Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DIARIO ILUSTRADO. AÑO V I G E SIMOCTAVO 10 GTS. N U M E R O DIARIO ILUSTRADO, A Ñ O VI G É- SI M O C T A VO 10 GTS. N U M E R O F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A contra cualquier boycot son proposiciones que; -sólo pueden demostrarse con l a acción, que a su vez es l a prueba de l a i m- Logrados todos sus objetivos- -dice uru; portancia vital de estos negocios para los despacho de Shanghai- los japoneses se destinos del Japón. dedican ahora a consolidar las posiciones Porque lo que no han visto los pacifisocupadas. H a habido semanas eivque pa- tas de Ginebra es que Manchuria no es para recia que los nipones iban a ceder, al conel Japón una empresa de lujo, como l a juro de los pacifistas de G i n e b r a T o d a v í a S i r i a para Francia, sino u n interés mum á s hubo momento en que el mundo- crecho m á s vital que la India para Inglatey ó qUe los chinos, por arte de magia, porra. A falta de colonias y de países que seían un Ejército capaz de oponerse victoquieran recibir su población sobrante, el riosamente a un serio avance japonés. ¡Como j apon tiene que escoger entre dedicarse si no existiera en el idioma de Corrfúcio a explotar las riquezas manchurianas o reun proverbio que dice: P a r a hacer un solcogerse en sus, islas estrechas, con e l m i dado, toma un bandido; para. hacer un: banllón anual- de aüiríento en el n ú m e r o de hadido, toma un soldado proverbio cuya susbitantes que sus estadísticas, registran. Y sístencia basta para impedir que disponga porque se trátamele una cuestión de vida o China de un Ejército respetable! muerte, nos: han podido detener las voces de íGinebrá cl- ayance de los Ejércitos nipoL o s pueblos del Occidente están celosos nes. En -cp J a p ó n- se sabía que su pueblo esdel Japón, porque les ha vencido coniercialtaba dispuesto a pelear por l a Manchuria. mente en los mercados dé A s i a Quisieran evitar que surja un gran -Imperio e n e l E x- d i n cambio, la oposición a que los nipones tremo Oriente. Saben que, ello no, es f á c i l niantéfjgan su- cont ole sobre. Manchuria, i n capaz i delluchár; por. su idea, no pasa, hasta T e n d r í a n q u e p o n e r s e de acuerdo paradiaccr una guerra demasiado- lejos de sus bases. ahora, de ser hiero artgelismo L o que no se deciden a hacer los políticos Angelisnio llama Maritain a l a pretenlo escriben los periodistas. Y no es cosa ba. ladí que las Agencias; periodísticas, japonó- sión de Descartes de llegar al conocimiento con independencia de las cosas y por i n filas en i; o se hayan vuelto tan agrias. tuiciones innatas. San A g u s t í n pensaba que L a pluma es m á s poderosa que l a espa- antes de producir las cosas realmente, Dios da (The pen is migblier ¡han the sword) las h a b í a hecho inteligibles para el conosolía decir Carlylc. el gran Tlionms M a n n cimiento. Esc modo de conocer angélico, que ha escrito uno de los libros más. admirables intuye inmediatamente las ideas, en vez de de l a guerra, sus Consideraciones de itn aposacar las ideas de las cosas, Descartes 1o lítico, para dolerse de que los literatos del c r c y ó a s c q u i b l c a los hombres que siguieron café Des Western, el Zkñlisaiionslücrát, su método. Angclismo de la vida practicomo él llama a lo que Barres había- denocajes también el intento de resolver desde minado deraciné (desarraigado) se hubieuna silla estas tremendas cuestiones del poran vuelto contra su propio país, por amor der de los pueblos, que se plantean en el a la Francia revolucionaria. (E l pago de curso de los siglos por la. confluencia de sus simpatías lo encontraron en el Tratado todos los valores, morales y materiales, pode Versalles. sitivos y negativos, que lo integran y des- integran. Pero el J a p ó n no estaba dormido. A cada, ataque pacifista ha contestado una defensa. E n el poder de los pueblos cuenta todo: la Ñ o pasaba a p e n a s d í a sin que salieran ca- técnica y e l ideal, l a capacidad de sacrificio blegramas de T o k i o firmados por ilustres y la solidaridad de las distintas clases, la personalidades, en los que se refutaban, los cortesía yV- don de marido d é l o s jefes y hasta asertos: hostiles a l o s derechos japoneses. L a el n ú m e r o de canciones que saben en común diplomacia del M í k a d o se, ha hecho presenlos soldados del misino regimiento, porque, te dondequiera. L a s elecciones japonesas en igualdad de. otras condiciones, tendrá m á s han reforzado l a posición del Gobierno. Y eficacia militar aquella unidad cuyos sollas prensas no han cesado de publicar l i dados estén unidos por mayor número de bros y- folletos, en todos los idiomas del sentimientos comunes. Hasta ahora no se Occidente, que mantenían las reivindicacioha hallado la manera de medir con exactines del Japón. E l espíritu japonés estaba tud la potencialidad de las naciones. P o r lo alerta. Y a eüo deberá su éxito, porque no menos, no se ha encontrado una manera ancabe duda de- l a primacía del espíritu. De gélica de hacerlo, una manera que no nepoco sirven las espadas si no se cuenta, con cesite proceder a la experiencia, y que perlas cabezas que las dirigen. Y si el Japón mita distribuir- Jas jurisdicciones tc rritoriase queda en Manchuria lo deberá a haberse lés con arreglo al poder de los países. convencido el mundo (y los mismos militares, E l pacto de la L i g a de Naciones comprojaponeses) de que es mejor para la H u m a mete- a los pueblos a luchar por la integrinidad que vele por Manchuria el orden jadad territorial de sus miembros. Pero no ponés- que el desorden chino. hay- pueblo alguno que de buena gana se L a primacía del espíritu no es absoluta. sacrifique por asegurar a otro unas fronteS i se eniDcña en no emplear m á s armas que ras que no pueda mantener por sí mismo. las espirituales puede verse reducido a la imAquí el juez supremo es l a experiencia hispotencia, a menos que se resigne a contórica. Y si el Japón es capaz de pelear con finarse en su propia región. A l Pontificado le eficacia por la Manchuria y no hay otro basta con un reino material tan minúsculo, país que pueda y quiera hacerle, es natural que es sólo el signo de l a Encarnación. Pero que el espíritu capaz de soportar los fríos cuando se trata de imperio extenso y de granmanchurianós y deambular por. entre los des fronteras, el espíritu tiene que decidirse charcos y pantanos de la zona. inundable de a andar de cuatro en fondo y a la voz de Shanghai, prevalezca sobre aquel otro espímando, y a fundir y a manejar cañones, si ritu m á s flojo que presume de arreglar no quiere ser voz que clame en el desierto. estas cosas desde los cómodos sillones de Que el j a p ó n puede poner orden en M a n Ginebra. churia o defender sus intereses en Shanghai R A M I R O DE M A E Z T U E L JAPÓN Y GINEBRA PARÁBOLA D EL S. EDUCT O R Puede que no haya partidos de derecha, pero lo que es seguro es que la derecha tiene hoy mucho partido. v E n aquellos tiempos había en la ciudad un hombre gallardo y atrevido, guapo, seductor, sin escrúpulos de ninguna clase, que no tenía m á s ideal en. su vida que la conquista amorosa. P o r donde fuera hacía estragos. E r a el terror de los maridos y el espanto de las madres que tenían hijas de buen ver. U n a especie. de demonio suelto por el mundo. Hogar donde él entrara, hogar deshecho. De la casa que él frecuentara huía l a paz. Cuando se hablaba de él las señoras prudentes se santiguaban y las jóvenes cuchicheaban en los rincones, repitiendo su nombre y comentando sus aventuras con malsana curiosidad y con l a secreta esperanza de llegar a ser algún día una víctima m á s de aquel G a r g a n t ú a libidinoso. Pero esto, lejos de disminuir su aureola, no hacía sirio aumentarla. D e cada percance salía con m á s renombre, y todo lo que le sucediera, bueno o malo, se traducía en propaganda suya. Nuestro hombre vivía feliz y contento, dedicado a su profesión, sin preocuparle lo más mínimo el llanto que iba sembrando por todas partes y las maldiciones que- le seguían por donde fuera. Y así fué pasando él por los años sin que los años pasaran por él. Pero un buen día, al ponerse frente al espejo, se heló en sus labios la sonrisa que acostumbraba a dedicarse a sí- mismo, como discreto homenaje a su persona. S u cabello empezaba a encanecer con una rapidez alarmante. Y a no era ese gris perla que tanto é x i t o l e venía proporcionando. Aquello tomaba las proporciones de una nevada de las buenas, de las de enero en Suiza. Y las arrugas de la cara... Y las bolsas de los párpados inferiores... Y Nuestro hombre reflexionó. L e costó a l gún trabajo. H a c í a tiempo que 110 bajaba al fondo d é su conciencia. Aquello no podía c o n t i n u a r H a b í a que cambiar de rumbo. U n a idea cruzó su mente como un r e l á m p a g o casarse... U n hogar... U n a mujer buena y cariñosa... L a paz... Quizá algún hijo... ¿A l g ú n hijo... Frunció el entrecejo... Quizá... Y cambió de vida radicalmente. Daba buenos consejos a las esposas, acariciaba a los niños, jugaba al tresillo con los maridos... N o faltaba un domingo a misa de doce... H a b í a sentado la Cabeza. L a noticia corrió como la pólvora por l a ciudad. Y ¡fenómeno curioso! ¡Paradojas de la v i d a! U n o de ios hombres de m á s posición de la villa, uno de los mayores enemigos y detractores de nuestro héroe, le convidó a su casa y le sentó a la mesa entre su mujer y su hija única, una muchacha sencilla, nada desagradable a la vista y que lo reunía todo: fortuna, posición, bienes... Y sucedió lo que tenía que suceder. E l l a y él se gustaron. Y el padre permitió gustoso aquel noviazgo. H a y que decir en descargo de él que la niña estaba flaca v paliducha, y los médicos habían dicho: H a y