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en s de agosto de 1569, y que treinta años más tarde confirma su hijo, D F e l i pe I I I A ú n muchos años de e s p l e n d o r luego, l a decadencia, y, por fin, el abandono por l a Orden, cuando, en 1822, lo adquiere el S r Páez X a r a m i Uo en i- 300.000 reaíes, vinculando en su familia l a preciada joya, en- la que aún subr siste, pues que los actuales poseedores, señores D e l a Cuesta, han venido a posesión por descendencia d i recta, ya que l a señora D e la Cuesta, doña Sol, es una Páez X a raraillo y heredera, en estos dominios, de su madre, l a última marquesa de Barzanallana. Casi está i n t a c t o casi se conserva como en l a época magnífica de su apogeo. ¿Recordáis aquel palacio de B a r i c h que Rabindranath nos cuenta en sus Piedras hambrientas, palacio de e n c a n t a mentos y de misterio, lleno c -í ruidos dormidos y d e s p i e r t o s ecos? A s í este Monasterio, pleno de prestigios y de evocaciones, conserva toda la i n quietud de un glorioso pasado, haciéndonos m GUARDAN- DO Al. P A R Q U E U N G R U E S O M U R O D E G R A N I T O A L Q U E D A N A B O L E N G O L A B E L L E Z A AÑOSA D E L MUSGO Y LAS P L A N T A S T R E P A D O R A S O T R A V E Z E L C L A U S T R O PODRÍA D E E L D E C I R S E Q U E ES C O M O E L CORAZÓN D L L M O N A S T E R I O G U A R D A N D O E N S U S E N O U N JARDÍN A M A B L E Y S E N C I L L O L L E N O D E M I S TERIOSO ENCANTO percibir entre sus venerables muros una huella de almas en donde viviera como encantado él tiempo. Sólo podría oponerse a tan intensa belleza los absurdos revocos y grotescas reformas que el- malhadado siglo x i x impuso. P o r fortuna va a ser limpiado de todos estos postizos, v a a ser vuelto a su prístina belleza, sin restauraciones que bastardeen lo auténtico con lo falso, aun inspirado en lo que existió, y que la acción destructora de los años hizo desaparecer. M i g u e l de la Cuesta, espíritu procer y selecto, ha ordenado y a su conservación, escrupulosa conservación qué pone su empeño, tan sólo en limpiar, sostener, desenterrar lo oculto y acusar lo mal visible. Así, en el portalón de entrada, que cierra, recia puerta castellana, van apareciendo bajo las capas de yeso de revocos, como en un palimpsesto, distintos decorados, y al fondo la maravilla de unas pinturas murales del siglo x v de la época del arzobispo de Toledo Alonso de Carrillo, como el artesonado de madera policromada que. lo cubre. De este portal, que comunica directamente con el claustro p r i n cipal, parten los aposentos que han de ser utilizados para habitarse, uno de ellos el despacho en donde, en vitrinas, los viejos pergaminos del archivo, documentos p r i v i legios, cartas reales, títulos de señorío, autógrafos, serán expuestos al visitante, que será todo aquel que provisto de una tarjeta de los dueños quiera disfrutar de tal belleza. O t r a vez el claustro. Podría de él decirse que es como el corazón del Monasterio, guardando en su seno un jardín amable y sencillo, lleno de misterioso encanto. Construido hacia la mitad del siglo x v i 1536, según reza la fecha grabada en el fuste de una columna, forma dos órdenes de galerías, cuyos arcos, semicirculares en el primer cuerpo y rebajados en el segundo, lucen éstos graciosos florones en su arquivolta y aquéllos bellos medallones en sus enjutas, siendo los más interesantes los que hacen
 // Cambio Nodo4-Sevilla