Primo de Rivera substituye el -sentido castellano de Azaña. Un descenso en el tono brillante de la vida. ¿P e r o lograría su empeño? ¿Aceptará: sus propios compañeros de- República esta ética burocrática del más viejo cst lo castellano? Volvamos a repetirlo: contra los soldados y los curas- hov se puede todo; -pero frente a la burocracia- laica- y: civil no hay cardenal Gsneros que no tropiece. 1 U n a de las supervivencias atávicas que va aventando el h u r a c á n renovador es el noble arte de l a esgrima. Como todo lo que es g- enuinamente hidalgo, no rima bien con una época tan belitre, tan apartada de cuanto pueda suponer puntos de honr a casas. de dignidad yv demás garambainas de eso quc llaman el honor según suelen decir algunas gentes, para las v, ue el honor significa un. estorbo. Como todos los principios éticos han deg- encrado, lo que antes era honor no pasa hoy de un modesto amor propio, sentimiento bellaco que trata de vestirseda casaca de aquél, aunque le va con tal holgura, que acaba siempre por pisársela. A fuer de pueblo heroico, conserva E s paña una gloriosa tradición de esgrima, cuyo, fuego sagrado sigue a ú n mantenido por un puñado de ilustres maestros de armas y otro de aficionados, ciertamente notables. Pero no sale gente nueva. Nuestra actual muchachada encuentra, por lo visto, m á s espectacular agredir con las botas a un balón o i r sacudiendo palos a una bola. ¿Q u é puede interesarles de aquello otro, si miran ya un florete cual se mira un montante o una daga en las vitrinas de un museo? Se abandona la esgrima por un falso prej u i c i o que no ha querido molestarse en cavilar un poco. E l- concepto simplista tiene a, las salas de. armas por incubadoras de duelos, y a dos, esgrimidores p o r u n a especie de perdonavidas que van por ahí buscando desafíos. Nada m á s lejos de lo justo. E l tirador de! espada o sable? es un- hombre correcto, disciplinado, prudentísimo, que n u n ca va por esas calles atizando estocadas n i sacudiendo cintarazos. ¿Q u e sabe defenderse si 1 c atacan? N o faltaría m á s! ¿Que, c o m o buen conocedor de tales armas, cuando llega al terreno goza de gran ventaja sobre el a d versario ignorante y lo puede matar? S í pero n o l o mata, sino que se limita a hacer sentir de manera, incruenta o muy poco cruenta su superioridad. Cabe menor castigo? L a esgrima sirve para eso: para no matarse. L o s q u e se matan, si no anda muy a tiempo el juez de campo, son los analfabetos de la esgrima. ¡Y cualquiera diría que el boxeadonno se prevale de sus puños cuando llega el momento! i Y los que van por todas partes con l a pistola en el bolsillo, según la liltima moda? 1 No, detractores sistemáticos: la esgrima 110 es- el ¿duelo; es muchísimo menos, 0 muchísimo más, porque es el ejercicio más completo y menos peligroso que se conoce. Sin riesgo alguno se ejercitan vigorosamente los brazos, las piernas, los pulmones, l a cintura, los pies, las manos, l a cabeza, el cuello, la vista, la inteligencia, la educación, l a cortesía; se adquieren flexibilidad y soltura de movimientos, se- eliminan grasas inútiles... Y todo en un ambiente. de gran cordialidad, sin groseras rivalidades ni ultramodernas salvajadas. Considerado pues, como deporte- -hov que tanto se depof- ¿merece ser momificado un ejercicio asA- e es el mejor -e todos, el más noble de to -s -ás completo de todos y- el más inofensivo fli. íklós 7. v JOSÉ M. a SALAVERRIA W. FERNANDEZ- FLOREZ RAMÓN Ll 3 PEZ- MONTENE (3 RO
 // Cambio Nodo4-Sevilla