Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. M A R T E S ag D E M A R Z O DE 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 1 INFORMACIONES Y NOTICIAS! TAURINAS E n S e v i l l a L a gran corrida de inauguración. E n M a d r i d O r i e n t a ciones. E n Tetuán: Expectación defraudada. T o r o s en Barcelona, M u r c i a y Zaragoza. Encofras plazas. N o v i l l a d a s EN SEVILLA cierto maestro de la crítica torera: y entre ellos nos complacemos en citar al primero y los dos últimos. E s posible que el segundo meneara la cabeza más de lo que convenía a su misma comodidad, y hasta es posible que no entrara del todo bien a la muleta; pero si algo- -muy poco- -hubo de mal natural, se redujo al sexto, reservoncillo e hipocritón. Con los caballos cumplieron como estos podían desear: no les sacaron nf un solo epiploon, L a gran corrida de inauguración Alejado por una temporada de las labores propias de su sexo, el cronista no judo oportunamente expresar su tribulación- -palpitante, desde luego, en lo profundo de su l- -j t o a la motivada en el espíritu de sus dignos compañeros por la venida a menos de las tradiciones del circo de la Maestranza. Conste ahora que comparte con toda sinceridad el pesar de los colegas. H a estado mal, deplorablemente mal, el preparar para la campaña taurina el pórtico chiquito y modesto de una novillada en vez de erigir el arco suntuario de la acostumbrada corrida de toros. Así, los usos de la plaza ilustre se han depauperado de un modo lamentable, y sus asiduos lian perdido- -por primera vez en Domingo de Pascua- -la clásica ocasión de enronquecer en fuerza de denostar a los toreros cumbres. Porque, a un tierno matador de novillos, joven e inexperto, ¿habrá corazón bastante duro para apostrofarle con severidad? Con el cronista, por lo menos, que no se cuente para ello. Consignado yafnuestro amargo disentimiento de la táctica pusilánime adoptada en vista de las circunstancias por el Sr. Abascal, pasemos a exponer un ligero juicio sobre la fiestecilla inaugural. M u y bonitos los ocho novillos- -porque eran ocho, para que la depauperación aludida durase más- -de doña Carmen de Federico. U n poco desiguales de tamaño: los cuatro últimos, o sea los del segundo tiempo, parecían mayores, o tal vez los agrandaba el tedio progresivo del que los veja. Todos, romos de un asta- -la izqtiiekla o la derecha- salvo el último, que hrzo el resumen y expuso el criterio de ía bimogoneidad, que los toreros- -nos figuramos nosotros- -apoyaron con profunda simpatía, Los ocho se produjeron discretamente en la vida pública, con agresividad bastante menos violenta que la de los concurrentes al mitin socialista de la mañana. Nuestra compatriota la señora Nelken- ¡si uno pudiera escoger su auditorio! -los habría encontrado mil veces más fáciles de catequizar. Algunos tuvieron condiciones verdaderamente envidiables- -que dijo a m a? un M o m e n t o de s e r h e r i d o p o r e l sexto to ro el N i ñ o d e l M a t a d e r o H a y q u e h a c e r c o n s t a r q u e t a m b i é n el N i ñ o d e l M a t a d e r o h a bía h e r i d o antes a l toro. E l picador. ¡Supongo que yo cobraré p o r p i c a y p o r h a s é este n u m e r i t o! E l Niño del Matadero, toreando villosamente c o n e) c a u o t mara- Los novilleros no estuvieron mal; mas tampoco se comportaron muy bien. Habrán de hacer más para pasar a la primera liga, una vez en l a cual podremos meternos con ellos cuanto se nos antoje. De verdaderamente notable sólo vimos la magnífica manera de ejecutar Rebujina el vuelapiés para vulnerar al que abrió plaza; unos soberbios lances de capa del Niño del Matadero, y las descomedidas muestras de regocijo expresadas por cierto caballo blanco- -alegre y extrañamente saltarín- -cada, vez que un novillo lo tocaba. S i lo hubiese visto nuestro compatriota el Sr. Krone, lo habría tomado a su servicio... E l torero gaditano poco hizo digno de loa, aparte de lo apuntado. Se ciñó y adujo cierta graciosa elegancia al capear a su primero; sólo que faltó el reposo de la planta, lo mismo que en la faena con el trapo roio, muy inferior a la que el amable bicho merecía. E n la primera entrada envainó el estoque, y luego vino la gran estocada de que queda hecha elogiosa mención. E n el quinto, grisáceo y vulgarcete, con el aliciente de un desconsiderado empujón que, cuando pasaba de capa le d i o el torete con el arma descargada. E l Niño del Matadero manejó el capote- -sobre todo en el segundo de la tarde- -con la gracia, la seguridad, el arte y el dominio en que hoy no tiene par- -aquí está quien lo dice; i qué pasa? Sorprenden su soltura y su mando, y es excepcional ese imperio sobre el bruto- -con perdón sea dicho del i n teresado- -con que de capotazo a capotazo le conquista el terreno al impulso sabio y artista que mueve el engaño. Manuel del Pino reúne, además, en su estilo, un ángel, un garbo y una pasión de que no hallamos ejemplo entre los más inspirados seguidores de la escuela de Belmonte, los cuales han umdo siempre una evidente frialdad a lo templado- ¡paradojas! -de su toreo. Como siempre, el resto del trapajo de este Niño desmereció en lo demás. Ninguno de sus enemigos era suave para la muleta; mas el bailó como en concurso de resistencia y no dominó ni tanto así. Con el acero, medianejo. E l sexto, que ya iba a doblar, rectificó el propósito y se le fué encima, con anhelos vengativos, arrollándole y lastimándole. E l muchacho pasó al taller de reparaciones y no volvió a salir. Salvo en la delicada operación de estoquear- -en que cuidó del físico más de l a cuenta- -el Palmeño I I estuvo valiente y a n i moso; pero torpe, muy torpe. Aguanta poco, y en el ruedo hay que aguantar muchas cosas; quita el trapo antes de tiempo, y siempre tiene al toro encima, lo cuál es de una incomodidad indudable. Hasta para torear en Sevilla por Pascua de Resurrección hay que saber más... Todavía nos queda el Niño de la Puerta Real... E l Niño de la Puerta Real ejecutó algunas verónicas con ceñimiento y torería; adornóse en varios quites; clavó, llegando con majeza, dos buenos pares de banderillas, y al dar los primeros muletazos al octavo novillo se produjo con quietud y salsa torera de que, no sabemos por qué, abdicó en el resto de la faena, realizada por delante y sin ganas de torear de verdad. S u trasteo en el tercero valió poco, y poco asimismo su labor mortífera. N o estuvo mal, pero hay derecho a pedirle que ponga más esmero en lo sucesivo. Unos buenos puyazos de Chavito, y tres magníficos pares colocados por Ponce, fueron lo sobresaliente en el trabajo de los subalternos. O s e l i t d ¡M i r a q u e esto es lo g r a n d e! ¡Q u e y o n o p u e o h a b l a c o m o n o ten ¿c u a t r o c o p a! ¿Y quién dise que l o s espada m a t a r o n a l t e r n a n d o p a que se c r e a n q u a estaban bebiendo?
 // Cambio Nodo4-Sevilla