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de funcionar con eficacia. Pobre Inglaterra; su suerte estaba echada! Grande fué, por consiguiente, la sorpresa causada en el mundo por el resultado de las elecciones inglesas. Un voto aplastante, definitivo, a favor de la tradición, de la estabilidad; una nación decidida a adoptar toda clase de restricciones y a hacer los mayores sacrificios para recuperar el bienestar y para seguir fiel a su historia, dispuesta incluso a romper con el librecambio y a abrazar al proteccionismo. Extraña nación ésta, que corría a la derecha cuando la moda era ir hacia la izquierda; nación incomprensible, que mostraba tendencias conservadoras cuando cualquiera capaz de pensar sabia que en Inglaterra no había ya conservadores. Desde que se constituyó el actual Gobierno inglés su preocupación principal ha sido el problema económico, en su doble aspecto interior y externo. Equilibrar el presupuesto y convertir en favorable el carácter adverso de la balanza comercial. L o primero se ha conseguido gracias a determinadas economías, y principalmente al admirable patriotismo de los contribuyentes, que, aunque sujetos a cargas cien veces superiores a las que tan quejosamente se soportan en otras naciones, acaban de responder a los ruegos del Gobierno con aportaciones voluntarias que anticipan en fecha las de años anteriores y sobrepasan en cuantía a todo lo conocido hasta el presente, dentro y fuera de Inglaterra. L o segundo es más difícil, porque no depende solamente de los ingleses, pero a ello tienden las restricciones aduaneras, que impuso el Gobierno en cuanto subió al Poder, y el arance que acaba de implantar con el propósito, entre otros, de conseguir un trato más benévolo en sus relaciones comerciales. A ello tiende también el enorme esfuerzo industrial que Inglaterra realiza desde hace tiempo para llegar a una producción mejorada en todos los órdenes, basada a la vez en la calidad, que siempre ha distinguido a la fabricación británica, y en él ideal de baratura y variedad perseguido con éxito en otras nacionas durante los últimos años. E l grito de Buy British que se lanzó para proteger en el mercado nacional a las industrias nacionales será seguido dentro de poco por el lema Sell British! Vended productos británicos -la bandera de una intensa campaña para conquistar mercados extranjeros. Inglaterra está sobradamente equipada para esa campaña y para todas las competencias que pueda encontrar al desarrollarla, v si algo ha descuidado ha sido la tarea de i n formar al mundo de las medidas que ha adoptado con el fin de ordenar su casa. 1 en enormes reservas de oro, acumuladas gracias al empeño de cerrar sus fronteras a las mercancías y de sólo aceptar oro en pago de deudas internacionales. Inglaterra va cumpliendo el programa que se impuso para resolver la crisis y volver a la prosperidad. Uno por uno, los llamados imponderables han sido descubiertos y ponderados, y a cada cual le ha sido aplicado el plan conveniente para llegar a resolver el problema que ofrece. E n el campo financiero, realizaron esa tarea las Comisiones de técnicos nombradas al efecto a mediados de 1931 para diagnosticar la naturaleza del mal y señalar los remedios para combatirlo; en el terreno político, la desempeñó el pueblo y el Gobierno nacionales. Inglaterra se ha trazado una ruta dura y llena de asperezas, y se ha propuesto recorrerla hasta el fin. Cada etapa tiene su nombre. Abandono del patrón oro; restricciones y economías, sensibles, pero justas; arancel de emergencia para limitar las i m portaciones anormales arancel general- -de cuyo alcance se libran, por sabia determinación del Gobierno, y a título excepcional, ciertas primeras materias- que tiene por objeto fomentar la producción doméstica y disponer de un arma para las próximas negociaciones comerciales, con los D o m i nios y los países extranjeros; y, por último, la referida colaboración de los contribuyentes, que en impuestos, sobre la renta, y tan sólo durante las siete primeras semanas de 1932, han. ingresado en el Tesoro el equivalente al cambio actual de seis mil setecientos cincuenta millones de pesetas, logrando con este enorme sacrificio, jamás conocido en país alguno y difícil de repetir en el futuro, un paso de decisiva importancia para la nivelación de presupuestos en el año de mayor crisis económica que ha experimentado Inglaterra. L a Gran Bretaña ha expuesto ya sus aspiraciones y su política respecto al desarme y a la liquidación de las reparaciones y deudas de guerra, los problemas internacionales de más interés en los momentos presentes. Su táctica económica, ya indicada mediante la imposición de aranceles que constituyen una novedad en este país, se funda, además, en j n a intensa reorganización de sus industrias; y de tal modo estará en condiciones de firmar con sus D o minios acuerdos comerciales de la mayor trascendencia, susceptibles de constituir una verdadera reorganización de la economía i n glesa. L a Conferencia de Ottawa, fijada para el próximo 18 de julio, no será un fracaso, como otras reuniones interirapériales; el fracaso es un lujo, que sólo puede disfrutarse cuando el cuerno de la abundancia derrama sus dones a raudales. U n a consecuencia probable de lo que se acuerde con los Dominios será- -aparte de la vigorización de los lazos imperiales- -el auge de la libra esterlina, con entera independencia del patrón oro, y hasta la probabilidad de que numerosas naciones unan sus monedas a la libra. Firmados esos convenios, que ya están siendo objeto de cuidadoso estudio y preparación, y no antes, Inglaterra podrá abrir, negociaciones con los países extranjeros que quieran obtener trato de favor en su comercio con este país; pero para entonces se habrá creado una situación de hecho y de derecho, a la que tendrán que ajustarse los de fuera; los mismos que en 1931 le retiraron a Inglaterra su confianza, juntamente con los depósitos que tenían en ias. arcas de los Bancos ingleses. E n esta grande y favorable evolución de la economía británica hay un hecho curioso, al que conviene llamar la atención. L a salvación de Inglaterra se opera ante nuestros ojos, no por la actuación de uno o más superhombres, sino r: or la cooperación eficacísima, laboriosa. y decidida de todo un pueblo, unido en solidaridad admirable para lograr juntamente el bien común. E n la paz, como en la guerra, el día de los grandes capitanes, de los jefes de excepcionales dotes, ha pasado ya a la Historia. H o y cuan- do hay nación, cuando hay pueblo consciente de sus deberes, además de sus derechos, y de la ruta que puede llevarle a sus destinos, el pueblo es el que actúa y el que consigue llegar a sus aspiraciones; cada uno en su puesto, y todos dedicados en alma, y cuerpo a tareas eminentemente constructivas. Los problemas de la paz, como los de la guerra, sólo pueden ser resueltos hoy por la preparación y la eficacia de una masa de hombres, unidos por un ideal común los esfuerzos de los superhombres, aun suponiendo que existan, resultan inútiles cuando no hay voluntad, ni competencia, ni solidaridad, ni espíritu de sacrificio en la masa de la nación. L u i s AXTONIO Londres, marzo, 1932. BOLÍN ABC EN CHILE U n plebiscito L a colonia española de Santiago de Chile se compone de 7.257 personas. E l detalle anterior es interesante para fijar la importancia del documento que se acaba de firmar por esos compatriotas, de los dos sexos, para ser remitido a M a d r i d al señor presidente de la República. E l texto es enérgico. T a l vez la literatura de la exposición sea lo que el señor Ortega y Gasset, el filósofo, llamaría a g r i a pero esa acritud (posiblemente, agritud fuera más puro en buena filología) se explica por el desagrado que en siete m i l españoles de los 7.257 ya dichosña producido el decreto de disolución de lai Compañía de Jesús y la confiscación de sus bienes. Y o no quiero insertar en esta crónica el brioso y claro, rudo y franco lenguaje de l a protesta española de la capital de Chile. Basta para mi objeto señalar, como he señalado, la desproporción que existe entre el total del censo, los firmantes y los que se han abstenido. L o s que no figuran cu la protesta son 257, como el lector puede observar; ahora bien, de esos 257, por su desdicha, cien no conocen el alfabeto; noventa estaban ausentes de Santiago cuando se recogieron las firmas, treinta y seis había enfermos y el resto, o sea treinta y uno, son los socialistas correligionarios del Sr. D A l v a r o de Albornoz. L a Compañía de Jesús gozó siempre en Chile de una reputación bien ganada. Los jóvenes de todas las mejores, familias recibieron de ella su educación moral y las disciplinas intelectuales. De ahí el respeto y cariño de que los hijos de San Ignacio, el españollsimo fundador de esa noble m i licia religiosa, gozaron constantemente en esta República democrática y progresista. Los hombres más eminentes de este país con todo orgullo confiesan haber pisado las aulas de los jesuítas. E l S r Montero, presidente de la República en la actualidad, que es un hombre de gran talento, de excelsas virtudes públicas y domésticas, ciudadano ilustrísimo de Chile, alumno fué de los colegios ignacianos, no siendo ello un obstáculo para que el Sr. Montero figurase en las listas del partido radical chileno, que tanto bregó por llegar a la separación de la Iglesia y del Estado, lo que al cabo se hizo, sin que ello se tradujese, antes al contrario, en persecuciones contra el Clero, en ofensas a la cristiandad del país. E l plebiscito de la colonia española de Santiago, como expresión solemne y reposada de su oposición al decreto inadmisible, es un documento revelador. Se prueba con él que España no ha dejado de ser una nación católica, como tuvo la humorada de gritar en las Cortes el Sr. Azaña. Contra esa afirmación atrevida hablan los hechos de realidal documental, a cuyo género per- tenece la protesta plebiscitaria de Santiago de Chile. EL BACHILLER Valparaíso. ALCAÑICES -Y a a fines de 1931, la situación inglesa comenzó a mejorar. L a mejoría se acusaba en indicios, en tendencias, más que en realidades tangibles y positivas; pero lo indudable es que se había iniciado. E l abandono del patrón oro causó una reacción favorable a la moneda inglesa, en cuanto estimuló las ventas de productos británicos, y, además, sirvió para demostrar que la privilegiada situación de los principales centros comerciales de este país, y la práctica legendaria de cotizar en libras esterlinas una gran parte del comercio mundial, no eran debidas a la relación existente entre la moneda inglesa y las reservas en oro del Banco de Inglaterra, sino a circunstancias múltiples y diferentes, que siguen influyendo aún después de variar aquella relación. E n efecto, actualmente la mayor parte del comercio mundial continúa haciéndose en l i bras esterlinas; pasados los primeros momentos de incertidumbre y desconcierto, Londres se afianza, y las exportaciones i n visibles- -fletes, seguros, operaciones bancarias- juntamente con los pagos en oro hechos por la India inglesa, han bastado desde principios de año para cubrir el déficit en las exportaciones visibles, esto es. para nivelar la balanza comercial, cosa que no sucedía desde hace tiempo. Varios países unen su moneda a- a suerte de la libra, y no parece tan envidiable la situación de aquellas naciones que cifran sus esperanzas
 // Cambio Nodo4-Sevilla