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A B C. V I E R N E S íí DE M A R Z O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G ai. E N L A SESIÓN D E A Y E R Q U E D O DO APROBADESAZAÑA E L PRESUPUESTO D E GUERRA, P U É S D E P R O N U N C I A R E L SEÑOR D E L ElE R O TO O r d e n del día. Presupuesto de G u e r r a U N DISCURSO E X P O N I E N D O L A SITUACIÓN Discursos de los señores O r t i z de Solórzano y ministro de la G u e r r a L o s bienes del antiguo patrimonio de la C o r o n a Sesión nocturna. La sesión de ayer tarde Se abre la sesión a las. cuatro y veinte bajo la presi dencia del Sr. Besteiro. Tribunas y escaños aparecen desanimados. E n el banco azul toma asiento el ministro de Hacienda. E l Sr. C A R R A S C O F O R M I G U E R A rué ga, después de leída el acta, que se consigne su adhesión al ruego formulado ayer por los señores Quintana, Estelrich y otros diputados, sobre los intereses de la industria corchera en España. O r d e n del día. Presupuesto de Guerra E l S r O R T I Z D E S O L Ó R Z A N O consume un turnó en contra de la totalidad. Manifiesta que en este presupuesto no figuran diversas partidas, como las de personal de l a Reserva, l a partida de l a Cría Caballar y otras. E n resumen hay unos 136 m i llones de pesetas que figuraban en el presupuesto de 1931, y no figuran en el actual. Estudia las reducciones de regimientos y otras unidades militares, así como l a supresión de la Academia General Militar. Todo esto parece indicar que el presupuesto actual debería ser inferior al del año último, pero resulta que le excede en unos cien millones de pesetas. Estudia los gastos de la Casa Militar del presidente de la República, que son ostentosos y excesivos, pues existeri clos generales, uno militar y otro de la Armada, y además ocho o diez ayudantes. E l orador cree que la República debió ser más comedida y haber limitado las cifras para gastos de pura ostentación. Censura que se haya mantenido la cifra de 138.O00 pesetas para gastos reservados. H a b l a de la oficialidad que ha solicitado el retiro y dice que no se puede decir fundadamente que era innecesaria, pues Francia tiene millares de oficiales de la reserva gratuita, e Italia posee 150.000 de esta misma clase. Podría constituir dicha oficialidad una carga excesiva para el presupuesto, -pero en ningún caso se puede afirmar que era i n necesaria. Luego pasa a tratar de los últimos paseos militares dispuestos por el Gobierno, en los cuales hubo necesidad de movilizar fuerzas para completar las unidades. Afirma que no se puede decir que este presupuesto representa una reforma eficiente, y que lo que resulta es que no representa bien alguno para el país. E l Sr. V E R G A R A dice que el Sr. Ortiz de Solórzano se ha limitado a impugnar, partidas insignificantes, como las de la Casa Militar del presidente de la República, los gwtos de la Banda republicana y los de los agregados militares a las Embajadas. Afirma que el presupuesto de 1932 no se p- irece en nada a los anteriores. Tanto es i i S i que no se ha podido hacer un examen comparativo. Como todo el presupuesto es distinto, el Sr. Ortiz de Solórzano se ha encontrado dentro de una manigua, de la cual no podía salir, y por ello dedude el orador que es imposible comparar las cifras de un presupuesto organizado por divisiones militares con otros de estructura completamente d i ferente. E l Sr. T O R R E S C A M P A Ñ A formula observaciones contra el presupuesto desde el banco de la Comisión. S e refiere a la existencia de varias partidas que no tienen justificación, a juicio del orador, entre ellas la de la Asamblea de las Ordenes Militares. También, le extraña la existencia de un vicario general castrense con 15.000 pesetas de sueldo. E l Sr. V E R G A R A razona la existencia de tales partidas. Rectifican ambos oradores. E l Sr. F E R N A N D E Z D E L A P O Z A consume ptro turno en contra. E l presidente del C O N S E J O y ministro de la G U E R R A explica las reformas introducidas, que representan grandes economías. Reconoce que aunque los gastos de Guerra son menores, no ha habido economía para el Tesoro porque se han recargado las Clases Pasivas, aunque al contribuyente no puede parecerle lo mismo que se gaste el dinero en cosas útiles, que en inútiles. Afirma que el pase a la reserva de miles de militares producirá en cincuenta años un ahorro de 650 millones de pesetas, cálculo hecho por profesores teniendo en cuenta el término medio de vida y los ascensos correspondientes. H a sido preferible que el Estado se encargue directamente de estos retiros que, por concierto con una Compañía de Seguros. Después lee numerosas partidas para deducir las grandes economías introducidas, refiriéndose en primer término a Marruecos. Estas economías, aparte de los retiros, i m portan 79 millones de pesetas. E x p l i c a que hay servicios que traen aumento, porque antes estaban indotados, como material de Infantería, Artillería y accidentes del trabajo. Además se ha aumentado el haber de la tropa en 40 céntimos diarios, lo que repre- ué de 3 e SOÜÍSS Contestaciones de María Teresa Barbero, A r t u r o de la Riva, V a lentín de Pedro y Fernando R o l dan, recogidas por J u a n del Sarto. Léase el próximo número BLANCO Y NEGRO de senta 17 millones de pesetas, y debido a estos aumentos no resplandecen todas las economías en el presupuesto. H a tenido que preocuparse de la situación de los más humildes y entre aumentar los haberes de la oficialidad o los de la tropa, se ha decidido por estos últimos, no sólo por humanidad, -ino corno medida de buena política para quitar motivos de protesta. N o cree que el presupuesto de Guerra sea una cosa perfecta, porque la organización de los servicios militares requiere la aportación de sucesivos Parlamentos. L o más i m portante es la continuidad en la aplicación de la doctrina. Niega que las reformas de Guerra hayan dejado indefensa a la nación, como decía el Sr. Ortiz Solórzano. Esto no puede ser, porque España estaba indefensa, y todo lo que se puede decir es que continúa tan indefensa como antes. Se hacía l a misma instrucción que hoy, quizás menos. Qué sé ha quitado? Nada. E n cambio las unidades están más completas. Afirma que la potencia militar de un país se estudia con arreglo a la técnica universal. L o mismo dan 16 que ióo divisiones, isi las 160 están dotadas lo mismo que las dieciséis. H a b l a de los tres límites en que se encierra el Ejército: el técnico, que es universal; el humano, que sólo permite disponer de la población del pais, y el político, que también reduce el Ejército a cierta medida. Dice que si surgiera la guerra, ésta, se haría con la movilización general del país, pues el Ejército sólo representa la preparación para el momento oportuno. N o admite la. razón de existencia de los oficiales que se han retirado de las filas del Ejército, pues n i España, n i ningún país, podría sostener toda la plantilla de oficiales necesarias para una movilización general. Francia tiene 150.000 oficiales de complemento, pero España no puede mantener en los. cuarteles a 70 u 80.000 en espera de que surja la guerra. Anuncia un proyecto para el reclutamiento de la oficialidad del Ejército, que sabe causará protestas, pero de cuya eficacia está convencido. L o que no se podía sostener era aquella oficialidad de complemento de la ley de 1912, que no servía absolutamente para nada. Declara que la obligación de servir en el Ejército nos alcanza a todos, y a la clase media le corresponde servir- obligatoriamente como oficialidad de complemento. E l l o entraña un problema político muy serio, que las Cortes habrán de abordar algún día. Declara que hay dos problemas urgentes que resolver: el del material del Ejército, que debe ser cuestión de un presupuesto extraordinario, y el de la Aviación Militar, que cuesta mucho dinero y sin l a cual no se puede estar. España, en Aviación militar, está poco menos que en mantillas. Promete traer los datos- estudiados y las Cortes decidirán, porque no hay Gobierno que se atreva a cargar con l a responsabilidad de un nuevo camino. N o tiene la pretensión de que España vaya a armarse hasta los dientes; pero como es de esperar que los presupuestos de la Re. pública sigan ascendiendo, habrá que dedicar aumentos a la defensa nacional. Los gastos de Guerra habrán de aumentar, disminuyendo los improductivos. Gastamos en Marruecos 140 millones de pesetas en gastos militares, unos 30 menos que el presupuesto anterior. Quiere que cuando, terminada la carretera central, que es importantísima se traigan las economías a l presupuesto de la Península para adquirir material. Cree que España no puede permanecer indefensa; aunque sea un país pacifico, no porque lo diga la Constitución, sino porque lo es. U n conflicto europeo puede alcanzarnos, según donde tenga su centro, y cnton-