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POR PAUL BOURGET (De la Academia Francesa. XCOKTINUACION) No dijo mas. Las impresiones resumidas en ésas frases ambicisar. No estoy, como mes, exaltado y puedes responderme con toda guas habían sido tan amargas, que le era penoso insistir. Su adfranqueza. Sé por mi notario que estás al corriente del paso que vertencia correspondía bien con ciertas ideas que había despertado di cerca de mi padre. Si el impedimento a mi matrimonio hubiera en Gabriela el silencio de su hijo en aquellos ocho días; así fué venido de ti, de ti sola, hubiera vacilado antes de emplear ese meque no trató de arrancar a su marido unas explicaciones, que no dio que me daba la ley... Quería afirmártelo... Pero, con razón le hubieran dicho nada nuevo. Cuando al día siguiente entró L u o sin ella, di ese paso y obtuve el consentimiento de mi padre, ciano en el saloncillo, su madre comprendió a la primera ojeada que me lo concedió con entero conocimiento de causa, pues no le que Darrás no se había engañado. Tenía delante una persona a oculté nada de las condiciones en que se encuentra mi prometida. quien no conocía del todo. E l haber asistido a los últimos días de Estaba enfermo, es verdad, pero conservaba todo su juicio y quiso su padre, el haber ido a aquel rincón de provincia de donde venía probarme que me quería no oponiéndose a una unión que era mi su estirpe y el haber vivido aquella semana entre parientes y re- más apasionado deseo y que será mi felicidad. Si él hubiera vivido cuerdos del muerto, habían suscitado en el joven ideas y senti- dos semanas más, la boda se hubiera verificado, pero su consenmientos muy diferentes a los de otro tiempo. Gabriela llegaba a la timiento es hoy nulo y sólo depende de ti que yo pueda casarme. prueba más dura para una mujer divorciada y vuelta a casar: su ¿Confirmarás o no la última voluntad de mi padre? hijo había dejado de darle completa y absolutamente la razón. No- -No puedo aceptar la cuestión planteada en esos términos tenía ya ni aquella expresión cariñosa manifestada instintivamen- -dijo vivamente la madre, a la que la pregunta de Luciano había te en su esquela; ya no era su pequeño A su pesar acaso, era herido en lo vivo- Cuando me has hablado de perdón, creo hasu juez. Así lo leyó Gabriela en su cara demacrada, en sus pu- berte respondido como debía y muy sinceramente. No me pidas pilas brillantes y su boca trémula, y en el momento pasó al se- que vaya más lejos y que tenga en cuenta una voluntad que, para gundo término de sus preocupaciones la cuestión del matrimonio mí, nunca ha sido legítima... Y a ves que tenía yo razón cuando con Berta Planat, que tan alarmada la tenía. L a diferencia entre te suplicaba que no tratásemos este asunto, pues me fuerzas a su última entrevista y la actual quedó marcada por el hecho de decirte cosas que hubiera querido callarte. No sabes qué desgraciaque no se precipitaron el uno hacia el otro, como entonces, y por da me hizo ni cuántas lágrimas me costó que dieras el paso de el contraste entre el traje de luto del joven y el vestido de color que acabas de hablar. Dices que no lo hiciste contra mí; pero yo de la madre. Gabriela, sin embargo, se había puesto uno muy obs- no puedo aceptar que me separes de Alberto, de mi marido, de curo, pues su sensibilidad de mujer había previsto aquel detalle, ese hombre excelente al que siempre has llamado padre y que lo aunque sin atreverse a vestir luto para que no se ofendiera A l ha merecido y sigue mereciéndolo por su abnegación. ¿Quieres saberto. También Luciano se estremeció ante aquel visible símbolo ber lo que me dijo ayer mismo, cuando llegó la carta... Trata del divorcio que separaba a sus padres aun después de la muerte, solamente de que Luciano no salga de aquí para no volver Estas y respondió con voz triste cuando ella le preguntó afectuosamente: fueron sus palabras... ¡Y si supieras cómo ha aprovechado la ocasión de abogar por t i Acaso hago mal, pero quiero decírtelo- ¿Has tenido mucha pena, hijo mío. todo... H a visto a la persona con quien quieres casarte, y la ha- -Sí, mamá; más de lo que puedo decir. visto, como sabes, en circunstancias que te prueban lo que. eres- -Puedes decirlo todo... Y o puedo oírlo todo también... La para él... No podía haber hecho por ti mayor sacrificio que el ir muerte borra muchas cosas, y en el momento en que tienes una a aquella casa para salvarte. L a casualidad quiso que esa joven y él pena, sobre todo ésa, puedes estar seguro de que tomo parte en ella. se explicasen, y su impresión fué muy diferente de lo que él es- -Lo sé; pero el hablar de esto, ni aun a ti, me haría daño... peraba. Mentiría si te dijera que ha cambiado de ideas, pero sí Era mi padre, y por muchas que fueran SU 9 culpas contigo y condice que acaso la hayamos juzgado un poco de prisa. Confiesa migo, al verle morir he sentido que le conservaba un cariño que yo no sospechaba. H a muerto, tranquilamente, después de llamar que teníamos motivos muy naturales para temerla... Pero, en fin, si se nos demostrase que es realmente como tú la ves, si supiéraa un sacerdote, y, cuando éste se marchó, el enfermo tuvo un rato de lucidez en el cual me encargó de un mensaje para ti. H a querido mos que sería para ti una buena mujer, acaso yo también modificase un día mi modo de pensar. Será cuestión de tiempo y creo que te pidiese perdón en su nombre por no haber sido contigo como debía. H a podido cometer muchas faltas, pero te juro, mamá, justo que me lo concedas para darte una respuesta definitiva... A L pronunciar estas palabras, en las que se veía tan claramenque no era un mal hombre. ¿Le perdonas? Dime que le nerdouns. te su apasionado deseo de defender a su segundo marido contra Necesito que me lo digas... el hijo del muerto, Gabriela buscó en los ojos de Luciano un res- -Le perdono- -respondió sencillamente Gabriela. plandor de duda que no encontró. Por el contrario, la fisonomía Su hijo la interrumpió en seguida como si temiera cualciv e ra del joven se había ensombrecido más. No respondió al pronto y otra palabra. se puso a pasear por la habitación, hasta que se paró de repente- -Gracias en su nombre y en el mío... Luciano se puso la mano en los ojos, como para oorrrmar una delante de su madre y dijo precipitadamente y con expresión de amargura: intensa emoción, y dijo, ya más tranquilo: ¿Para qué darte tiempo... Hay cosas que no pueden cam- -Acabas de hacerme mucho bien y quisiera que pudiéramos conservar esta impresión tan dulce. Pero hay que tratar otro pun- biar. E l tiempo no hará que el señor Darrás no haya insultado a to y sería pueril el aplazarlo. E l otro día no fuimos dueños de mi prometida, y a mi al mismo tiempo, de un modo que no puede reparar. E l tiempo no hará que él no haya reivindicado derechos nosotros mismos ni tú, ni yo, ni... -no nombró a su padrastro y sobre ti a expensas de los míos, ni impedirá que yo haya tenido concluyó bruscamente- En fin, ya comprendes que se trata de que marcharme de esta casa, que no es tuya, sino vuestra... Sí; mi casamiento... ¿Es indispensable que hablemos de eso ahora? Estamos los es preciso que lo diga todo... ¿Dónde voy a pasar el tiempo que dos conmovidos y hemos sentido lo mismo sobre un asunto muy me pides? ¿Cuál será mientras tanto mi hogar? ¿Vuestra casa... ¡Jamás... No podría... delicado... No planteemos hoy las cuestiones que nos separan... ¡Luciano... -exclamó la madre levantándose y cogiendo -Ese asunto debe quedar resuelto hoy mismo- -respondió L u ciano con resolución- Además, la frase que acabas de pronun (Se. continuará. ciar, me dice claro, tus intenciones. Permíteme que. te las haga pr
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