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N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO TAVO. VIGESIMQC y NUMSROEXTRAORD I N A R I O 20 f E N T S AÑO V 1 GESÍM. OC- TAYO. LA P L A Z A orillas del Guadalquivir, m i r á n d o s e en. el caudaloso río, en cuyas linfas se refleja, y é r g u e s e l a plaza de toros de Sevilla, con el prestigio señorial de la tradición y la leyenda, que, con l a plaza de Ronda, monopoliza en ia historia de l a fiesta m á s nacional. E s el lugar del emplazamiento, no solamente de los m á s típicos de la metrópoli andaluza, sino también de honda raigambre en la t o p o g r a f í a de la literatura clásica. Cervantes hizo discurrir por él a a l gunos de sus personajes. Lope de V e g a lo ensalzó amorosamente en su preciosa comedia El arenal de Sevilla, diciendo: -Famoso e s t á el A r e n a l ¿Cuándo lo dejó de ser? -No tiene, a m i parecer, todo el mundo v i s t a i g u a l T a n t a galera, y navio mucho a l B e t i s engrandece. -O t r a S e v i l l a parece que esta fundada en el rfo. DE T O R O S DE S A P l a z a de piedra, redonda, orgullo del B a r a t i l l o surjíe de tu arena honda l a sombra (le P e p e- í l i l l o E n el A r e n a l y al sitio llamado a n t a ñ o Malbaratillo, donde los de Monipodio vendían los frutos de sus r a p i ñ a s se empezó a construir en la primera mitad del s i grlo XVIIT. la plaza de toros de Sevilla. C o n anterioridad, las fiestas taurinas y las ecuestres se celebraban en la plaza de San Francisco, de las que se conservan F A C H A D A I E L A P L A Z A D E T O R O S D E S E V I L L A muchedumbre de relaciones, ya en prosa, ya en verso, ya en verso y prosa, prueba de la gran afición y del entusiasmo que los sevillanos sintieron, hoy como ayer, por estas fiestas, organizadas v favorecidas du- LA PLAZA. DE TOROS D E SEVILLA ANTES D E LA ULTIMA REFORMA (1915) rante siglos por el Ayuntamiento, a quien r e c u r r í a n algunos modestos lidiadores, -como Juan Guardíola en el siglo x v i para que la ciudad le costease las prendas destrozadas por un toro en uno de los- festejos. No he de s e r y o quien dipute a S e v i lla por cuna de la tauromaquia pero sí puede afirmarse, sin temor a ser desmentido, que en esta ciudad se dio la pauta y se ensayaron por vez p r i mera suertes y estilos que formaron escuela en la historia del to v L reo. P o r eso, sin duda, oficialmente se enseñó en Sevilla el arte de torear. E r a pues, casi obligado, o, mejor dicho, necesaria, la construcción de una plaza de t o r o s cuando la habilidad de correrlos se empieza a convertir en arte utilitario para d i e s t r o s chulillos y demás m i nistros de la fiesta, desviándose al par de ella los caballeros que durante siglos la acapararon. S i n embargo, es en Sevilla una C o r poración de caballeros, la M a e s t r a n z a quien alza la m á s clásica y gloriosa plaza de toros. E n un principio, al alborear del siglo 5 X V I I I fué la plaza de
 // Cambio Nodo4-Sevilla