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dos de letras escritas en loor de sus propios méritos, no reconocidos por los hombres, y compone p á r r a f o s de tan graciosa soberb i a c o m o é s t e que transcribo. Fué tanta la alegría de todos, excepto de los émulos- -con motivo de un rumor que corría de haber s i d o nombrado presidente del Consejo real- que públicamente se decía que era elección del E s p í r i t u Santo, y que no se podría hacer cosa m á s acertada. E 1 c a r d e n a l y e 1 obispo marchan juntos a España, de donde tornan separados, si no por la distancia entre sus personas, por l a distancia entre sus espíritus, y ya nunca mis se acercan el uno al otro con intención de amistad, sino que de día en día se separan en mares de agravios y recelos. H a de morir Boncompagni con el n o m b r e de Gregorio X I I I para que se le: acerque el nombre de Peretti transformado en Sixto V y es sólo en la relación escrita de los Pontífices romanos... P e r o esta fuente menuda parece que une en su canción única y agradecida el nombre de quien la concibió al nombre de aquel que le dio fin, como si el agua que canta fuera de tal pureza que se limpió de memorias de odios y recelos. L a fuente de las Tortugas es la más graciosa entre las pequeñas fuentes; la de Trevi, la más gallarda entre las monumentales. E l agua, e n ésta, se abre en abanico irisado o se cierra en transparentes cortinas bajo el vuelo inmóvil de monstruos m a r i nos y pegasos espantados; y es agua- vérffine de aquellas puras linfas que llegaron por primera vez a Roma en los viejos tiempos de Agripa. De más antiguo o r i g e n que la de las Tortugas, pusieron en ella sus manos los arquitectos y escultores de Nicolás V y Sixto I V para terminarla, al fin, dándole su carácter, el gran Papa Benedicto X I V L a fontana de Trevi canta con la voz de su agua virgen las glorias de aquel buen Pontífice Máximo; y su silueta amable y sus figuras, que más parecen imágenes literarias que tallas en piedra, nos recuerdan el espíritu del que, siendo Papa, se cartea con el impío Vol taire y recibe calurosos elogios del escéptico Montesquieu. E r a este B nedicto X I V de grata memoria, príncipe, y señor antes que Pontífice, y, como aquel otro príncipe y señor que se llamó León X da a ÍRoma días de esplendor, p r ot e giendo las artes y las letras; pero acaso en el Papa Médicis es orgullo de que sea su n o m b r e F U E N T E D E L QUIRINAL comparado a los Césares lo que en el Papa Lambertini no es otra cosa que contagio de este dulce mal de filosofía y literatura, que se extiende por Europa en el sio xvin. León X asoma sus ribetes de soberbia en intenciones y palabras, Benedicto X I V es de carácter franco y afable; Rabeíais en ánimo, si no en gustos carnales, que en ellos es sobrio, hace gala de su ingenio en las situaciones más difíciles y desarma al adversario a golpes de agudezas. L e j o s del nepotismo de un Barberini y de un B orgia, de la aura energía de un Peretti y del blando desconcierto de un Boncompagni, mereció este retrato, del irónico W a l p o l e E r a amado de los papistas y estimado de los protestantes: sacerdote afable y desinteresado, príncipe sin favorito y Papa sin sobrinos. Cada rumor de fuente, en esta Roma por donde discurrieron tantos arroyos mansos y corrientes desbordadas, pasiones, odios, celos y altas y nobles ideas, ha conservado el rumor de una hora y lo repite a través de los siglos; pero si el m o t i v o pudo ser hiriente, la voz se lo hizo dulce al escuchar otras voces de surtidor, o el rumor de la brisa entre los p i n o s o el eco de las canciones del L a cio... F U E N T E D E L TRITÓN MARIANO TOMAS