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GENIO Y FIGURA DE U N GALLEGO ILUSTRE N MANUEL CURROS ENRIQUEZ UNCA mejor ocasión que ésta para evocar la figura ilustre del gran repúblico orensano Manuel Curros Enríquez, el hombre que lo ha sacrificado todo por la libertad de la Patria, por la defensa de un ideal, de su ideal, y que, al fin, solo, arruinado, deshecho, pobre, sin recursos, muere con el alma llena de sinsabores y amarguras allá en lejanas tierras, en la Habana, él que tantas veces había cantado las bellezas del terruño, de la meiya Galicia... ...emigrado, camino d America vai o probé infeliz Amador. T- o mirar as xentís anduriñas car a térra que deixa, cruzar: ¡Quen poidera dar volta, pensaba; quen poidera con vosco voar... de su vida con la esperanza de regresar algún día a la tierra. Galicia es así de ingrata con sus hijos. ¿Por qué no decirlo? Y a pesar de todo, Jos que recibimos tales ingratitudes de nuestra idolatrada pat r i a chica, seguimos queriéndola y defendiéndola con más tesón y entusiasmo que nunca. Porque sólo hay una Galicia en el mundo... Curros fué en varias ocasiones perseg u i d o y encarcelado: Recuérdese si no la aparición de O divino saínete, que incluso a la mujer del gran luchador le h a c í a n la v i d a i m p o s i b l e en Orense, insultándola y rehuyendo todo trato social con ella, teniendo que trasladarse ambos a Madrid, ingresando C u r r o s en la Redacción de El Imparcial, s i e n d o más tarde corresponsal de g u e r r a del entonces prestigioso diario. Hombre de escasas palabras, reseryado, poco hablador, Curros Enríquez, a pesar de todo, tenía alma y corazón de niño. Quien le escuchase hablar c rey érale un hombre muy distinto del oue en realidad Curros Enríquez murió con el alma atormentada, con el gesto amargo del que ha pasado por la vida como un incomprendido, como un ser al que se le considera poco menos que peligroso e indeseable... Y todo porque predicaba la libertad y la independencia con un magnífico gesto de gallarda rebeldía... Un incomprendido, un loco... ¡un loco! al que años más tarde, andando el tiempo, se comprende su labor, sus nobles ideas, y se le hace justicia reeditando algunas de sus magníficas obras, filmando A Virxe d o Cristal, y erigiéndole monumentos, no sólo en su tierra, sino allá en América, del otro lado del mar, donde se aprende a amar a Galicia y donde el hombre llora, con lágrimas de niño, la ausencia de los seres queridos y añora las bellezas de la fierra mimosa y cariñenta... ¡Pero qué importan ya los laureles después de muerto el genio... La Patria de Curros no podrá perdonarse nunca la ingratitud y el desprecio con aue ha tratado a uño de sus hijos más ilustres. -Para poder vivir, para no morirse de hambre, emigra, huye de su tierra y llora en silencio cuando sus ojos pierden de vista los pinos rumorosos de la florida campiña celta. Llega un momento en que sus puños, recios y varoniles, se crispan con ira y quiere hablar, protestar... Pero no tiene fuerzas, le falta valor. U n grito de angustia se ahoga en su garganta... Y en la Habana naso los últimos años CURROS ENRIQUEZ DURANTE SU ESTANCIA E N LA HABANA (FOTO PACHECO) Y no se daban cuenta que el gesto hosco del poeta debíase precisamente a la incomprensión de los que no comulgaban con sus ideas, a los constantes e injustos ataques que diariamente le dirigían sus enemigos, sus hermanos de raza... Basta para penetrar en el alma del ilus- tre orensano, para conocer sus nobles sentimientos, escucharle cuando sostiene a su hijito inerte en los brazos: ¿Cómo f u é? Encontrábame ausente cuando el pobre rapaz cayó enfermo. Por telégrafo su madre avisóme y volví corriendo. ¡Pobrecito m í o! Al sentir mis pasos volvió los ojos donde oyó el ruido y no pudo ya verme... ¡Ay, ya estaba ciego el pobrecito! No recuerdo del tiempo que estuve en la cuna de bruces echado... ¡Sólo sé que me erg- uí. oon el hijo sin vida en los brazos! Mariposa de alitas doradas que a la cuna vacías has venido... pues por él me preguntas, ya sabes qué fué de mi hijo. MAQUETA DEL MONUMENTO QUE VA A ERIGIRSE E N LA CORUÑA A CURROS ENRIQUEZ, COSTEADO POR E L CENTRO GALLEGO D E LA HABANA ¿Comprendéis ahora a Curros Enríquez, reconocéis su angustia, su dolor, su pena íntima y desgarradora al perder para siempre al hijo que, moribundo ya, quiere verle y ha perdido la. vista, quiere hablarle y está mudo? No, Curros no era un hombre malo. Los hombres que llevan dentro de su corazón la ternura con que él nos describe la escena anterior no pueden sentir rencores ni comprender la maldad, ni desearla a nadie Curros fué un incomprendido, eso, sí... hasta que dejó de serlo. L. C O N D E D E R I V E R A
 // Cambio Nodo4-Sevilla