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La noche del sábado último fué agasajado el gran poeta li. arqw. na con una fiesta en el Palacc Hotel para celebrar su reciente triunfo de E r a una vez en Bagdad... Al acto, que resultó brillantísimo, asistieron las más significadas figuras del teatro, de la literatura y del periodismo. Eduardo Marquma expresó su gratitud a todos y dio lectura a una bellísima poesía digna de sus altos pensamientos. De la nueva comedia de Luis de Vargas, rotulada C o n cha Moreno, que ha obtenido en el teatro Pontaiba un E l iecno se compane muy rara, vez a gusto, y en torno a una mesa bien servicia, las c a lorias del yantar abundante y del libar copio so convierten los rencores en amor. L a euforia de un optimismo, que por ser lisiólo gico es absolutamente verdadero, nos despierta sentimientos de humana fraternidad; entonces vemos color de rosa el café, y ios cigarros puros de la sobremesa son como astillas encendidas del calumet de la paz. E l último banquete de la farándula no ha sido con un pretexto cualquiera, sino para honrar al gran poeta dramático Eduardo Marquina, que iodos los años, con lírico desinterés, tiende- sobre los muros desconchados de nuestro teatro- -desconchaduras que son lepra de gracia burda o de realismo exacerbado- -sus frescas y aromosas guirnaldas de poesía. Y vuela su verso, que nunca es sólo verso, sino algo m á s que es su razón de ser verso. Frescas ninfas y rosadas diosas- -las mujeres de nuestra farándula- -rodearen al bardo, y la concurrencia pluralizó la mesa del banquete, fragmentándola, formando grupos sonoros, como en el coro de una ópera wagneriana. Se bailaba entre plato y plato, y casi no hubo tiempo ni atención para los discursos, y todo fué deliciosamente absur- LMcpÁwmmñsPi! f TM e ant escena en tre (arínen Días y tmo Raso. Parece mentira; pero así es: la farándula come. Claro que no come del teatro; pero se organiza banquetes con cualquier pretexto, y es lo curioso- -aun en los malos tiempos que corremos- -que para pagar la tarjeta- -cié diez y siete a treinta pesetas- -siempre surge, milagrosamente multiplicado, aquel duro remoto, difícil e inaprehensible cuando se trata del cocido cotidiano. N o tenemos para comer en casa, pero encontramos para beber en los banquetes. H a y que decirlo todo con propiedad. L o s que nunca asisten son los verdaderos ricos: é s tos se limitan a enviar adhesiones, que a los postres oímos leer entre aplausos para honrar al avaro. P o r q u é? L a relación de adheridos debiera ser la lista negra de estas fiestas. Porque los adherentes, además, odian los banquetes; les parecen cursis, vulgares, estúpidos, y yo, la verdad, no sé de reunión que exprese mejor la camaradería alegre y cordial de los que se juntan para celebrar im triunfo ajeno. E! banquete es tedo io contrario que la envidia, porque cuando ia envidia come y bebe se convierte siempre en admiración. Desde el punto de vista hospitalario, vale m á s una mesa que un lecho. Ecos de un banquete Escena última del drama social Apóstoles, escrito por Alberto Ballesteros estrenado en el teatro Cervantes con. rotundo éxito. (Fotos Zegrí. y