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v verdaderamente inesperado, dados sus antecedentes. L a noticia causó pésimo efecto en- las aftas esferas oñciáies. A causa de esto se extremaron las medidas preventivas, él aislamiento forzoso, l a vigilancia a todas horas. E n ese estado de semiinconsciencia pasó semanas y semanas, ajena a l a opinión del sufragio y a la convocatoria de las Constituyentes. A l entrar en el período de convalecencia, D o ñ a Libertad quiso saber qué había sido de su prima hermana, Democracia, y se le contesto, con toda clase de precauciones, que la pobre también estaba en cama con un grave ataque de parálisis socialista complicado con cncliufilis crónica. Y por si fuera poco, una tarde oyó en l a escalera gemidos lastimeros, apareciendo de pronto su ahijado, lívido, lleno de cardenales y con la cabeza vendada. E l susto de la buena señora fué mayúsculo. -i Q u é pasa. C á n d i d o! ¿T e ha atropella- do un aitiof H a s jugado al rugby? No... E s que vengo del estreno de A. M. D. G. v porque silbé me han atizado, leña. N o hay derecho! Y el joven n a r r ó los incidentes de aquella jornada gloriosa para l a República y el arte dramático español, cuya Electro de Galdós es l a única obra maestra precursora de este renacimiento. Cuando pudo levantarse ya, D o ñ a Libertad, loca de ira, empezó a escribir a diestro y siniestro, protestando de cuanto o c u r r í a de l a suspensión indefinida de los periódicos no gratos al Gobierno, de la prohibición de mítines, de l a expulsión y expoliación de una Orden religiosa española, del encarcelamiento de unos, de las multas a otros, del destierro de los. de m á s allá. S u pluma vibrante halló los m á s duros calificativos para esa ley de Defensa a l a que debía su aislamiento y silencio forzosos. Recordaba el espíritu de la revolución, inspirado por ella, diciendo que no merecía semejante trato. Y con un optimismo impropio de sus años envió su carta circular al presidente de las Cortes Constituyentes, al Gobierno, a los intelectuales A l Servicio de l a República, a los directores de los periódicos revolucionarios, antes sus defensores, que seguramente h a r í a n coro a sus protestas indignadas. Luego, agotada por el esfuerzo epistolar, se acostó de nuevo, esperando, paciente, las contestaciones. Y al cabo de unos meses sigue el silencio en torno suyo... U n día de éstos leeremos en l a P r e n s a D e s p u é s de larga y penosa dolencia, ha fallecido doña Libertad del Pueblo, viuda de Iluso. Aunque l a n o t i c i a no sorprendió a nadie, fué comentada con hondo sentimiento por las contadísimas personas que aún la recuerdan. Otras, en cambio, manifestaron su. sorpresa, por creer que hacía tiempo ya de su fallecimiento. L a finada murió en una casi absoluta soledad y sin conseguir le fueran administrados los auxilios espirituales por no haber hecho antes l a solicitud debida a l a Casa del Pueblo, a la F A J y a l Gran Oriente masónico español. Apenas confirmado el rumor, fué el primero en llegar a l a casa mortuoria el S r Cordero, deseoso de saber si l a difunta dejaba algún cargo vacante. Parece ser que no. L o s manifiestos y objetos familiares de D o ñ a Libertad serán trasladados al Museo Romántico. A l serle comunicada l a noticia al señor Azaña, éste dijo que carecía en absoluto de importancia, pues dicha persona vivía muy ajena a la realidad, y las juventudes de hoy n i siquiera la conocian. Añadió que el Gobierno no se haría representar en el entierro. Descanse en paz, laicamente, la ilustre ciudadana, tan popular en otros tiempos, y consuélese con los buenos ratos pasados en esta vida, ya que oficialmente no se la ha permitido esperar en otra. ALVARO A L C A L Á G A L L A N O El c e n t e n a r i o d e G o e t h e En el Paraninfo de la Universidad Central se celebró ayer tarde una sesión solemne, conmemorativa del centenario de Goethe. Presidió el acto el ministro de Instrucción pública. El catedrático Sr. Ortega y Gasset disertó desde la tribuna acerca del tema Goethe, el libertador (Foto Duque. R e c o n s t i t u c i ó n d e un c r i m e n Carretera de Boadilla. Las autoridades reconocen en la lona de la camioneta la huella del balazo que ocasionó la muerte al conductor del vehículo, Pedro Gordo. Se supone que el agresor disparó desde un barranco que hay a la derecha. (Foto Días Casariego.
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