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POR PAUL BOURG ET (De la Academia Francesa. (cosrriNUAcioN) mente- Tampoco he: buscado yo este encuentro, que me es más. de los dos hombres. Nada había resultado de él, sin embargo. penoso que a usted, señor mío. Pero acaso sea mejor que se haya ¿Por qué? Porque en aquel momento, como Berta había dicho, verificado y que me haya usted hablado de un modo que me. auto- Luciano estaba loco de inquietud. Solamente existía para él su riza a prescindir de miramientos... Mírese usted a sí mismo y verdadero padre. E l que le había educado no era nadie. Había pregúntese si, una vez desaparecida yo de la vida de Luciano, bastado. que el hijo se encontrase ante un peligro mortal de su volverá éste a usted y a su madre y se unirá de- corazón coil. usverdadero padre para que se despertase en él la voz de la sangre, tedes... Señor Darrás, demasiado sabe usted que no... Aseguro única, soberana y omnipotente. Había vuelto a Chambault, como a usted que he reflexionado mucho y mirado mucho por Luciano. también dijo Berta, por la ley y por la naturaleza. L a sensación Le amo profunda y apasionadamente... pero, si creyera que le de la bancarrota de su propio casamiento, que ya había asaltado hacía dichoso por el sacrificio de este amor, tendría fuerza para a Darrás ante los remordimientos religiosos de su mujer, se aporealizarlo y para dejarle. He querido. hacerlo y he comprendido deró de. él con tal fuerza en aquel salón, que no pudo soportar que no debía, porque no tiene a nadie más que a mi... ¿Dónde el estar allí más tiempo. Aunque el enfermo le hubiese llamado en está esa familia de Luciano de que usted habla? ¿En su casa aquel momento, hubiera Darrás renunciado a entrar en aquella de usted? ¿Por qué, entonces, corre él por París, loco de inquiealcoba de agonía, por no ver a su hijastro mostrar al moribundo tud, a causa del hombre que está agonizando en ese cuarto? Es un cariño que él no tenía derecho a condenar, pues el padre más su padre por la ley y, la angustia del hijo lo prueba, por la nacriminal es siempre un padre, y que no podía extrañarle, pues la turaleza. Cuando se tienen dos familias no se tiene ninguna, y proximidad de la muerte cambia tan profundamente al que va a él no la tiene... Bien, sabe usted que esto es cierto y que no soy morir como a los que lo presencian. ¿Cómo no estimar a Luciano yo la causa. Si yo me fuera, Luciano le guardaría a usted más porque un torrente de piedad hubiese barrido de su alma los más rencor aún, por haberle privado del único corazón que es entejustos rencores y las más legítimas severidades? Darrás era deramente suyo. Porque lo es, absolutamente. Y o seré su familia masiado magnánimo, a pesar de la estrechez de algunas de sus y él será la mía. Los dos nos bastaremos... Pie sabido cuánto me ideas, para no inclinarse ante aquel- renacimiento de piedad filial. amaba desde que volvió a mí después de haber conocido por usted Sin embargo, entre todos los sentimientos observados en eí joven lo que yo le ocultaba por su bien... Déjele usted constituir su durante aquella funesta semana era aquél el que repugnaba más vida, señor Darrás... Se lo debe usted... ¿Está usted seguro de íntima y absolutamente. A esa turbación se añadían las dudas que no haber constituido la suya a sus expensas... iban creciendo en él sobre la equidad de los procedimientos emApenas había acabado Berta de formular estas justas y duras pleados respecto de Berta Planat. Mientras la creyó una peligrosa intrigante no había vacilado ante ningún ataque. ¿Lo era realreflexiones, un incidente inesperado les añadió un comentario de gran fuerza. Iba Darrás a responder, no menos violentamente. que mente? L a conversación que acababa de sostener con él le perel otro día a Luciano, cuando un campanillazo, cuya fuerza in- seguía como. una especie de remordimiento a. medida que se alédicaba la nerviosa impaciencia del recién llegado, le cortó la pa- jaba, del teatro de aquel alarmante encuentro. Su mirada era tan recta y. taripenetrante; su. voz tan franca... ¿Se habría engañado labra. sobre ella y tendría, razón Luciano... Su lealtad no se hubiera- -Es Luciano... -dijo Berta con una expresión de angustia que contrastaba con su anterior firmeza, como si ya no tuviese, ener- perdonado el ocultar a Gabriela esas vacilaciones de una convicción que ya no era completa, y esa fué una de sus primeras frases gía cuando no se trataba sólo dé ella- Se lo suplico, caballero, cuando su mujer, que le había visto llegar, salió a. recibirle en la no se deje usted ver... Piense dónde está... escalera: -E l es quien debe pensarlo. No tengo por qué ocultar esta visita. Me conduciré como. él se conduzca... ¿Le has visto? ¿Qué te ha respondido? ¿Retira su consenLa intuición de la joven no la había engañado, pues se oía en timiento... Habla... habla pronto... la antesala la voz de Luciano, que estaba interrogando al criado, -No le he visto... Está muy grave... Pero he visto a LuLuciano vio al que por tanto tiempo había llamado padre y a la ciano. que llamaba prometida el uno enfrente del otro, con los ojos to- ¡Dios mío! ¿Qué os habéis dicho? davía brillantes y las. facciones alteradas por su trágico diálogo. -Nada. H a hecho como que no me conocía. También he visto E l joven manifestó al pronto una sorpresa que hubiera debido a Berta Planat. cambiarse en, furor agresivo; pero apenas: miró al detractor de- ¡Berta Planat! ¡Luciano se ha atrevido a instalar a esa musu amiga, que se había, atrevido a perseguirlos hasta allí. L a anjer a la cabecera de. su paire... siedad que le devoraba pudo más que su rencor. Se fué derecho- -Hay que hacerle la justicia de que parece que le cuida, con a Berta y dijo, como s i n o hubiera visto a Darrás: mucha inteligencia y abnegación... He hablado con ella... ¡Ah! ¿Cómo ha pasado esta hora? ¿H a habido alguna otra crisis? mi. pobre amiga, si después de todo. hubiera sido injusto... ¿Qué quieres decir... -Ninguna- -respondió Berta- L a opresión es muy grande, pero tiene todo su conocimiento. -Que la he encontrado muy diferente de lo, que yo esperaba... -Louvet viene detrás de mí- -dijo Luciano- Le he. encon- E n pocos minutos ha mostrado tina inteligencia, una firmeza, trado en la consulta, y él y el otro doctor estarán aquí antes de una claridad... En fin, hay que esperar las averiguaciones del miveinte minutos... ¿Le ha hecho usted la inyección de morfina? nisterio... -Sí- -respondió Berta- y le he puesto las ventosas. ¿Qué- ¿Tú también vas. a tomar su partido y a abandonarme... opina Louvet? ¿Le ha expuesto usted el caso como yo le dije? ¿Es posible... No me digas jamás que consientes en ese matrimonio, Alberto... ¡Qué prueba para mí, que expiación si se- -Palabra por palabra: Cree que esta noche será muy critica; realiza... pero, naturalmente, no puede decidir sin ver al enfermo. ¿Está- -En todo caso no se realizará por ahora... Creo que al en ¡solo? Me voy a su lado... fermo le quedan pocas. horas de vida... Si muere en esta semana, -Hace diez minutos... Yo voy también... Luciano salió del salón como había entrado, sin una palabra su consentimiento no es válido y entonces todo dependerá de ti. ni una mirada para Darrás. Berta le siguió, después de haber- ¡Le quedan pocas horas -repitió Gabriela- ¿Es posible? dicho en voz. baja: ¡O h! Vayase usted, caballero con tm. acentc ta el que se veía, el terror que le había infundido aquel encuentro
 // Cambio Nodo4-Sevilla