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NEGRURAS DE LA HISTORIA TRES D Í A S RRIBÓ l a regía comitiva a la ciudad del Guadalquiv i r sin que empeorase el estado del M o n a r c a a n tes bien, había mejorado visiblemente. E l doctor Aréjula fué u n vidente cuando vaticinó que el cambio d e aires, aguas y lugares, t a n preconizado por Hipócrates, había de devolverle l a saludA poco de llegar se recibió la noticia de que el Ejército francés había penetrado en España y avanzaba hacia M a d r i d Esté, aunque parezca monstruoso, f o r taleció e l ánimo de Fernando, que cada día contemplaba más próxima l a que él juzgaba liberación de su cautiverio. DE REGENCIA bían intentado, sin éxito; hacer frente a los invasores, emprendieron su retirada a E x t r e m a d u ra, y, aunque se intentó llevarlas a Sevilla, donde hubieran r e n d i d o mejor provecho, n o se logró, porque el emisario conductor de l a orden dictada a tal fin por el ministro de l a G u e r r a no c u m plió su cometido. E l miedo o l a deslealtad le empujaron a ocultarse o apelar a l a fuga, porque n o se volvió a conocer su paradero. E l único contingente m i l i tar utilizable se encontraba cerca de la costa S u r de Andalucía, a l mando de V i l l a c a m p a que, bien por cortedad de entendimiento, o atemorizado p o r considerar i m posible l a resistencia, confesó p a ladinamente que su actuación sería estéril y baldía. Y si a todo este cúíííulo de d i ficultades se añade que el R e y estimulaba clandestinamente, con incansable tesón, a sus partidarios, alentándoles con la seguridad del triunfo de los franceses, no extrañará el desmayo que se iba apoderando de los hombres que de buena fe querían defender el régimen constitucional. L l e g ó el mes de junio, y l a s i tuación había empeorado notablemente, porque el Ejército f r a n cés había rebasado l a M a n c h a y se disponía a atravesar S i e r r a M o r e n a Continuar en Sevilla e r a temeridad inconcebible, porque valía tanto como entregarse a discreción a l vencedor. L o s buenos patriotas no querían rendirse ante l a evidencia del seguro fracaso, y, movidos por una voluntad digna de a d m i INSIGNE ración, se dieron a pensar qué recurso quedaría para resolver conflicto t a n pavoroso. T e n g o que renunciar al deseo de hacer el relato completo de todos los curiosos e interesantes sucesos ocurridos hasta llegar a l a solución de tan intrincado problema, porque sería tarea interminable y prolija. t A II L a situación del Gobierno era tan difícil como desairada. A p a r te de que nadie l a ignoraba, tuvo confirmación oficial e n el conten i d o de l a Real orden publicada en i de marzo, que decía textualmente: D o n M a n u e l Cortés, secretario del R e y con ejercicio de decretos y oficial mayor de l a ser cretaría del despacho de H a c i e n d a eir el departamento de la P e n ínsula, certifico: Q u e con fecha de h o y se ha comunicado a l e x celentísimo señor secretario del despacho, D M a r i a n o E g e a por el de l a Gobernación de l a P e n ínsula, l a Real orden siguiente: E l R e y se h a servido d i r i g i r me con fecha de ayer el decreto siguiente: L a s reiteradas instancias que m e habéis hecho, e igualmente los demás secretarios del despacho, pidiendo os admita D O N ANTONIO ALCALÁ GALIANO, DIPUTADO Y ORADOR l a renuncia, han movido m i real E N L A S C O R T E S D E 1823 ánimo p a r a que acceda a vuestros deseos; pero antes de que os r e tiréis a gozar del descanso qué tanto apeuna existencia que fué precaria desde que tecéis, conviene que leáis vuestras respecascendieron a l P o d e r e insoportable en los tivas Memorias y enteréis por ellas á las últimos días. Cortes del estado de l a nación e n todos los Entró a formar parte del nuevo M i n i s ramos de l a Administración pública. P a r a terio como principal figura, desempeñando entonces os admito, desde ahora, l a exprela secretaría del despacho de G r a c i a y J u s sada renuncia, mani testándoos que vuestros t i c i a (entonces no existía l a Presidencia servicios m e h a n sido m u y gratos y h a n del Consejo) D José María Calatrava, d o merecido m i aprecio, por e l celo, pureza y ceañista de l i m p i a historia, persona de los laudable constancia con q u e habéis p r o m o más altos respetos, austero, de claro entenv i d o la prosperidad pública y habéis tratado dimiento y de ilustrada y elocuente palabra. de sostener mi T r o n o constitucional y la L e acompañaron, entre otros, J u a n A n t o dignidad y honor de l a nación. Tendréislo nio Y a n d i o l a que había sido. atormentado entendido y dispondréis s u cumplimiento. por mandato directo del R e y siete años a n Está rubricado de l a Real mano. P a r a que tes, y Salvador Manzanares, muerto después conste y p a r a los demás efectos que conventrágicamente en la serranía de Ronda, en g a n doy ía presente literalmente copiada d e l defensa de l a Constitución. original, que devolví a l excelentísimo señor L a s Cortes deliberaban en medio de un D M a r i a n o E g e a -M a d r i d i de marzo de ambiente desfavorable. L a población de 1823. Manuel Cortés (1) Sevilla era, en su mayoría, adicta a l régimen absoluto, y, por lo tanto, rodeaba a l L a posición interina de ios ministros, Parlamento una atmósfera de indiferencia, que había de cesar después de ser leídas las encubridora de fiera hostilidad. L o s diputaM e m o r i a s fútil y ridículo pretexto que se dos, que al conocer los primeros anuncios había escogido para disimular de algún modo de l a invasión extranjera habían formado que el Soberano había tenido que rendirse una masa compacta en M a d r i d enardecidos ante las turbas desmandadas, a s i d o a los y entusiastas, para organizar l a defensa encomios hipócritas y sarcásf p ¡s que en nacional, y a en Sevilla aparecían divididos, nombre del R e v se les prodigaban en el d o y, aunque l a mayor parte de ellos seguían cumento oficial, eran motivo sobrado para manteniendo sus ansias patrióticas y liberaque gobernasen sin autoridad n i prestigio. les, u n grupo de relativa consideración penA s í v i v i e r o n hasta que, abiertas las C o r saba en transacciones y arreglos c o n el enetes el 23 de abril, dieron cuenta de sus migo. D e l Ejército poco o nada se podía respectivas M e m o r i a s y c o n ello terminaron esperar, porque estaba desarticulado y. casi disuelto. L a s únicas fuerzas organizadas, (1) Del Arclilvo del ministerio de H a que dirigía el general López Baños, que h a v Calatrava, que contemplaba con diáfana claridad el peligro inminente de ser ocupada Sevilla por los franceses, manifestó al R e y la necesidad de trasladarse a Cádiz i n mediatamente. L a negativa, que fué c o n c l u yente y rotunda, colocó a l Gobierno en t r a n ce angustioso y desesperado. E n tales circunstancias, y ante conflicto al parecer tan insoluble, porqué carecía de precedentes, sólo. la poderosa iniciativa de u n hombre decidido podría arbitrar el femedio. Y el hombre surgió en la persona de Alcalá Galiano, que e n aquellas inolvidables jornadas demostró que a s u mágica elocuencia acompañaba un valor cívico por nadie superado. L l e g ó a su conocimiento que F e r n a n d o rechazó la propuesta de Calatrava, y a pesar de encontrarse enfermó con altísima fiebre, abandonó el lecho, buscando con d i ligente presteza a D Agustín Arguelles, que por su historia, su patriotismo y su talento era en aquella sazón l a autoridad más e n cumbrada de las Cortes. N o fueron obstáculo para requerir el concurso de t a n honorable ciudadano las hondas diferencias políticas que a ambos les separaban, porque en aquellos tiempos, de tan grata memoria, todavía los hombres públicos sabían apartar r e n cores, prescindir de rivalidades y olvidar cienda. Galería central. I égajo número 76.