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llamientos, pisotones y apreturas padecidas sos del Poder. Desde hoy, todo el mundo aquella tarde, sin contar las ordinarieces tenía derecho a expresar libremente sus opiy obscenidades que se gritaron al amparo niones de palabra y por escrito. E n la calle de su nombre. oía aclamar su nombre con delirante aleN o obstante, agotada, rendida, fué recigría por las turbas revolucionarias. biendo en su modesto hogar comisiones enEmocionada, se decidió a salir, tratando tusiastas, que venían a saludarla como la de pasar inadvertida entre la muchedumbre. F u é inútil su discreta precaución, porque madrina gloriosa de la segunda República. O í a discursos y mensajes conmovedores. bien pronto la reconoció. el pueblo entuLos vivas de la muchedumbre aglomerada siasmado, organizándose un cortejo triunen la calle la obligaban a saludar, varias fal alrededor suyo y llevándosela en hombros por las vías públicas. Renunciamos a veces al día, desde, un halcón. A cuantas peticiones se le hacían contestaba con afecevocar aquella fecha histórica, que conoce tuoso júbilo. de sobra el lector, ni las frenéticas ovaciones que premiaron su presencia al apa- -S í sí. Todo lo que sea justo, todo recer en el balcón de un ministerio, junto cuanto yo pida al Gobierno lo tendrán usal Comité revolucionario. tedes. Se acabaron las coacciones! ¡P a r a Esa noche llegó a su casa medio muerta algo hemos hecho la revolución! de fatiga. Pero sentía la honda satisfacción Pero este apogeo duró poco. U n a mañade que al despedirse de ella- le habían d i- na se encontró que, por orden gubernativa, cho los ministros de la nueva República: no se permitía la circulación en la calle en- -Ahora, admirada ciudadana, usted manque vivía. -Los guardias de asalto ocupada en España. Así lo hemos prometido al ban ambos- extremos, impidiendo que llegapueblo. Usted inspirará nuestros decretos ra- ningún grupo hasta su casa. L o s raros y el espíritu de la futura Constitución. Nada ciudadanos que insistían en verla eran caharemos que pueda molestarla. cheados y despedidos bruscamente. E l es- -Bueno, muchas gracias; pero ¿m e protupor de doña Libertad rio tuvo límites. meten ustedes que seremos tolerantes con ¿Es que estoy vigilada, cuando acaban de todo el mundo, que no se perseguirá a nasoltar de la cárcel tanto malhechor? die per sus opiniones, sean las que sean, L a visita de un alto personaje oficial vino y, en fin, que no habrá venganzas de nina sacarla de dudas. Con fría corrección la g ú n género? saludó, diciéndole: -Eso, ya veremos... H a y que darnos- -Vengo de parte del Gobierno. E s pretiempo para apretar los resortes del Poder. ciso que renuncie usted ya a recibir coH a y que consolidar primero la República, misiones y otorgar promesas. E s t á usted sea como sea. Usted, por de pronto, debe entorpeciendo la consolidación de la Reretirarse a descansar, y es mejor que no pública. salga durante unos días, a fin de evitar- ¿Y o? Serán ellos con sus decretos fasmanifestaciones. cistas, que dicen inspirados por mí, aunque ya n i me ven ni me oyen. ¡Cómo cambian E n efecto, doña Libertad prometió no salir de casa, pues había experimentado de los tiempos! Antes se me invocaba a cada sobra el entusiasmo público con los magumomento y ahora parece que estorbo- -N o tanto; pero debe usted comprender, señora, que si fué usted muy necesaria durante la propaganda revolucionaría, hoy nos convendría que se. tomara usted unas largas vacaciones de reposo y de silencio. H á g a s e usted olvidar, ¿comprende? E l- hombre se largó, -no sin aconsejarla antes a doña Libertad que se abstuviera de salir de casa, a- causa de los disturbios y de las huelgas pendientes. Quedóse, pues, la pobre desolada, llorosa, sin atreverse a recibir a nadie. Pero esta actitud prudente no evitó la larga serie de disgustos y emociones que le reservaba el destino. aciago. L a suspensión de los Ayuntamientos monárquicos, la de- los diarios independientes, el- -encarcelamientos de gentes honorables cuando por esas calles, antes de Dios y hoy laicas, circulaban tantos malhechores, puso el colmo a su indignación. U n día, el resplandor rojizo del celaje la hizo asomarse a un balcón. E r a el incendio de los conventos. ¿Que pesa? -preguntó, asustada. -Nada- -le dijeron- Es que se inaugura la libertad de cultos. I Aquella noche, la infeliz- se acostó con fiebre. Deliró. E n su delirio asistía a un Congreso de masones y judíos que aclamaban a un joven alto, cetrino, con cara de filipino. ¡T e has portado, M i g u e l t e n d r á s tu lápida. E l gato de Ossorio juguetea, ba con un gorro frigio... Unos rabinos, j u bilosos, danzaban frenéticamente alrededor de la tumba de les llamados Reyes Católicos, dando vivas a Fernando de los R í o s L a Comisión de Responsabilidades rehabilitaba a Boabdil y le cambiaba de nombre a Granada... Reunidos en consulta los médicos, enviados por la Casa del Pueblo, certificaron que la enferma padecía fiebre cavernícola caso LA MISMA SUAVIDAD o Juntos los rostros, las dos suavidades- la de la madre y la del niño- parecen idénticas. La diferencia de edad no se traduce en diferencia de cutis cuando el Heno de Pravia pone cada día al servicio de la salud de la piel, toda su finura y pureza, por medio del suave masaje con la espuma, al lavarse. Los niños lo usan con simpatía, y las personas de cutis delicado, con absoluta confianza. Sus aceites finísimos limpian y suavizan sin producir irritación alguna. Con este jabón neutro no hay poros ensanchados u obstruídos, barrillos, sombras ni asperezas. Sólo tersura, protección y perfume. PASTILLA, 1,25 HENO DE PRAVIA PERFUMERÍA GAL. MADRID. -BUENOS AIRES JABÓN