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Excursionistas madrileños en Málaga. Los excursionistas que llegaron a Málaga, en viaje organizado por el Patronato del Turismo, han presenciado las regatas. El alcalde y el presidente de la Diputación obsequian con los clásicos espetones de sardinas a unas bellas madrileñas atirante la fiesta marítima celebrada en su honor. (Fotos Aguilera, ¿HACIA E L P A R A SÍ COMUNISTA? H a r á cosa de un a ñ a cuando e: i estas mismas columnas señalábamos los manejos de la 111 Internacional roja en España, como en el resto del mundo, los periódicos revolucionarios exclamaban a coro: Y a salió acuello! E l coco del comunismo, agitado por la reacción para amedrentarnos con los peligros imaginarios de un c. arnbio de régimen. E s inútil. No hay comunistas en España, ni puede arraigar el comunismo en nuestra tierra (aunque Trostki, experto estratega, afirmara lo contrario) E l pueblo español hoy sólo aspira a la República, que para nosotros significa libertad, igualdad, justicia, prosperidad, todo ello compatible con el orden y el respeto a las más diversas opiniones. Y a esta lista de promesas redentoras, que se van cumpliendo a l a letra, dicha Prensa objetaba como supremo argumento que el individualismo ibérico era recalcitrante a esa organización niveladora de las masas. ¡P o b r e individualismo i b é r i c o ¡C u a n poco preveía entonces la ya tan próxima dictadura del partido socialista, convertida, en máquina parlamentaria productora de decretos draconianos! Pero en aquellas vísperas revolucionarias cualquier arma parecía lícita a la propaganda disolvente en la ciudad y en el campo. Ante todo importaba formar el frente ú n i c o para derribar a la Monarquía, y se formó, incluyendo a los elementos extremistas, enemigos del orden social. H o y sabemos que la C. N T. -a la cual debe tanto el Sr. Maciá- -y los sindicalistas revolucionarios estaban dispuestos a secundar In huelga general en toda España, caso de no haber sido victoriosas las elecciones de abril. S i n embargo, a pesan de la agitación social, las huelgas y los numerosos conflictos de carácter revolucionario que lian ensangrentado ciudades y aldeas desde hace un año, los fundadores ce esta República se niegan todavía a creer en el peligro comunista. i N o hay cuidado! L a prueba, arguyen convencidos, es que en las Cortes Constituyentes no ha podido Triunfar un solo candidato comunista; ¿Y qué? E l razonamiento es de lo m á s pueril. N o parece sino que Lenin y Trotski necesitaron entrar en la Duma para hacer en Rusia la revolución. N i que Bcia K u n tuvo que revestirse de la inmunidad parlamentaria para implantaren H u n g r í a la dictadura comunista. Pero, además, ya sólo puede negarse el peligro comunista en E s p a ñ a por obcecación o mala fe, cuando hasta un ministro de la República española ha dicho que el último movimiento revolucionario fué organizado con dinero ruso y planeado por un conocido agitador internacional. Claro está que el burgués, al recordar la rápida represión gubernativa y ver alejarse de las costas españolas al Buenos Aires, con su cargamento humano, respira ya tranquilo. ¡Aquello p a s ó! Sí, desde luego. A h o r a que aquello puede volver, y volverá a repetirse en mayor escala, según la táctica comunista. L a complicada red de sus organizaciones- -dice Mauricio K a r l en su libro revelador El comunismo en España- -se extiende y precipita por el ámbito ibérico con pasos silenciosos de serpiente. Y en efecto, esta obra inquietante nos va señalando la trayectoria de su propaganda bien pagada en los periódicos y las editoriales; el aspecto legal del partido comunista español, y al lado de eso sus fondos secretos, sus agentes nacionales y extranjeros en d i versas esferas sociales, sus células disimuladas en talleres y fábricas, y sus m é todos de infiltración entre los elementos obreros. Poco nos importa quién se oculta tras del seudónimo Mauricio K a r l ni los errores nimios en que pueda incurrir el autor de. El comunismo en España en a l gunas de sus informaciones. L o importante es el conocimiento que demuestra el autor de toda la vasta organización comunista e n nuestro país y de sus rápidos progresos al amparo de la I n ternacional roja de Moscú. Y también l a trágica perspectiva que- brinda, el porvenir si sus directores llegan algún día, según su propósito, a formar- con la C. N T y l a F A I. (Federación Anarquista Ibérica) el frente ú n i c o contra la actual República de tinte socialista. Según Mauricio K a r l l a batalla, tarde o temprano, es inevitable, y cuanto m á s tiempo pasa m á s se refuerzan los cuadros comunistas: a cuyas filas afluyen de continuo los obreros seducidos por las teorías da reparto y de violencia. A s í vemos- -añade Karl- -que a la audacia de sus organizaciones que luchan contra el E s tado opone el Gobierno una incomprensión absoluta de los problemas, igual, exactamente igual, que l a que usufructuaba el r é gimen caído. Resulta imposible comentar siquiera nuestra coincidencia con el autor del libro ea lo que se refiere a la propaganda soviética en las Universidades españolas, en la l i teratura rusófila actual, en las diversas regiones de la P e n í n s u l a y hasta en nuestra zona de Marruecos. Pero acaso lo m á s interesante es el recuento de fuerzas revolucionarias frente a la burguesía republicana y el socialismo gubernamental que disfrutamos. Vedla- -exclama- -cómo pierde efectivos por su extrema izquierda, por el socialismo, cuyos elementos se traspasan incesantemente desde sus filas obreras a las del comunismo, o se refugian en la C. N T y esta lauda, este mozimiento es mucho más acelerado cuando mayor sea la permanencia del socialismo en el Poder. Y luego a ñ a d e E l momento actual del socialismo español es trágico. Se ha suicidado, pero sin la gallardía de un MacDonald. Confieso que esta tragedia partidista, de resultar exacta, no me h a r á verter ni una lágrima. A h o r a lo que sí es de interés para la mayoría de los españoles es la angustiosa orientación del panorama revolucionario, en plazo nada lejano. Aquí no se trata de vagas amenazas, sino de un balance de cifras y de datos. Según Mauricio K a r l lo que ha sucedido ya en diversas capitales de E s p a ña no son m á s que tanteos, pequeños ensayos antes del gran ensayo general. N o s da la lista de todas las ciudades principales en las que la vida quedaría instantáneamente paralizada al decretar la huelga la Confederación Nacional del Trabajo, unida a los comunistas. Ante un movimiento simultáneo en todos los punios nombrados, afirmo que el Estado carece de medios para sofocarlo. H e aquí las consoladoras palabras que nos brinda el autor de El comunismo en España, al indicarnos el meditado plan de las futuras movilizaciones estratégicas antes de extenderse la ola roja por la Península Ibérica. Pero ya verán ustedes como tedo se arregla en seguida en cuanto seamos complacientes con el simpático L i t v i n o f e inauguremos nuestras relaciones comerciales con los Soviets. Porque ya se sabe que esta es la primera garantía de paz y ele prosperidad- -base del reconocimiento diplomático- para un Estado b u r g u é s que se avergüenza de seguirlo siendo. ALVARO A L C A L Á GALIANO