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Las elecciones presidenciales en Alemania. G ICAS D E PARÍS Capeando Ja crisis Entraba el que esto escribe en una de esas tiendas lujosas de la rus Saint Ilonoré, donde se exhiben las m á s raras y costosas encuademaciones, cuyos precios se cuentan por cientos y aun por miles de francos, esas maravillosas relimes, cuyos más bellos ejemplares se encuentran en la biblioteca del barón de Wedel- Jalsberg, cuando llamó su atención un letrero colocado sobre el mármol de l a chimenea, que decía en áureas letras lo siguiente: C o m prar es obra patriótica en estos tiempos E s lo mismo que escriben a diario los economistas, y estas predicaciones y estos affiches van lentamente infiltrándose en las clases sociales acomodadas, contribuyendo a ello por su parte los comerciantes que marcan en todos sus artículos una rebaja de precios. ¿Por qué no ensayan algo parecido los comerciantes españoles? U n a llamada al patriotismo, acompañada de una rebaja en los precios, podría dar grandes resultados ahora que, según me dicen los compatriotas que llegan de ia antigua villa y corte, nuestro comercio está muerto, Otro tanto puede decirse de la vida de sociedad; los salones no se han cerrado, todos los días de la semana están tomados. Esto recuerda al viejo cronista los comienzos de su carrera, cuando no se podía escribir una revista de sociedad en la entrada del invierno sin publicar la lista de las señoras que recibían cada día de la seman a los lunes, la marquesa de A Tos martes, la duquesa de X los miércoles, la embajadora de Z y así sucesivamente. Abriéronse luego los grandes hoteles, y esto inició un cambio de costumbres en la vida de sociedad; era más cómodo para las dueñas de casa convidar en los salones del Ritz, por ejemplo, y allá se trasladaron todos con armas y bagajes; m á s tarde, z c ¡oif, con su chalet acogedor y elegante, vino a seleccionar la concurrencia, apartándola de la promiscuidad de Jos hoteles. Desde entonces los salones aristocráticos cerraron sus puertas. Nadie habló ya del hotel famoso de la baronesa de Goya- Borras, donde la juventud bailaba: nadie de los magníficos coros de Santa Cecilia, congregados por aquella rubia belleza italiana, cantada por los poetas, que se llamó la marquesa de Bolaños. Y no hablemos de las matinées ele L a Huerta, donde triunfaban la belleza y el ingenio de aquella dama inolvidable que fué después la duquesa de Cánovas del Castillo. Todo eso pasó hace mucho tiempo a la Historia. Aquí, en P a r í s cambiaron también las costumbres; la sociedad actual rinde igualmente culto al sport, pero sin abandonar los delicados placeres del espíritu; recientemente el duque y la duquesa de Broglie- -el duque, sabio miembro del Instituto, es conocido de los intelectuales madrileños por sus conferencias en la Residencia de Estudiantes- -reunían en sus salones a gran parte de la aristocracia francesa y algunos extranjeros; la palabra elocuente de un fraile franciscano trazaba ante el. selecto auditorio la silueta admirable de San Antonio de. Padua, y cuando los aplausos de todos sonaron espontáneos en honor del docto religioso, parecía que hasta los retratos de príncipe? y princesas de. Broglie, firmados por Porbus, Dubois, Natier, Rigaud y otros insignes artistas sonreían en sus áureos marcos al biógrafo del divino santo de Padua. Todo esto en plena República; todo esto patrocinado por el ilustre monseñor Chaptal y organizado por damas que componen la Sociedad de Conferencias Católicas. Las recepciones mundanas se suceden sin i n t e r r u p c i ó n las ha habido brillantes en el hotel de nuestra bella compatriota S. A R. la duqtíésá áé- Montpensier, con asistencia de La campaña electoral para ¡as elecciones presidenciales que han de celebrarse en Alemania el domingo próximo se desarrolla activamente. En las calles de Berlín se han fijado muchos carteles con retratos de los candidatos y leyendas alusivas a su significación patriótica o política, y grupos de ciudadanos las recorren en esa guisa por unas u otras de las personalidades que se presentan a la lucha. (Fotos Ortis- Kcystonc. doña Eulalia de Borbón, duquesa de Galiiera v de la princesa Aage de Dinamarca: en la Embajada de Inglaterra, siempre con sujeción al más estricto protocolo; en la de la duquesa de L a Rochefoucauld, incansable propagandista del voto de la mujer; en l a de la condesa Allard de. Chollet. donde se admira una interesante colección de autógrafos, entre eilos los de Goya; en la del notable novelista y autor dramático Pierre Sabaticr, y, en- fin, en el atelier del ilustre pintor Jules Cayron, donde toda la élite parisién ha podido admirar el retrato de Stí Alteza Real la duquesa de Guisa. MONTE- CRISTO