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ABC E N N U E V A YORK En Nueva York se come muy de prisa mucha carne, se toma mucho jugo de frutas y se bebe mucho alcohol, muy malo y muy caro N o puede decirse que en Nueva Y o r k se come mal, pero decir que se come bien es muy aventurado. De todas maneras, se puede asegurar que- se come quizá poco cada vez que se come; pero se come muy a menudo. N o existen en Nueva Y o r k como en España, menús de varios platos; eso aquí es desconocido. Se come en Nueva Y o r k respecto al número de platos, como en Aleman i a es decir, un plato fuerte claro que ese plato fuerte está compuesto de una porción de cosas en derredor de un trozo de carne hay toda una colección de verduras y. féculas, tan bien distribuidas que ya los platos que se sirven en los restaurantes están divididos por construcción en departamentos para la carne y para las diferentes verduras. N o se le da, aparentemente, importancia a l a comida, y, sin embargo, observando la vida de Nueva Y o r k se comprende que la comida es l a arista que dos veces al día dobla la vida de los neoyorquinos. E l lunch se toma de dos maneras: o en los pequeños restaurantes, donde las mecanógrafas van y se sientan, almorzando rápidamente y por poco dinero; esos restaurantes en los que se toma al entrar un ticket y al salir se paga en la caja según los taladros que la camarera hizo en el ticket; en las cafeter í a s como se llaman muy españolamente los restaurantes baratos, en los que se sirven los clientes siempre por el sistema de los tickets; en los automáticos en los que, hay que echar monedas en ranuras para recibir fiambres, o en los restaurantes propiamente dichos independientes o de hoteles. E n los restaurantes y Clubs hay una cart a inmensa, siempre la misma, llena de platos que se escogen; unas veces para comer a la carta y otras con menús de un precio fijo, con derecho a escoger varios platos. É n los Clubs, como en los vagones- restaurantes, se hace el pedido escribiendo lo que se desea en un boletín. Se comen muchas ostras, ostras grandes, inmensas, que se presentan sobre hielo y que se sumergen en un vasito lleno de salsa de tomate picante. Se toma antes de comer jugo de toronja o jugo de tomate o toronjas, ya con los gajos desprendidos, servidas sobre hielo. Aquí se come mucha carne. Según las estadísticas de Nueva Y o r k se consumen diariamente nueve millones de huevos frescos. También se come en las droguerías. Las droguerías en Nueva Y o r k son algo muy típico. E n ellas se venden, ante todo, helados y sandwiches, periódicos, libros, peines, papeles, se revelan placas fotográficas y probablemente se venden también drogas. H a y en todas ellas mostradores con taburetes altos, en los que se encarama el público para tomar, café y fiambres. Aquí se invita siempre. Para tratar de cualquier asunto hay que invitar a comer, y, ¡claro! se es reinvitado. Las invitaciones son siempre en restaurantes y en Clubs. Hay grandes restaurantes, carísimos y muy elegantes, frecuentados por un mundo especial y elegido de millonarios y grandes entretenidas. E l de Lafayette. Brevoort, Cavanagh s, Algonquin, Ritz, W a l d o r f- A s toria, Plaza, Ritz- Tower, Saint Regis, V o i sin, Sherry, Marguery, Claremont y otros. H a y después una categoría de restaurantes llamados cldlds, que en todo Nueva Y o r k ofrecen comidas a precios asequibles y tie- nen cierta categoría. Luego están los extranjeros propiamente dichos, típicos, como los italianos, los españoles, mejicanos, alemanes, húngaros, turcos, indostánicos, armenios y chinos. H a y para todos los gustos y precios. E n todos los restaurantes lo primero que se sirve al cliente apenas se sienta junto a una mesa o se acerca a un mostrador es un vaso de agua con hielo E n general, se come con agua y con café, que se sirve ya de antemano, y se va bebiendo a sorbos durante la comida. Pero en muchos restaurantes, donde se es conocido, se bebe francamente vino, que los maitres se encargan de proporcionar al parroquiano, cargándole, naturalmente, el precio de algo clandestino E n muchos restaurantes italianos, de media categoría, se sirven vino y licores y cock- tails sin tapujos, yendo acompañado, la primera vez, con alguien conocido. Y por último, en los llamados spcakeasy (que significa habla bajito se sirve todo el alcohol que se desea; pero ios speakeasy merecen una crónica para ellos solos Todos los habitantes de Nueva Y o r k llevan en los bolsillos una botellita aplastada llena de coñac o whisky, y apenas encuentran ocasión lo beben, puro o mezclado con ginger- ale. E n los cabarets y sitios de diversión se bebe el l i c o r que se lleva, sin perjuicio de pedir allí l i c o r cuando se necesita. De tal manera está bien organizado ese servicio, que desde un cabaret se puede telefonear a su boctlegger, y pronto el proveedor de alcohol lo l eva a domicilio o al cabaret, -o donde se le indique. Y el alcohol que se bebe en Nueva Y o r k es muy malo; malísimo; agudo, infame. Se sube a la cabeza en seguida. Llegando a Europa se comprende que aquello es veneno puro, que necesariamente ha de destrozar el organismo. Pero los que viven aquí dicen con una seguridad absoluta: -E s o lo observa usted porque acaba de llegar de E u r o p a pero cuando pase algún tiempo se acostumbrará a este alcohol, y lo encontrará, como nosotros, excelente. Y ahora comprendí bien que, a. 1 preguntarle yo al jefe de Policía, en mi reportaje, su opinión sobre l a prohibición me contestara ¿Vamos a no hablar de eso? ¿Quiere? ADELARDO F E R N A N D E Z yj íinuni i iiifliinÉ jl L a fe hace valiente al cobarde, audaz al tímido, enérgico al débil. De todas las fuerzas, de todas las energías, la fe es la única capaz de hacernos invencibles. Creer, creer en algo, con fervor, con entusiasmo, con pasión! Sentirnos sostenidos por interna seguridad más fuerte que todos los obstáculos! E l que tiene fe, en sí o en los otros, tiene esperanza; con esperanza se tiene caridad. S i tenemos fe, poseemos la palanca, y no necesitamos sino el punto de apoyo para mover el mundo. Leyendo un. artículo muy interesante de Honorio Maura, el primero de los por él publicados en A B C, pensaba yo todo esto. Como todo escrito interesante, hallábase lleno de sugerencias, y evocaba en nosotros hechos y figuras de valor humano. Conforme con su idea de un posible caudillo; conforme con que no será, quizá, n i n guno de los que bullen, ni en la República, ni en la Monarquía, ni en el socialismo, ni en el comunismo; que saldrá no se sabe de dónde, y vendrá no se sabrá por q u é ni Napoleón, ni Colón, ni I ñ i g o de Loyola, ni Washington, ni Robespierre, ni Lenin. tenían los ojos de las multitudes fijos en ellos; surgieron... porque tenían que surgir, porque fueron como encarnaciones de ideas y sentimientos que flotaban en el ambiente, plasmados de modalidades a que los pueblos habían llegado en su evolución. Pero todos tenían fe en sus ideales, fe en su concepción de l a vida. N o se trata de fe religiosa, ni en una fórmula social en modalidades, sino fe, así, rotundamente, en una idea y en su predestinación para realizarla. N o eran gentes bien avenidas con su bienestar ni con la esperanza puesta en miras egoístas, dispuestas a inmovilizarse una vez logradas, sino que se consideraban como instrumentos de una justicia suprema, divina o humana. Fe l a tuvo Maura, y la tuvo Pablo Iglesias, y la tuvieron Cánovas y Canalejas, y Salmerón mismo. Y subiendo m á s saltando fronteras, y años, y terrenos, l a tuvieron Cisneros y Bismarck, Garibaldi y los héroes de la epopeya de la independencia española, y Carlos M a r x y el mismo Clemenceau. Pero no la tuvieron los generales del Imperio, ni los primeros hombres de l a revolución rusa, ni los del Directorio español. Cuando nos mueve un ideal limitado, o una ambición personal, o utt. odio, o una envidia, no hacemos nada, porque, si bien el primer impulso nos da la victoria, una vez en posesión, como es nuestro bien i n dividual, toda la fuerza se nos va en defenderlo. A h o r a en E s p a ñ a Lerroux ha sido un hombre de fe y entusiasmo, pero tardó mucho en llegar, y no sé si ha perdido confianza. N o sé dónde leí estos días que, como el héroe de Quevedo, para que le siguieran andaba delante. N o eso no. P a r a conducir a las muchedumbres es preciso hacer que sigan ciegamente, sin pensar ni discutir, como el imán arrastra al hierro; andando delante o nos arrollan y somos un fantoche gesticulante que va inconscientemente. Y L e r r o u x vale demasiado. ¿L o s Maura? V a len mucho, no los tres por igual; pero, además del lastre que representa un hombre que pasó a la inmortalidad, ninguno tiene fe. ¿L o s socialistas? H a n llegado poco a poco y son demasiado burgueses, en el sentido que han probado las delicias capuanas; no son bastante obreros; de éstos les falta, no la tosquedad ni la violencia, el sentido del valor de la vida que da el cotidiano dolor en la lucha. Y en España, país de los hombres de poca fe, hace falta el hombre de recia e inquebrantable fe que todos esperan como la venida de un Mesías. ANTONIO D E H O Y O S Y VINENTM ARIAS LA F E Q U E TRANSPORTA LAS MONTAÑAS Ahora, ante la indiferencia atroz que aqueja a los hombres, creo que el más propio apostrofe que pudiera dirigírseles, aquél que encierra en sí todos los demás, es hombres de poca fe. Dije, hablando de las urbes heroicas de Castilla, que en la vida precísase la fe; fe en algo, en Dios, en los demás, en nosotros mismos. Sin fe $i mos unos pobres fantoches, que se tambalean, caen, se levantan para tornar a caer sin fuerzas ya para volver a levantarse. APOLINAR. Infantas, 1 ILOSiRYATOR Z zMDetiene la caída del pelo Disuelve la caspa. Evita la calvicie desde la primera loción. Frasco pequeño, 6,20. Perfumería Marees. Corredera baja, 1 9 -Madrid.
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