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m 1 P O R P AUL BOURGET (De la Academia Francesa. ¿CONTINUACIÓN) castigo como lo estuvimos en la falta. M e hablas de valor... Ten la vida que va a hacer con ésa criatura. H a b í a s ambicionado cat ú el de ver claro y el de permitirme que yo vea. Hemos perdido sarte conmigo cuando era soltera, y entonces hubieras consentido uno de nuestros hijos, Alberto; no perdamos el otro... ciertamente en que el matrimonio fuese religioso. Sólo te pido que hagas hoy lo que Bubieras hecho entonces. Nunca me habrás dado A l hablar se había incorporado en la butaca, en cuyos brazos mayor prueba de amor... ¡Y me hace tanta falta... se crispaban sus manos. Su voz era m á s firme, la sangre había asomado a sus mejillas y en sus ojos brillaba una llama de la- -N o insistas- -exclamó D a r r á s con impaciencia- S i me h u liebre mística que D a r r á s había visto ya en aquella semana. Desbiera casado contigo de soltera no hubiera aceptado tal condición de la muerte de Chambault, el segundo marido estaba temiendo sin gran lucha interior, pues siempre he creído funestas esas conla petición a que la fe católica debía conducir a la divorciada concesiones de conciencia que prolongan indefinidamente ciertas h i vertida en viuda. Comprendió por el tono de Gabriela que sus pocresías y las peores mentiras sociales... Pero, en aquel momenenigmáticas palabras iban a traducirse en esa súplica, y preto, tal matrimonio no hubiera sido un ultraje a todo un pasado de guntó: honor y de lealtad, como hoy lo sería esa condenación pública y- ¿E l otro? E l otro es Juana. ¿Q u é relación puede haber en- solemne de nuestro matrimonio actual... ¿E r e s mi querida? ¿Soy tu amante, para que nos casemos después de haber vivido juntos? tre esa niña y nuestras diferencias con Luciano? Explícate. N o eres mi mujer y soy tu marido. J a m á s insultaré de ese modo- ¿P o r qué me hablas como si no me comprendieras? Porque a nuestro hogar... me has comprendido, Alberto; no me digas que no. N o me trates m á s como a una enferma. E l momento es grave y hemos recibido- ¡Prefieres destruirle! -dijo Gabriela con acento casi salvademasiado solemnes advertencias. Hemos perdido a Luciano porje- S i lo destruirás negándote al matrimonio religioso, porque que hemos sido culpables, yo sobre todo, que creía, cediendo a l a yo sé que no podré permanecer a q u í N o podré soportar el llevar (terrible tentación de la impía ley del divorcio. N o ha) Código tu nombre y pertenecérte sin ser tu mujer ante Dios, cuando nada humano que pueda prevalecer contra el orden divino. Ante Dios se opone a ello más que tu orgullo... L o he soportado, con gran era yo Ja esposa del hombre por el que m i hijo está de luto... dolor mío, hace algún tiempo, porque existía el obstáculo invenHemos prescindido de ello y ya no tengo hijo... Ese homcible y creía hacer cuanto podía de m i deber de cristiana- en conbre ha muerto y soy libre. Dios, que nos ha castigado, nos da diciones m á s poderosas que m i voluntad... Ahora, si sigues neocasión para reparar nuestra falta casándonos religiosamente... gándote, tendré que marcharme. ¿L o permitirás? ¿P o r qué? ¿Q u é ¡Dime que consientes, Alberto mío, y que me h a r á s tu naujer ante ultraje hay en la celebración de una ceremonia que nos estaba la Iglesia... S i no, no podré vivir, por miedo de perder también prohibida y que hoy se nos permite? ¿Q u é mancha en un matria Juana, no sé cómo... T e lo suplico en su nombre... monio que, para t i nada significa... Repito que si te niegas será- -Esperaba esa petición- -dijo D a r r á s en cuya cara se pintaba que en ti el orgullo puede más que el amor. N o quieres que tu esa tristeza que produce la recaída de un convaleciente querido al incredulidad ceda ante mi fe. epe se creía curado de una enfermedad mortal- L a esperaba y- ¿Y aunque así f u e r a? ¿Y si, en efecto, considerase yo como BO te guardo rencor, pues has sufrido mucho y es excusable que una cobardía fingir, ideas que no tengo? N o he adoptado mis conr. o veas nuestra vida a través de un prisma exacto. Reflexiona cinvicciones por capricho ni por interés, sino que son lo más proco minutos y verás que nuestra historia con Luciano no es m á s fundo de mi pensamiento y lo m á s íntimo le mi conciencia. N o que una ilación de sucesos muy corrientes entre un hijo de veinsólo tengo derecho, sino deber de obrar con arreglo a ellas, puesto titrés años y sus padres, en los matrimonios m á s católicos... E n que son, para mí, la verdad. Casarme en la iglesia cuando estoy cambio no creí que me h a r í a s esa petición en nombre de nuestra casado legalmente hace doce años es reconocer al catolicismo un hija. ¿N o comprendes qué significación tendría para esa niña un valor que no tiene. E l dar la mano a un hombre no es m á s que matrimonio religioso entre sus padres? M i protesta cuando me d i un ademán, pero no. le hago si desprecio a ese hombre. N o me jiste el otro día que no estamos casados no era sólo por mí, sino digas que es otro ademán el comparecer ante un sacerdote, pues por Juana. Casarnos ahora canónicamente sería declarar que el ese ademán implica la adhesión a un dogma falso, a una jerarquía matrimonio civil no es un matrimonio y, por consecuencia, que mentirosa y a unas prácticas funestas. Y a es demasiado que una nuestra hija no es legítima. Confiesa que no has pensado en esto... promesa, arrancada a mi amor, me obligue a consentir que mi hija- -Demasiado lo pienso, y tiemblo de terror por ella... crezca entre tales errores... N o trates- de abusar de m i lealtad el ¿Y no ves que es insensato, por no decir m á s considerar como ese punto. Bastantes motivos reales de pena tenemos para que nos culpable el nacimiento de esa niña, sobre cuya cuna. hemos camcreemos otros imaginarios. biado palabras de abnegación, de fidelidad y de ternura? -N o es esa tu última palabra, Alberto. Con tus ideas de jus -Lo que veo y lo que sé es que no teníamos derecho de teticia y de tolerancia no puedes impedirme. creer porque t ú no crees. nerla... ¿C u á n d o te lo. he impedido? -respondió D a r r á s con acritud. -N o te permito hablar así ni en el extravío de la pena... G a -Me lo impides obligándome a v i v i r contigo en relaciones que briela- -dijo D a r r á s con una irritación que ya no podía dominar- mi religión prohibe. recuerda nuestra sagrada emoción cuando me dijiste que ibas a. ser- -Y t ú ¿qué haces pretendiendo imponerme un acto que mis madre... Recuerda los sueños que hemos acariciado aquí mismo principios reprueban? acerca de ese hijo... Debía ser. una niña, en l a que cifraríamos ¿Cómo puedes comparar los dos casos? S i t ú me sacrificas nuestra alegría y nuestro orgullo... Recuerda nuestra pena al ver lo que no es para ti m á s qué, u a cuestión de forma, continuarás que no teníamos m á s familia... ¡Y ahora... lo mismo tu vida. Mientras que yo, si persisto en seguir contigo- -Ahora- -interrumpió Gabriela- -no tengo ya tal alegría ni tal como tu mujer, no siéndolo- -poímie no lo soy, no lo soy, ¿entienorgullo, es verdad... M e he humillado al castigo y estoy quebrandes? me encontraré iuera de la Iglesia, me estarán prohibidos tada para lo que me quede de vida. De ti depende que tenga un los sacramentos y no podré tener v i religiosa... T e lo repito- -dijo poco de consuelo en esta miseria. L o tendré si poseo la paz de con sombría desesperación- no podré soportarlo y me marcharé. conciencia por los sacramentos, si confieso, si comulgo y, sobre -Y bien- -respondió D a r r á s fuera Je sí- te marcharás, pero iodo, -si puedo besaros a mi hija y a ti sin remordimiento. Necesito fuerza para soportar la idea del rebajamiento de mi hijo y da (Se continuará. á? FT inr n i ii ni iir r n