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L o uno es subjetividad, y l o otro abstracción. L a abstracción ocupa un grado superior en la escala de l a i n teligencia, y adquieren la categoría de grandes hombres esos poderosos cerebros que han conseguido subyugar con sus grandes abstracciones a la Humanidad. Como Goethe, Shakespeare y Cervantes. La vida es sueño y El alcalde de Zalamea deben figurar también en la categoría de las abstracciones. N o constituyen estas consideraciones un completo estudio biográfico. Son rasgos sueltos, y nada más que algunos, escogidos entre muchos, que sirven para bosquejar unos cuantos perfiles de la gran figura. E s uno, y que reviste un gran valor para su análisis, el que se refiere a l a formación de su inteligencia. Goethe estudió en la gran universidad del mundo, y su mente no cesó de leer a lo largo de los años en el g r a n libro de la vida. L o mismo que Cervantes, con l a diferencia natural del medio y de l a época. KM Cervantes era pobre; vivió en tiempos de l a dinastía austríaca en España y de Etirique I V y L u i s X I I I en F r a n c i a caminó trabajosamente por caminos pedregosos y erizados de espinas, y, aunque conoció a los poderosos, los contempló de lejos y desde u n plano inferior, resignándose a aceptar el trato de gentes de condición inferior y a sufrir el desdén de los envidiosos. Goethe, por el contrario, se movió en l a vida con todo desahogo, viaGABINETE D E TRABAJO D E L POETA j ó como un gran señor; Voltaire y Rousseau habían muerto antes que él; presenció las escenas de l a revolución francesa, conoció a Napoleón, y en a nadie, n i aun a sus familiares. H a y que la selectísima Corte de W e i m a r (alguien ha advertir a este propósito que, tenía una teollamado a la época de Carlos Augusto s i ría especial acerca del silencio y que lo englo de L u i s X I V en f a m i l i a entre los comiaba con verdadero fervor. D e la palahombres de ciencia, poetas, músicos y filóbra solía recordar el aforismo de u n célebre sofos, algunos como H e r d e r y Schilier, él diplomático a l decir que era un don conceocupo siempre el lugar preeminente. dido al hombre para disfrazar sus sentimientos. P e su padre heredó el carácter grave y reposado, y de su madre la vivacidad y el S u trato con Carlos Augusto fué siempre espíritu despierto. E l trato asiduo ¿con los de leal amistad, cordialmente correspondida. hombres, entre los que escogía los más desE n 1808, y con motivo de lá estancia de tacados, como se diría ahora, y el estudio Napoleón en Eríurth, conoció a l E m p e r a atento de la Naturaleza, constituyó la fuente dor y a l actor T a i m a I- a entrevista de los principal de sus conocimientos. Además de dos colosos fué breve, y de ella conservó poeta fué un botánico y un naturalista emisiempre el poeta un recuerdo admirativo. nentísimo, un verdadero sabio en l a más E l conquistador corso se arrancó del pecho amplia acepción del vocablo. L o prueban la g r a n cruz de la Legión de H o n o r y él sus estudios acerca de las plantas y sus teomismo la prendió en el del g r a n pensador. rías sobre l a luz y los colores. E n su casa, que debió a la munificencia T u v o algunos periodos en su juventud de Carlos Augusto, conservaba hermosos de desenfrenada disipación, pero pronto su grabados, ricas porcelanas e innumerables afición al trabajo y, sobre todo, el influjo objetos artísticos. de las buenas compañías le hicieron reacE n cambio, su cuarto de trabajo, que se cionar. E l método lo era todo para él, así visita en W e i m a r como u n santuario, no corno el culto que hacía de la amistad, como podía ser más modesto. Iluminado por una le ocurría con Schilier y con. E c k e r m a n n ventana que da al jardín (en la estación flopero en ocasiones, sobreponiéndose a todo, rida Goethe mostraba con orgullo los rosay cuando la creación de alguna obra nueva les que él cultivaba) tenía por mobiliario RETRATO D E CARLOTA BUFF, E N QUIEN lo requería, durante días y semanas enteras una mesa de pequeñas dimensiones, dos s i ESTA E N C A R N A D A L A H E R O Í N A D E L A N O se aislaba por completo, sin ver ni hablar llas y dos enormes pupitres de madera lisa, VELA WERTHER (DIBUJO D E J H sin pintura y sin barniz, que corrían a todo lo largo de dos de las paredes, uno enfrente SCIIRODER) del otro, y sobre cajoneras en que se hallaban ordenadas las colecciones del sabio y los papeles del poeta. Delante de estos pupitres, y casi siempre de pie, escribía Goethe, colocándose en el lugar a que correspondían los objetos o los papeles que necesitaba consultar para su labor. Decía que en una habitación ricamente alhajada no podía trabajar. Y a en los postreros años de su vida su nuera Otilia le compró una butaca, pero a Goethe 110 le gustaba el mueble para leer, pues decía que lo cómodo de la postura le dejaba el espíritu inerte, y ordenó que prolongasen el respaldo a una de las sillas para apoyar la cabeza. E n esa butaca se hallaba sentado el día 22 de marzo dé 1832, poco antes de mediodía, cuando, tras haber intentado en vano incorporarse, acarició a O t i l i a encargó- a un criado que abriera la ventana para que entrase más luz. (estas fueron sus últimas palabras) y se reclinó como para dormir. Cuando su nuera- -al extrañar que el venerable anciano. no cambiaba de postura- -se acercó al sillón v i o consternada, que el coloso no existía ya. Sus cenizas reposan en la capilla del palacio de W e i m a r entre las del príncipe Carlos Augusto y las de Schilier. La obra. MEDALLA DE GOETHE, MODELADA POR V O N STIELER Goethe empezó a escribir en edad muy temprana. S u madre, que advertía su precocidad, acostumbraba a contarle cuentos, que interrumpía en lo. más. interesante, con el fin de que su imaginación supliera lo que faltaba. E r a tanta su aplicación, que todo lo aprendía sin esfuerzo. Niño todavía, y cuando estudiaba idiomas, compuso una novelita en la que intervenían siete personajes, cada uno de los cuales hablaba en una lengua distinta. Estudió mucho y leyó constantemente. E r a n sus. autores H o-