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Campeonato en Tarrasa. Estos jóvenes de ambos sexos toman parte en el campeonato de ping- pong que se juega actualmente en Tarrasa. (Foto Casáis. hombre ha creado: idea y emoción, gracia y sentimiento lírico, color y forma, imaginación y ética, fundidos en un todo armonioso teatro. L a corriente perturbadora nace de que ha quien le ha considerado como delito y quien le ha considerado como negocio. E s muy conocida de cualquier persona culta la historia de la persecución al teatro que desde el siglo x i v a los años del conde de San Luis en el x i x sufre, no obstante la grandeza de sus cultivadores y la afición del pueblo, verdaderas cruzadas en contra de su existencia. E l inadjetivablc D Emilio Cotarelo ha publicado estudios y libros sobre la lamentable controversia entre, partidarios y adversarios ensañados del teatro. Para tolerar su existencia no se utilizaba oficialmente m á s que un argumento: que producía dinero para los hospitales y establecimientos de beneficencia. De ahí parte ese criterio que rige hoy de considerar al teatro como fuente de ingresos; es la supervivencia de una idea hostil que amparaba su tolerancia hipócritamente en el lucro. A l teatro se le ha medido con el mismo rasero que al juego, la trata de blancas, etc. D e bería prohibírsele- -decían los gobernantes- pero como da para las Asociaciones caritativas dejémosle que actúe. Y para tranquilizar su conciencia se le llevaban todos sus ingresos. Luego viene a mezclarse en la farándula otro elemento impuro: el negociante. E s hijo de las ideas económicas del siglo pasado. E l negociante ve en el teatro una explotación. L o mismo le cía comedia que variedades, género de ley que género averiado: lo que el negociante cuida es la taquilla. Todo se le somete: autores que escriben a su gusto, actores que desbarran para complacerle. E l teatro evoluciona en estos últimos cincuenta años metido en el molde qúa le señalan los hombres del negocio; los cuales no ponen nada en el teatro; no ponen más que la máquina de drenaje del dinero, en la amable compañía de las haciendas oficiales. Así se explica que no haya habido teatros subvencionados en la patria de la mejor dramaturgia. L o s Austrias fueron sus únicos Mecenas. Se puso de moda levantar en las provincias coliseos propiedad de A y u n tamientos y Diputaciones, y lo que hicieron inmediatamente fué explotarlos, arrendarlos, convertirlos en fuente de moneda; hoy casi todos son cines. Alemania no ha tenido apenas local que no fuese a costa de un principe, de una Corporación. E l teatro ruso nace del teatro de los siervos, pagado del bolsillo de los grandes señores. (Les comunistas protegen con entusiasmo el teatro. E l inglés, lo mismo que el norteamericano, se sostienen en las Universidades, en los Centros de pago de cuota, son alentados financieramente por los Municipios y los ministerios. N o hablemos de Italia, donde Mussolini compra carretas de Tespis para llevarlo al pueblo, derrama dinero sobre los grupos que cultivan el buen teatro y protege decididamente a los innovadores. Respecto de Francia, sostiene en P a r í s cuatro teatros a todo gasto, y cuando los apuros de los restantes, por la- crisis económica, sor. asfixiantes, el Municipio vota un puñado de millones de subvención. Y qué decir de las galas las representaciones teatrales de arte francés en el extranjero, -ue paga el ministerio de Estado de allí? Cierro la enumeración para no hacerla interminable. H permiten adivinar de qué. especie ganadera podrían enorgullecerse como símbolo los que en uso de un perfecto derecho no quieren figurar en la lista de los ovinos. HONORIO MAURA LA GRAVE CRISIS TEATRAL Y IV L a Sociedad de Autores, unida a la de Actores y Empresarios, ha solicitado de los Poderes públicos que se tarife como industrial la luz de los teatros, que los locales con escena se incluyan en el decreto de alquileres y que, lo mismo que todas las industrias, el teatro tribute sin bases excepcionales, sino por los impuestos directos, que le correspondan, entre ellos el de U t i lidades. N o cree nadie que se promueva oposición al trato de igualdad ante la ley que solicita un grupo de españoles. L a excepción, humillante y perjudicial, ya no es soportable, por espíritu de equidad y por imposibilidad material también. E l teatro, en trance de desaparecer, no pide socorro, sino justicia. Esas mínimas demandas deben concederse ahora. Salvada la situación, evitados el cierre de teatros, la paralización absoluta del arte dramático en toda España y la ruina de todos los que en él intervienen (muchos millares de personas) hay que preparar un nuevo régimen para que el teatro se desarrolle, florezca y dé todo lo que ahora no ofrece en magnífico impulso ascensional. Nadie alcanza hoy en nuestra escena la cúspide, nadie da de sí todas sus posibilidades. Autores, actores, escenógrafos, figurinistas, directores, todos están trabajando- -para usar un símil de mecánica- -a media presión, y todos pueden llegar al m á x i m o rendimiento, a superaciones, a logros colmados, a insospechadas perfecciones. Para ello son precisas dos cosas que no les ahogue el problema económico y que cambie la mentalidad oficial en lo que respecta a la más bella y completa de las artes, a la que reúne a todas y las exalta, a la síntesis estética suprema de cuanto el E l público debe leer diariamente nuestra sección de anuncios por palabras clasificados en secciones. E n ellos encontrará constantemente asuntos que pueden interesarle. Esa mentalidad- el teatro es una función de cultura pública -es la que hay que i m poner en España. Nos es indispensable que cambie el modo de ver el teatro; no es un delito ni es un negocio. Es un arte, el m á s idóneo para impresionar el- alma de todos y derramar en ella las semillas de esos principios eternos que nos asemejan a Dios. Cuando al teatro se le considere formando parte de nuestra entrañable espiritualidad dejará de estrujársele como un limón, para extraer sus últimos zumos a costa de su desarrollo; emprenderá entonces un camino