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costumbre, n i las frases de ritual. Actúe sola. -También lo he pensado- -añadió. Y a he dicho, al principio, qué Josefina lo he pensado todo siempre. S i n entusiasmos, como en susurro apenas perceptible, como quien consulta o acaso como quien dice en voz alta sus pensamientos, para contrastar su eficacia, de que ha dudado, fué diciendo: -Y o sola, tal vez... Y no para recitar... N o es mi arte. M e parece, además, que hay en el recitado un punto de artificio al que yo no sabría llegar... qué sé yo... Pero sola tal vez... P a r a dar vida a esos momentos culminantes de algunas obras clásicas, o de otras que se podrían buscar, cuando se condensa todo el drama en una plegaria, en ün rapto lírico. O también: para interpretar escenas, a veces mudas, vistas en novelas y poemas que parecen estar reclamando la plástica del teatro... (M e cita, como ejemplo, una, exquisita, de Asorín) Y o creo que cada alma tiene su drama, que cabría expresar, interesando al público, sin que en realidad fuera precisa la réplica del otro personaje, ausente. O que estallara precisamente porque falta, llegado el momento, ¡a réplica del otro personaje... Así, ¡quién sabe! ¿P o r qué no intentarlo? ¿Quiere usted que yo busque teatro? -L o tendría, en todo. caso. Margarita X i r g u con el compañerismo, que en ella es ademán natural, me ha afrecido la escena del Español, para cuando quisiera o la necesitara. Hasta se brinda a trabajar conmigo, a acompañarme aquel día. E s mujer, y comprende. Y o entre tanto, procuro acostumbrarme, hacerme a la idea; pero, hoy por hoy, lo veo imposible. Que habré de necesitarlo es más que seguro; que me decida... no sé. M e pareció ineficaz añadir una sola palabra. Y a estaba allá la maquinita de su cerebro en marcha, triturando pensamientos, sacando virutas de ideas... Me limité a formular intimamente, sin expresarlo, el deseo de que alguna vez, como por un milagro, se ordenaran las cosas de modo que aquellos primeros gérmenes de creación de la exquisita actriz pudieran arraigar en tierra nueva, propicia, sedosa... Sobrevinieron otros amigos! Hablamos de la enferma. Y cuando se marchó Pepita, salí hasta la puerta a despedirla. Me guardé bien de aludir al diálogo que habíamos mantenido. Pero ella, inquieta y contrariada, como si. quisiera explicarme- -o, más aún, como si tratara de disculparse- añadió: -Santiago, que logró realizar todas sus ilusiones y vio cumplidos sus menores proyectos, no pudo, al marcharse, plantear siquiera el que fué, como usted sabe, la mayor ilusión de su alma én los últimos años de su vida: levantar en Madrid un nuevo teatro, su teatro. Si yo, algún día, volviera a la escena, diga usted que, por encima de todo, vuelvo con el deseo de realizar, en su nombre y por él, esa única ilusión de su vida que no se le pudo lograr... A k s dos meses cumplidos de esta conversación he creído reconocer un eco de ella en las noticias que estos dias circulan por ios corrillos teatrales y recoge la Prensa. Parece que Josefina Díaz de Artigas ha hablado de volver al teatro. Queda, pues, dicho lo que, más con su corazón de mujer que con los labios, me encargó que dijera. Y ahora... que, a la memoria de quien le es tan caro y para bien del arte que como nosotros idolatraba, la maquinita prosiga en su labor y no pare, tenaz, hasta la invención y realización, por dentro y por fuera, dé esa ilusión tras la que tocios vamos: un nuevo T e a t r o! EDUARDO MARQ UINA DE TEATRO E l retorno del drama Repudiado, excluido del teatro, como fruto espúreo de la literatura, el, drama vuelve. ¿Y cómo había de ser de otro modo, si el drama es el desenlace natural de la pasión? U n a bellísima actriz española con la que tuve el gusto de departir anteayer, me decía, con un acento en el que ponía todo el horror que pueden acumular unos nervios femeninos: -S i escribe usted una obra para mi, que no sea drama. ¡N o por D i o s ¿Y p o r qué, señora? Y o me la iiria- gino a usted en l a máxima tensión patética y no me parece que su personalidad perdería nada sometida a esa temperatura sentimental. ¿Es que no ha de haber en nuestra escena más que chicas postineras, pollos marchosos, decires populares, hipérboles al estilo andaluz, mantones de Manila y claveles rojos? ¿Es ésa la expresión dramática de nuestra raza? -E s que el público no soporta el drama... L o que quiere es divertirse, reír, pasar el rato- -me replicó la eminente artista, mientras se ponía un poco de carmín, que me pareció una ofensa a su boca de granada hendida. -Y o Creo, señora, c o n permiso de usted, que estamos calumniando al público átri- LUBRlCANTES AMERICANOS especiales p a r a automóviles Ú N I C O S ELECTRORREFINADOS Concesionario exclusivo para España: C R O C f i f del Prado, 4 6- M A D K i D huyéndole una frivolidad de gustos que confina con el cretinismo. L a gente, no sólo no rehuye el drama, sino que lo busca. Y si no, fíjese usted al pasar por l a calle en l a curiosidad que despierta cualquier anécdota viva de tono un poco dramática. Infórmese usted de lo primero que inquiere el lector al posar sus ojos en la publicación preferida. De cien casos, en noventa su atención va, con impaciencia, al suceso del día, el cual es, a menudo ahora, un desprendimiento de la política. Pues qué, ¿podemos negar que desde hace un año la vida pública española es una gran tragedia? D e un tiempo a esta parte, todo español que rio pertenezca a la mayoría parlamentaria se pregunta, con ansiedad, al despertar todas las mañanas: ¿qué habrá ocurrido ayer? ¿Y se atreve usted a decirme que el drama no interesa? N o solamente nos interesa, sino que nos absorbe y nos domina... -P e r o en el teatro fatiga- -insistía la hermosa dama, no queriendo ceder. -Según sea la tragedia y, sobre todo, según la presente el escritor. Eso depende de su sagacidad psicológica y de su arte para extraer lo patético de un caso y fijarlo dé modo perdurable. Se dice con frecuencia que en la vida casi todo se resuelve sin grandes sacudidas emocionales y que los conflictos que se anuncian como pavorosos derivan apaciblemente hacia la normalidad. Es una apreciación filosófica de- rnasiado optimista, que la realidad contradice general mente. Basta que haya, no un gran dolor, sino una simple ruptura del equilibrio de nuestra conciencia, para que pueda surgir la tragedia. Mientras no se averigüe que el dolor es un problema físicoquímico soluble científicamente las gentes mal armadas para soportarlo atraerán la atención del dramaturgo, que no ha considerado nunca el sufrimiento más que como una materia transformable en arte y en dinero. Tenía la frialdad de los románticos ante la mesa de trabajo dice Nietzsche de V i c t o r Plugo. ¿Suprimir el drama? ¿Substraerlo a la curiosidad general? Es una pretensión que solamente puede ser defendida por alguno de esos escritores que creerían faltar a su prisión si salieran una sola vez de su frivolidad habitual. ¿Que el público no ama la tragedia? Afirmarlo es desconocer, el mecanismo de la curiosidad humana. L a muerte ejerce una fascinación inconfesable sobre todo el mundo; y el drama, que es un preámbulo más corriente, interesa tanto como la muerte. U n escritor, que es uno de los dramaturgos franceses de más delicado ingenio, humorista y psicólogo penetrante, que debe lo mejor de su notoriedad al gracioso malabari sn ¡o de su talento, Sacha Guitry, acaba de obtener un gran éxito con un drama. Francisca es una dama que se cree a cubierto de la tragedia porque ama- profundamente a su marido y se siente amada con la misma intensidad. A s i debiera ser si l a mujer de Miguel no tuviera un pasado. P a r a la mayoría de las gentes el pasado es un lastre tan ligero que no les embaraza los movimientos del egoísmo. -Pueden romper un amor, liquidar una amistad y asistir a un gran dolor que no quisieron evitar, sin que se altere su apetito ni se turbe su sueño. Nacen, por decirlo así, todos los días. Esa impotencia para el remordimiento es una situación privilegiada. Pero ¿existen, otros seres más frágiles de corazón y más sanos de conciencia para quienes la vida interior no está repartida en compartimientos incomunicados entre sí, que se aislan a voluntad de su pasado? Por pertenecer Francisca a esa minoría, señalada por los dioses, sobreviene el drama, que otra mujer más dueña de su sen ibilidad soslayaría sin esfuerzo. H a y que decirlo. todo. E n la juventud de Francisca se ha producido un hecho bastante vulgar, míe. implica un grave pecado. Esta mujer admirable que va a rescatar todo su pasado
 // Cambio Nodo4-Sevilla