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MEFISTorSLrS, CON E L FSTUDIANTE, EN EL LUiORATORIO DE FAUSTO mero, Sófocles, Aristóteles, Corneille, R a cine, Moliere, Shakespeare, K l o p s t o c k sus lecturas, la B i b l i a los poemas clásicos, filosofía, historia, ciencias exactas, ¡alquimia! y novelas caballerescas alemanas, a n tiguas y modernas, hallándose al tanto del movimiento literario en. su país. N o es de extrañar que, dada l a fuerza de su pensamiento, con tan amplia cultura por base, su producción fuese íeelinda y lozana. Advertíase en sus primeras obras l a influencia francesa, pero pronto pasó a ser original, para convertirse en innovador. S u primer drama, Querellas de amar, era en extremo sencillísimo y del género past o r i l escribió luego Los compañeros pescadores, y la primera obra en que y a se presentó con estilo propio fué en el drama Goets de Berlinchigen. P e r o la obra que se divulgó rápidamente, y que le d i o a conocer en E u r o p a f u i la novela que tituló Leiden des jungen Werthers, mas conocida por Werther, que se p u blicó en 1774. F u é sin disputa l a que c i mentó su fama, que había de consolidarse universalmente c o n el Fausto. E s t a en realidad, fué la que absorbió su vida, y en ella, cual si fuera u n crisol, iba derramando día por día sus emociones y el fruto de su observación y d e su estudio, para recogerlo después purificado en límpidos raudales de poesía. L a idea de Famto, recogida por él en su mocedad de la vieja historia tan conocida en A l e m a n i a le atenaza y le subyuga, sin que le abandone ya jamás. E s la historia de su vida entera, vida de lucha interior del pensamiento con lo desconocido, que quiere desentrañar el secreto de la Naturaleza y que sufre y se desespera porqué no lo consigue. Escribió otras obras, muchas más. El conde Egmont, Wilhelm Maister, Ifigenia, Torcuato Tasso, sus canciones, sus epigramas, La calma del mar, El rey de Titulé y tantas más, sin contar las producciones de carácter científico, La teoría de los colores y Metamorfosis de las plantas; pero en Goethe es preciso volver siempre a Fausto, no olvidando Werther, y más en el trabajo actual, que n o tiene carácter biográfico y, por consiguiente, no exige una enumeración detallada, sino que es u n homenaje de r e cordación a la g r a n figura alemana, con motivo del primer centenario de su muerte. E n Werther, en cuya heroína personificó Goethe a Carlota B u f f, el poeta se retrató a sí mismo. Dícese que esta obra significa el desaliento del amor, de igual manera que el Fausto equivale al desencanto de la inteligencia. L o que sí es cierto es que si n o hubiera escrito más que Werther habría servido para hacer célebre su nombre. E n cambio le bastó para conquistar la inmortalidad con la primera parte del Fausto, sin que ello quiera decir que l a segunda desmerezca, cuando es infinitamente superior en belleza, de más grandiosas proporciones y digna de c o m- petir con la litada; lo que sucede es que no. se conoce apenas, y que entre la- aparición de la una y l a otra medió vm ¡lapso d e más de cuarenta años. Goethe empezó a trabajar e n su poema cuando aún no había cumplido los veintidós años; despules de los cuarenta publicó la primera parte, y l a víspera de cumplir los odienta y dos (en agosto de 1831) dijo a sus amigos que y a podía morir tranquilo, porque había terminado l a última parte, que no vio la luz pública hasta el año siguiente, poco antes de morir el poeta. E s t a dilación l o explica todo, y viene a corroborar l a idea de que Goethe fué derramando gota a gota su Vida en el poema, dando a éste u n doble interés, Y aquí quiero señalar una nueva nota de semejanza que acusa el paralelismo que existe entre C e r vantes y Goethe. E s sabido que l a primera parte del Quijote es l a obra de la madurez, escrita en la plenitud de l a edad, después de haber ido seleccionando el autor los materiales a lo largo de su accidentada vida, y que l a segunda, producto de la ancianidad, fué escrita con no mucha antelación a la muerte y se distanció también e n u n largo espacio de la precedente. En el Fausto se establece con todo vigor la diferenciación entre las tres edades, acusándose claramente en l a obra la que corresponde a la juventud, todo fogosidad y p a sión; la de l a madurez, amargura y desilusión, y l a de la ancianidad, que cuando r e viste los caracteres augustos que en Goethe, es de una suprema serosidad, todo indulgencia y todo comprensión. Goethe o la serenidad. Obsesionado sin duda por una idea, al repasar l a gloriosa carrera del poeta he i n sistido en hacer resaltar una nota, sobre la que voy a volver una vez más, y que considero como la cualidad más esencial de su carácter. M e refiero a l a serenidad augusta que preside su vida, lo mismo como hombre que LA CUEVA D E LA BRUJA É
 // Cambio Nodo4-Sevilla