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DIARIO S ILUSTRA- DIARIO DO. ILUSTRA- D O AÑO V G E OCTAVO NUMERO FUNDADO EL A Ñ O VI G E- S 1 MOCTAVO 10 C T S N U M E R O i. DE JUNIO DE JO C T S igos POR D. T O R C U A T O LUCA DE TENA ALEMANIA De cúmo se parecen E s p a ñ a Alemania. y DE COSAS NORTEAMÉRICA E l coronel Lindbergh. está, a l h a b l a con u n abogado que m a n t i e ne estrechas r e 1 á c i o nes con los gangsters. HE 1 L, HINDENBURG! Vers qui seras- tu dieu- IIasard í jetee par le Todo el mundo se vuelve a contemplar a Alemania, esa nación laocóntica que vive desde hace años en una contorsión emocionante, luchando contra la feroz adversidadde su propio destino. Nosotros también, los españoles. P a r a nosotros tiene la Alemania actual el sentido de un espejo, de un paralelo. Porque la determinación histórica ha querido que dos naciones tan diferentes en situación, en volumen de todas clases y en temperamento racial, se parezcan, sin embargo, extraordinariamente en el ademán político que ambas trazan en este momento. S i Alemania era en el centro de Europa l a más viva expresión del imperialismo m i litar y autoritario, España era en el Sulla representación más acusada del monarquismo tradicional ahora las dos naciones más profundamente tradicionales saltan al primer plano de la modernidad, se desprenden de su pasado y aspiran dramáticamente a construirse una nueva vida, una nueva figura y un nuevo gesto histórico. E l socialismo se abalanza sobre Alemania, el comunismo hace presa cu su cuerpo, los pacifistas. y- lós intemacionalistas apresuran su obra; los mítines terminan casi siempre con refriegas de contrarios, y las refriegas acaban- a tiros. Entre tanto, la tremenda d i ficultad económica pone un trágico acento de angustia sobre esa contorsión del gigante mordido por las. fieras de la adversidad. i Pero no ha sido observada ya la semejanza de nuestra nueva Constitución con la de Alemania? Los republicanos españoles admiraban antes a la República francesa; hoy se han hecho germano- filos. Y es que el destino quiere que los des pueblos se asemejen e n todo. H a y en Alemania una poderosa y creciente inclinación a reconstruir la idea profunda del nacionalismo, que después (le Ja íruerrri quedó como desplomado. También en España acentuó la República su espíritu que podríamos llamar dreyfusista. Pero ocurre que un día se levanta el Sr. Azaña en el Congreso y pronuncia estas sorprendentes palabras A la bambolla guerrera de antes ha sucedido un hundimiento del espíritu público que no sólo ofende mi honor de español, sino de hombre, porque me daría vergüenza de pertenecer a un país donde nada hubiera que hacer más que hablar mal los uno: de los otros, y cuando uno hereda una pesadumbre de gloria está obligado a soportarla con dignidad y con valor, y no sirve que queramos oponernos a lo que la H i s t o r i a nos impone a los españoles de cualquier partido que seamos, porque todos tenemos el deber de hacer una política nacional, y que España sea tan respetada como tiene la obligación de serlo... L a vuelta de Alemania al nacionalismo ofrece un peligro: que se le despierte al alma germana el viejo ímpetu guerrero y combatiente E n cuanto a España, hay el riesgo ele que no pueda florecer el moderno, el puro, el eficaz nacionalismo que nos convendría poseer. Y lo mismo el problema de Alemania como el de España (principalmente e í de España) consiste en poder fundar una nueva categoría de patriotismo que i n funda aí país uña fuerza y un anhelo tan poderosos como creadores. JÓSE M S A L A V E R R I A L o s que sólo conocemos Norteamérica a través de su Prensa, su Literatura y su C i nematógrafo, y, a lo sumo por las escasas referencias que han podido darnos los contados amigos que por allá estuvieron en breves excursiones de negocio o. turismo, no podemos comprender, habituados como estamos al lento ritmo de Ja vieja Europa, las cosas extraordinarias que allí ocurren. N o es que dudemos de ellas. H o y no es posible ya dudar de nada. L a novedad, la originalidad, l a excentricidad, el exhibicionismo patriotero, el ansia constante de superación han llegado en aquel país, en todos los órdenes de las actividades humanas, a un límite tal de posibilidades efectivas, que el más escéptico tiene que inclinar abrumado, la frente ante la evidencia dé la realidad. Los yanquis han borrado de su diccionario la palabra imposible. Todo es allí factible. P o r absurdas, por insólitas, por extravagantes que parezcan las cosas que allí pasan tenemos que admitirlas con la misma credulidad con que aceptamos la noticia del descubrimiento de una nebulosa. L o cual ¿naturalmente, no es obstáculo para que, aun admitiéndolas, podamos substraernos al comentario irónico: Estas cosas no pasan más que en los Estados Unidos. Indudablemente, los Estados Unidos es un pueblo que no se parece en nada a todo el resto del mundo. Sus habitantes tienen, es innegable, otro modo de ser, otras ideas, otras costumbres, otra civilización, otra moral, otro concepto de l a vida, que los demás no poseemos. ¿En qué país del mundo podría darse el caso del secuestro de un- chico para exigir un rescate a sus padres, y que estos padres, figuras preeminentes en la nación, no- tengan más remedio que prescindir del auxilio de la Policía y entenderse directamente con los secuestradores, en un trato privado de caballerosa reciprocidad? Según las. últimas noticias, Lindbergh está al habla con un abogado que mantiene estrechas relaciones con los gangsters, y gracias a ello se confía en que el rescate se realizará en las mejores condiciones posibles. Por si esto fuera poco, queda, además, flotando cí romántico gesto de A l Capone. E l famoso bandido ofrece encontrar al chico si le ponen en libertad. Para demostrar la nobleza y la sinceridad de su arranque, ofrece como garantía una fianza de doscientos mil dólares, ¡2.118.000 pesetas al cambio actual! ¡Pero es posible que esto pueda ocurrir en ninguna nación civilizada! Abogados que están en relaciones con bandidos; bandidos que disponen de millones de pesetas; convencimiento unánime del fracaso dé la Policía... Supongamos por un momento que el rapto de esc niño en lugar de ocurrir en los Estados Unidos hubiera acontecido en París o en M a d r i d ¡Pobre prefecto de Policía francés! ¡Pobre director de Seguridad, pobre ministro de l a Gobernación, si un hecho de esta naturaleza hubiera quedado impune por torpeza de la Policía! Decididamente, los norteamericanos son de otra manera. PEDRO MATA E l domingo, por l a mañana, se podía aún aplicar las palabras del poeta a la nación alemana; pero en la noche del mismo día ya quedó evidente que ésta se había pronunciado una vez mas en pro del justo medio, l a moderación, la legalidad y el buen sentido, representados por Hindenburg. Y la actitud del pueblo alemán es tanto más loable- cuanto qué las elecciones presidenciales se han celebrado en una de las épocas más críticas que haya atravesado el país, cuando más de seis millones de obreros, con sus familias, viven de la misericordia del Estado, cuando la estabilidad de la moneda está en cuestión y cuando el amor propio: nacional se siente humillado. E l pueblo alemán quiere pan e igualdad- -e n el sentido internacional de la. palabra- -e H i t l e r ha sabido explotar: estos dos sentimientos tan fuertes predicando una especie de. comunismo nacional o nacionalismo proletario. Después de los resultados del domingo, la reelección del anciano mariscal, el día 10 de abril, está asegurada. L o s hitleristas han desplegado y a toda s sus fuerzas y no pueden esperar nuevas adhesiones de entre los abstenidos. Ciertamente, parte de los nacionalistas y de los Cascos de Acero darán sus votos a H i t l e r y hasta es posible que lo mismo hagan muchos comunistas, porque los extremos se- tocan y porque los comunistas todo lo prefieren a la consolidación del régimen. S i n embargo, la diferencia entre once millones y pico y dieciocho millones y pico de votos es de siete millones, hueco que Hitleí no podrá llenar de ninguna manera. A u n así, puede estar altamente satisfecho de la votación. Place dos semanas que, ha adquirido la nacionalidad alemana; su origen es muy modesto; sus méritos en ¡a guerra no se pueden comparar n i remotamente con los del mariscal, y, sin embargo, ha podido presentarse en contra de Hindenburg, el personaje más prestigioso de Alemania, como candidato serio y ha obtenido más de once millones de votos. ¿Qué más hubiera podido desear? S i hace dieciocho años, en la primavera de 1914, una gitana hubiese predicho a iHindenburg que pronto sería el generalísimo de los Ejércitos alemanes en la más grande de las guerras, presenciaría el derrumbamiento del Imperio, llegaría a ser el ídolo de l a nación, presidente y consolidador de la República, y que finalmente sería el candidato de los elementos moderados y hasta de los socialistas, en contra- de dos candidatos de las derechas, Hindenburg hubiera rechazado la profecía con irónico desdén. L a evolución de los hombres no se puede prever. Mutamur... Paul vo. 11 Hindenburg sigue siendo el caudillo de la mayoría de la nación alemana. Sus méritos son inmarcesibles. S u figura maciza es un refugio de estabilidad en nuestra época caótica. E l Fnchrcr de los nacional- socialistas dice que seguirá la lucha. Heü, Hitler. Sonará el grito de sus partidarios. Pero veinte millones de alemanes contestarán con un estruendo: Hcil, H i n denburg! ANDRÉS R E V E S Z
 // Cambio Nodo4-Sevilla