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que pudiéramos llamar, sin impropiedad, mano de obra, sino ¡a: la naturaleza de la novela, que es pobre ide intriga. Realmente, allí no ocurre nada que pueda interesar grandemente. Es un dúo amoroso que se prolonga, sin las peripecias dramáticas que busca el espectador en el cinc. E n la novela, de tipo stendbaliano, esa falta de emotividad externa está compensada por aciertos psicológicos innegables, que echamos de menos en las obras posteriores del mismo escritor. Claude Anet, que había residido muchos años en Rusia, como profesor, adquirió allí una experiencia del carácter y de la mentalidad eslavos, que culmina en Ariaua, mocita rusa, y que palidece un poco en sus otras novelas. MANUEL BUENO rado en la comedia, que señorea buena parte de la acción. Comedia de alta sociedad y destacadas elegancias, animado y sugestivo cuadro, que distrae y aminora, con sus galantes episodios, donde se funden lo romántico y caballeresco, la tensa atención del espectador, agudizada por los efectos de impresionante realismo, que se producen en la película con signos de evidente autenticidad en aquellos arriesgados vuelos que se extienden hasta la zona s i lenciosa y glacial del Antartico. L a incitante belleza de F a y W r a y y su penetrante sensibilidad visten con auténticas galas la figura centro de la comedia, a la que aporta Ralph Graves su inteligente concurso. A l público le gustó sobremanera l a nueva película del Callao, y la demostró con sus expresivos aplausos. -G. ESTRENOS E N MADRID Palacio de la Prensa: ¡Viva la libertad! E s un film de Rene Clair. U n a poderosa Empresa editora puso en moda hace algún tiempo una fórmula semejante para rematar la propaganda de sus películas; orgullosa de su savoir faire, creía m á s eficaz mencionar la procedencia que el título. A l g o parecido sucede con las películas de este eminente director francés. E l público, que recuerda el éxito alcanzado por Rene Clair con Sous les toiis de París, responde siempre que ve anunciada una nueva producción suya. E n ¡Viva la libertad! ha querido su realizador hacer alarde de algo cuya ausencia en sus films precedentes quizá le hayan censurado, entre desdeñosos y compasivos, los productores de otros países. Rene Clair ha logrado una película perfecta, moderna, cuya acción puede tener por sede cualquier punto del Universo civilizado y mecanizado un film desprovisto en absoluto de lo que pudiéramos llamar olor a choucroute, color local, que es la nota predominante en Sous les toils de París y El millón. E l asunto, breve y no original en el cinema- -el ansia de libertad y de independencia en los seres humanos- que tanto se presta a la exhibición de armas de fuego y de trucos policíacos, está visto aquí de una manera distinta por completo. L o que otro cualquiera habría convertido en drama, R e ñ í Clair lo presenta con una gran sencillez, huyendo siempre de la pincelada patética de tan fácil acceso a la emoción. Un discreto proceso sentimental aumenta el interés de la obra, pródiga en detalles agudos y pintorescos, que revelan una vez más el lino instinto de percepción y la sutileza de espíritu de. su autor. E n suma, un nuevo triunfo de Rene Clair, al que coadyuvan admirablemente Rolla France, H e n r i Marcharía y Raymond Gordon, y un éxito seguro de taquilla para el Palacio de la Prensa. -A. M. Palacio de la M ú s i c a T o d o por el aire y Politiquerías Fueron dos las cintas que se estrenaron en el Palacio de la Música el sábado último. Todo por el aire es un film divertido- -el. aire es la T S. H en el que W i l l i a m Haines nos ofrece gestos y trucos inéditos de su versatilidad conocida y de su legendaria inconsciencia. W i l l i a m Haines, que acaba siempre por ser reconocido como un buen muchacho, llega en esta ocasión a mostrarse casi heroico- -en un asunto de bandidos- -y conquista así el amor de una mujer que no se le daba por el método de la charlataneríaL a película es agradable, y, sin ninguna preocupación de técnica ni de originalidad, cumple la misión para la que, por lo visto, fué lanzada al mundo por sus productores. E n Politiquerías Stan Laurel y Oliver H a r d y nos ofrecen una nueva versión de sus desdichas conyugales, agravadas por un antiguo desliz de Oliver, que se alza de continuo ante él, como un fantasma, por el antiguo y alegre procedimiento de l a fotografía de playa. Continúa siendo Oliver el hombre autoritario y empequeñecido al mismo tiempo; estrepitoso, irascible y manso. Ñ o podían faltar las escenas de teléfono, tratándose de un artista especializado en las angustias de auricular. Continúa mostrándonos Stan Laurel su espartanismo y su fidelidad de amigo en los conflictos m á s terribles. L a pareja conocida busca la desopilancia de la muchedumbre, sin reparar en medios, y lo consigue no pocas veces, de una manera especial hacia el t é r m i n o de la cinta... N o se ha hecho nunca nada m á s graciosamente absurdo para intentar la desaparición de una mujer que estorba. Estos dos actores no han llegado en Politiquerías a alcanzar el éxito de varias de sus locuras anteriores. Pero el film enhebra muchas veces- -alegremente- -la risa del público, y como novedad se intercalan en la cinta algunos números de music- hall de verdadero mérito. U n excelente programa cómico, en suma. M, vana, y fragilidad, merecías tener nombre de v a r ó n L a fragilidad de este caballero trae un drama a su hogar, poniéndolo a punto de derrumbarse. N o se derrumba, precisamente, porque la mujer- -está d e l i c i o s a L e i l a Hyams, en su papel de Connie- -no es frágil, y porque Adolfo Menjou- -el gallo con patas de ídem de Adolfo Menjou- -ha dejado va de ser frágil... por triste privilegio de ía edad. Aunque intenta un flirt con la u l trajada esposa, se aviene luego al papel de reconciliador de los cónyuges. E l tema principal de este film de la M e tro es el del divorcio. A Norma Shearer la vimos recientemente en La divorciada vivir un papel semejante. A nesar de lo manoseado del argumento, adquiere novedad y atractivo por la maestría del desarrollo y por la admirable labor de los i n t é r p r e t e s las dos parejas de casados- entre casados -y el solterón perpetuo de Menjou. E l film gustó al público. -A. C. Alkázar: M i l i c i a de paz L a vida de cuartel, en los ocios que i m pone la paz, y los incidentes cómicos que se derivan de l a instrucción de los soldados bisónos incorporados al servicio rnüitar han constituido siempre una pródiga cantera para l a extracción de situaciones incitadoras de la risa, que han sabido explotar los escritores, en el libro y en el teatro. Milicia de paz tiene sus próximos antecedentes escénicos en aquellos juguetones Militares y paisanos y en El regimiento de Lupión, que tanto regocijaron, en su tiempo, a nuestro público, y gira alrededor de las costumbres militares y de las cosas cuarteleras que al ser reflejadas por l a cámara, en su moderno ambiente, adquieren sabor de novedad. Como en casi todas las películas alemanas, se advierte en esta producción, proyectada en el A l k á z a r una depurada d i rección artística, que abarca desde la postura escénica, cuidadísima en todos los detalles, hasta el logro de animar a cada uno de los personajes con artistas que saben comunicarles expresión de viva realidad. Las tribulaciones del joven astrónomo Braiton, durante su breve vida de recluta de cuota, y las ingeniosidades que pone en juego su compañero Zap para sacarle de apuros constituyen la trama, en la que, como es natural, Cupido desarrolla toda su influencia por medio de las novias de los Martes en agraz H a y en la película bellos efectos fotográficos, especialmente en la representación de las maniobras militares, y la parte sonora es agradable, destacándose una canción militar de ritmo fácil y pegadizo. C. V. F í g a r o E r a n trece ...Pero el número baja considerablemente iinte los asesinatos de que es víctima el grupo excursionista que en viaje turístico recorre el mundo. Película policíaca muy entretenida y emocionante. Como todas las de su clase, hasta el final nadie pnede saber quién es el asesino, sospechando de varios personajes al mismo tiempo, por lo que el interés aumenta hasta el desenlace. H a y de todo en el film. Recorremos varios puntos del mundo con los viajeros. E l amor también tiene su puesto de honor en la bellísima A n a M a r í a Custodio. Y a pesar del fondo dramático de toda la cinta, dos deliciosos personajes, Charlie Chan, el inspector de P o licía, encarnado maravillosamente por M a nuel A r b ó y un tipo secundario, un excursionista anónimo, Miguel Ligero, se encargan de que el espectador ría francamente aun en los momentos m á s graves. E n suma, una película que el público que llenaba el F í g a r o acogió muy bien, esperando el desenlace con verdadero i n terés. Callao: E l dirigible Las proezas aviatorias, los m á s espectaculares sucesos de las intrépidas águilas humanas en sus ahincados afanes de conquistar el espacio como un mundo nuevo, han sido registradas por la pantalla y en constante superación. Difícil era, pues, aventajar lo ya conocido, y, sin embargo, se ha logrado con perfecta traza, al realizar ahora lo que parecía imposibleEl dirigible se ofrece a nuestra vista como una obra considerable, feliz concierto de cuantos elementos pueden hacer interesante, emotiva y bella, por la variedad y riqueza de sus motivos, una producción c i nematográfica. Se agrupan en El dirigible, perfectamente armonizados, lo científico, técnico y espectacular, y lo imaginativo, estructu- Avenida: E n t r e casados N o vamos a quitarle la razón al m á s grande de los W i l l i a m Fragilidad tiene nombre de mujer. Pero merecía tenerlo de hombre. Es cierto que algunas señoras son frági Ies, ¡pero mira que los caballeros... Bien se conoce que fué el hombre el que hizo la adjudicación de esta debilidad. Algunas damas, asediadas por el hombre, caen. Algunas. L o que no sabemos es de ningún hombre que, asediado por la mujer, no haya caído. Y esto es lo que pasa al buen Norman Foster de la película estrenada últimamente cu el Avenida con el título de Entre casados. L e pone los puntos una señora casqui-