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DIARIO DO, ILUSTRAVO AÑO: v ¡GE 1 L m v 1! P f i 3 -w v DIARIO D O ILUSTRAVTGE- S i M O CTA 10 C T S f M t l M E R O FUNDADO J L j márf -Vl 0 CF j -3 M CJ. AV O NUMERO E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. TORQUÁTO L U G A D E T E N A NUEVAS I N T E R P R E T A C 1 0 N ES L o s proyectos danubianos Se habla mucho de la Conferencia danubiana. Aquí en; Ginebra es tenia de conversaciones entre los políticos representantes de los países jjUe han tomado la iniciativa, y, según pare; c, es eí presidente- del Consejo de Francia M Tardieu, quien dirige- la acción. ¿E n q u consiste el proyecto? ¿Cuál es el objetivo? E realidad, nadie lo sabe si no es quien: lo concibió. Las notas oficiosas son tan poco explicativas como conviene a una nota oficiosa sobre tema que es objeto de tanteps y de acomodamientos de intereses políticos. Claro está que no faltan las explicaciones menos autorizadas de comentaristas encargados de preparar l a opinión pública en el sentido favorable a una idea, dándole apariencias de acción generosa y decidida para poner un poco de orden en el caejs económico actual. De creer a esos comentaristas, tratárase de acudir en ayuda de pequeños países de la Europa. oriental, inyectándoles mí- poco de vida y re- mediar en parte la miseria en que se en- cuentran por- la ruina d e s u s finanzas pú- blicas y la casi imposibilidad de encontrar mercados para sus producciones agrícolas, en quiebra. E n cierto modo, y si fuese ése el único objetivo del proyecto imaginado en París, significaría una rectificación del T r a tado de paz (una más) que multiplicó el número de Estados sin tener en cuenta razones económicas, olvidando así que éstas priman sobre las políticas, pues no necesitamos demostrar ahora que soberanía. nacion a l independencia son meras palabras, cuando les falta la base de una economía firmé. -Eos trazados de fronteras hechos por los negociadores, de Versalles hicieron imposibles rnüchas cosas. que ahora se revelan indispensables, y, entre otras, -la convivencia eu un régimen económico común de ésos pueblos de. Europa oriental. Se trata ahora de modificar- una situación insostenible? N o parece que el. proyecto tienda a derribar las fronteras que separan a los países danubianos para formar una especie de Confederación aduanera. Los informes que hemos podido lograr hablan más bien de lograr un acuerdo que los solidarice frente a Estados con- disponibilidades de oro para una operación de crédito. E s evidente que, de realizarse, los Estados prestatarios quedarían, én cierto modo, bajo la tutela económica de los Estados prestamistas, y, por ende; sometidos- -algunos más de lo que ya lo estaban y otros aceptando la sumisión ahora- -a influencias políticas con largo alcance, que no toca ahora bosquejar. Desorienta un poco el hecho de que Francia requiera a Alemania para interesarla en el proyecto, sobre todo si se piensa que no es lá situación económica alemana tan pujante para participar en un traspaso de dinero. Quizá esté la explicación en el íntimo y secreto objetivo político de la operación, el cual- n o parece realizable si Alemania qued a a l margen. Pero, sea como quiera, se- trat a de inmediato de vivificar económicamente a países llegados a una situación financiera lindante con l a desesperación. ¿Sobré qué base se desarrollará l a ac- ción de ayuda? ¿Doiñiná: él pensamiento del ecoríomista Francis- Delaisi, cuyo libro, Las dos Eitropas hace grarf ruido en F r a n cia, como si hubiera descubierto el ábrete, sésamo capaz de- franquearnos; las puertas de la prosperidad? Según, Delaisi, el remedio está en utilizar los 9 cvinill 0 nes. de hombres- que viven en- los 3.000: lnlónietras que separan Finlandia del cabo M átápán en provecho de la que él llama E u r o p a del caballovapor L a utilización consistiría en conver. tir a esos 90 millones dé. seres en consumidores, si bien teniendo buen, cuidado de im- pedir un aumento de su producción agrícola, ya que (algunos economistas l o afirman) el mundo sufre porque hay demasiado de todo, manufactura, trigo, carne... Delaisi quiere, pues, que consuman más y no produzcan sino el volumen présente. Y según su libro, no hay contrasentido: en esto. Todo consistiría en que l a producción agrícola de Elungría y de Rumania; lograse en el mercado de L i v e r p o o l el inisnio precio que alcanza el trigo del Canadá, competidor, o sea borrar el desnivel del i b a l 2 0 por 100. existente hoy entre los precios de los cereales de una y otra procedencia. Evidentemente; si eí campesino rumano obtuviera por sus productos más dinero, podría comprar más artículos manufacturados en París, en Londres, en Berlín, aunque no está completamente demostrado que la mayor disponibilidad de billetes de Banco tenga como consecuencia inmediata lo que podríamos llamar elevación de las necesidades bien distirita- del simple aumento. Pero es el caso que el economista Delaisi parte de una premisa infundada: en la hora presente el t r i go del Canadá no obtiene el 10 y menos el 20 por 100 de sobreprecio respecto del. trigo rumano; es más exacto- decir que el trigo canadiense abarrota los silos y no encuentra salida en los mercados consumidores. Delaisi iníagina luego la posibilidad de mayor ganancia para los trabajadores de la Europa B, si se emprendiese la realización de un programa de obras públicas (según sus cálculos, 45. eco kilómetros de líneas férreas y más de un millón de kilómetros de carreteras, más la construcción de algunos grandes puentes sobre el Danubio) mediante recursos financieros facilitados por los Estados con grandes disponibilidad- es de capitales. -En este punto está la mayor flaqueza del proyecto Delaisi. N o hay duda de que el préstamo otorgado por esos Estados a los Estados de la Europa B con un interés por módico, que sea, representa una deuda para los prestatarios, y, consecuentemente, una carga para la capacidad tributiva de sus nacionales. Pues bien; si la primera condición impuesta por el proyectó Delaisi es impedir un aumento de capacidad productora cuya repercusión, en un régimen de mercado normal seria acrecer el volumen de las exportaciones para obtener medios de pago, ¿cómo imaginar el equilibrio? A l g o falla en los cálculjs del economista Delaisi. zo de los pueblos prestatarios- y serviría a l interés de influencia, de los Estados prestamistas. Permaneciendo en. las constelaciones expansivas de las potencias arbitros hoy de los destinos de E u r o p a- -y con mayor razón, puesto que la vida económica, de la E u ropa B dependía de créditosotorgados- esos ferrocarriles y esas carreteras, si bien: tendrían secundariamente una eficacia favorable al tráfico comercial, nó están pensadas con tan pacífico propósito. Y he aquí: que entonces se dibuja con contornos más netos la razón- de invitar a Alemania en el arregló. A poco que reflexionemos, habremos de descubrir la imposibilidad de una acción ulterior en el Este de Europa si no está asegurada la colaboración e, por lo menos, la pasividad hianvUian! le Reich. Desde este punto de vista, las elecciones pré- l sidenciales alemanas habían de. descif. rar un enigma del más alto interés: el. triunfo de Hindenburg, es decir, más exactamente: el. triunfo de l a social- democrac ia aliada, del partido católico y otras fuerzas burguesas, partidarias del staíu quo, significa, tina g a rantía de libertad de acción para. Francia en su política en Europa oriental. N o sería así con el triunfo d e H i t l e r n i mucho menos con el de los comunistas. Aclarado este punto, desaparecida la nube que pudo ser antes de las elecciones l a candidatura nasi, ha podido ser invitada Alemania a las negociaciones, sigilosas, para el proyecto danubiano. Quizá sea necesario también su concurso para asegurar a los países danubianos la colocación de su producción de cereales a cambio de que el Reich encuentre ciertas ventajas en los rhercados de aquellos países. Francia sola no puede garantizar la absorción del trigo de. l a Europa oriental, v la Gran Bretaña ha de dar preferencia al producido en, su dominio, el Canadá. Pero esta perspectiva alarma én- la Argentina, como la inquietó la Conferencia del Trigo, celebrada en París durante el último trimestre de 1931. Porque está visto que cuando las iniciativas para la reconstrucción económica del mundo no están inspiradas en un sincero deseo de aliviar los males, sino de utilizar estos mismos- males- con fines de hegemonía o de algo peor, surgen por doquier clamores y protestas. Y para soslayarlos se procede al procedimiento de la negociación secreta de la q u e n o se sabe más que la verdad oficial. ANTONIO A Z P E I T U A Ginebra, marzo, 1932. fiw i iiS P A D E C 1 M 1 E N T O S DE LA LIBERTAD ¡Quién le hubiese dicho a doña Libertad, aquel radiante 14. de abril, que. le esperaba un largo, calvario, de amarguras, y desilusiones! ¡Cómo se habría reído entonces si alguien llega a anunciarle que bien pronto seria sospechosa al nuevo régimen í Sentíase loca de júbilo. ¡L a República! ¡A l fin! A h o r a empezaría su nueva era, su predominio entre las masas redimidas. Se acá- harían ya para siempre, las coacciones gubernativas, la odiosa censura periodística, la suspensión de actos públicos, los abu- Pero los economistas más avisados, que seguramente atesorarán a los políticos i n i ciadores de l a Conferencia danubiana, no incurrirán en el error. P a r a ellos no se trata- de, un niejoramiento del standard de vida de las poblaciones de la Europa B, sino de ün plan. puramente político de largo alcance. A. ese plan es. iítil la construcción de ferrocarriles y carreteras, que, con un sentido, estratégico, se llevaría a cabo con el esfuer:
 // Cambio Nodo4-Sevilla