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MANSIONES DE IA R A Z A LA BELLA LEYENDA QUE SE ENGARZA AL ORIGEN DEL CASTILLO DE LA MOTA, DE MEDINA DEL CAMPO Y ALZAR, E N S U L U G A R U N C A S T I L L O Q U R D E L MAR A LA T I E R R A A D E N T R O N O H U B I E R A E N CASTILLA OTRO COMO E L (U N ASPECTO M U Y POCO C O N O C I D O D E L CASTILLO DE L A MOTA) (FOTO GILARDl) U E de verdad hay en l a leyenda que se engarza en ti? T u origen s abraza con el misterio. Quién socavó la tierra para echar tus cimientos? E n la niebla del tiempo, la H i s t o r i a no pudo captar el nombre de tu creador. Y la leyenda entonces tejió una relación, dorada relación, para suplir la noticia y explicar tu nacimiento. E l caso es que nadie o s a r á desmentirla, porque frente a ella nada hay que oponer con luz de verdad... H a b í a en Medina una pequeña fortaleza. N o era aún la época de los grandes cantillos. L a lucha en el llano no se amparaba todavía, para ofender y defenderse, en la altura de Jas almenadas torres, en el cobijo de los paseos de ron- da y en la guarida de los cubos y garitones de los recintos castellanos. Y la llanura de Castilla, barro y polvo, se a b r a sin la silueta de un castillo hasta hundirse en el mar. Viejos a caza res, que hoy ya no existen, ni siquiera en ruinas, coronaban las a l turas de las villas, defendiéndolas con el prestigio de sus piedras, m á s que con l a fuerza de su ofensiva, cada vez m á s débil, a medida que la inquietud guerrera, cada vez m á s fuerte, inventaba nuevas armas de destrucción. F u é entonces cuando las febles f c r i a n zas cedieron su puesto a los fuertes castillos. Y cuando en a i r ó n de triunfo, siempre para vencer, j a m á s para ser vencida, se elevó majestuosa e imponente la torre del homenaje... A l a sazón vivía en Medina un hombre bueno y rico, en el que por esto clavó sus garras ia envidia. S u limpia historia de campesino trabajador y honrado le ponía a cubierto de todo mal pensar, Pero la maledicencia, nacida de la envidia, echó a volar entre los convecinos un decir... A c e r t ó a pasar por Medina, en ruta de guerra, aquel Rey que en las Navas peleó Q y t r i u n f ó por la Cruz, E l decir popular fué creciendo, y llegó hasta el Rey, acusando al vasallo de un grave delito. ¿Q u i é n podía explicarse las cuantiosas riquezas del labrador njedinen. se A n d r é s Boca, aunque quisieran salvarse de l á m u r m u r a c i ó n re- mediando males, cubriendo necesidades y aliviando pobrezas? N o era posible sino que A n d r é s Boca hacía moneda en su casa Y esta era la linda ocasión, de posada en Medina el Rey, de pregonar el delito, p i diendo a quien podía otorgarlo en toda su amplitud el debido castigo al delincuente. Buen concepto tenía el Rey de su vasallo labrador, de quien, en algunas ocasiones, había recibido ayuda para luchar contra la morisma. H í z o l e llamar, sin embargo, a su presencia, y entre el Rey y el vasallo se entabló este diálogo, que una vieja relación consigna puntualmente: S á b e t e A n d r é s que me han dicho que haces moneda en tu casa; ya sabes cuan grave es el caso; dime lo que hay en é s t o A lo que A n d r é s B o c a r e s p o n d i ó S e ñ o r quien lo ha dicho dijo la verdad a Vuestra A l t e z a pero suplicóle que y a que yo lo he confesado, y mi delito está relevado de prueba, que antes que sé proceda contra mí Vuestra Alteza me haga una merced, y es que mañ a n a a las nueve, vaya a mi casa a ver los monedero que la hacen, y yo prometo a Vuestra A l t e z a que por l a ida y por honrar m i casa con su presencia he de hacerle im gran servicio... A l d í a siguiente, entre confiado e incierto, presentóse en casa del rico mediuense el Rey, que no era otro, como antes dije, fiue A l f o n s o V I H el de las Navas de Tolosa. L a proximidad a! a casa se anunció con un ruido de fraguas y un sonar de martillos desconcertantes. ¿Sería verdadera l a denuncia? N o había ocurrido nunca ni ocur r i r í a en la vida otra cosa igual. A b r i é r o n s e las puertas, cinto, dé l a casa, y éi Rey quedó absorto. ¿Q u é era aquéllo? E n efecto, forjas y herrajes, un enjambre de obreros en ir y venir incesante. Pero, ¿y las monedas? Todo aquel trajinar y forjar y fundir rendía una obra: arados, zuela s, hocinos, escardillas, herramientas y útiles de trabajo, para arrancar a la tierra el filón de sus tesoros, fácil y pródiga al inteligente y laborioso cultivador. -E s t a es l a moneda que yo fabrico, señ o r- -d í j o í e A n d r é s Boca- arados para l a brar la tierra, trabajo amoroso y perseverante para cultivarla, esmero en atenderla, y ella, en pago, me brinda, u b é r r i m a el í r u t o de sus e n t r a ñ a s Y el buen medinense anunció al Rey su proyecto para honrar la memoria del día en- que se dignó visitar su casa para averiguar. de cierto el delito que se le imputaba... E r a nada menos que derruir l a vieja fortaleza inservible que coronaba la villa y alzar, en su lugar, un castillo que del mar a la tierra adentro no hubiera en Castilla otro como é l Y el castillo se alzó, con la torre, que llamaron Monta, por alta, y luego Mota, como hoy se conoce, en el nombre, no en la ruina de lo que fué. ¡Castillo de M e d i n a del Campo! ¿Quién te i r g u i ó? Fuera o no verdad el hecho que l a leyenda e n g a r z ó en t i al punto de nacer, ¡a noticia m á s antigua de tu existencia es la qué refiere el peregrino suceso en la crónica de P e r o N i ñ o T u nacimiento se envuelve en l a obscuridad. Conocemos, en cambio, hasta el menor detalle, tus obras sucesivas, tus ampliaciones, tus restauraciones, el quebranto de tus piedras olvidadas, las desdichas de tu vejez al paso de los siglos, que acumulan en tu recinto p á g i n a s i n olvidables de nuestra Historia. S i la opulencia de un labrador de antaño, que iiac a moneda labrando la tierra te creó, l a pobreza del labrador de h o g a ñ o no puede conservarte: L á s t i m a que, como el de ayer, no pueda el de hoy hacer moneda y a ú n ser acusado de tal delito. Pero esas ¡tecas o casas de moneda en Castilla están ahora en quiebra... FRANCISCO M E N D I Z A B A L
 // Cambio Nodo4-Sevilla