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DON GA BRIEL CISCAR, R E G E N T E NOMBRADO agravios cuando la P a t r i a y l a libertad necesitaban de su ayuda. Conferenciaron detenidamente y, después de pesar y medir con honrados escrúpulos l a gravedad del momento y l a urgencia de adoptar resoluciones tan enérgicas y radicales como fueran precisas, convinieron en que si el M o n a r c a reincidía en su incomprensible oposición a marchar a Cádiz, las Cortes deberían privarle de sus prerrogativas constitucionales y nombrar una Regencia provisional que ejerciera plenamente el Poder ejecutivo hasta llegar a l a isla gaditana. Y l a prueba más patente de que a extremo tan excepcional no les arrastraba prejuicio alguno, sino una necesidad dolorosa, la encontramos en las palabras de A r g u e lles cuando escribe tan graves acontecimientos. Cerradas- -dice- -de este modo tan inesperado y decisivo las puertas a l a súplica, a la persuasión y a l a esperanza; cumplidos los preceptos y formalidades de l a l e y observadas las reglas y hasta las indicaciones de la- previsión y l a prudencia; agotados, en fin, cuantos medios pudieron suger i r la lealtad y el respeto, era evidente que el Rey. con su resolución y su respuesta, se había imposibilitado a sí mismo de ejercer su autoridad (r) Después de trámites penosos y complicados, cuya narración n o cabe en los límites de un artículo, llegó el día r r de junio, solemne y memorable en nuestra Historia. (1) T e 1820 a 1824. Reseña histórica, por T Agustín Arguelles. E n ÍÚÍ aunque l a situación era apuradísima, porque el 23 de j u n i o ías tropas francesas iniciaron el sitio de l a plaza, la Cámara y el Gobierno sentían su espíritu mas confortado por el ambiente liberal que respiraba toda la capital. Duró l a lucha heroica de aquellos patriotas todo el verano. E l M o n a r c a encastillado en el edificio de l a Aduana, donde m o r a ba, permanecía en u n encierro voluntario, que él aparentaba ser forzado, i n v i n i e n d o la mayor parte de! tiempo en la pueril ocupación de elevar desde la torre de su residencia barriletes y panderos. L a resistencia se hacía cada vez más penosa y difícil, llegando a ser imposible después de l a toma del Trocadero, en l a noche del 30 al 31 de agosto. Continuo cada vez más apremiante el asedio de la isla. N o cesaba el bombardeo, cundía en nuestras tropas las desmoralización que lleva consigo l a visión clara de la derrota, y aunque el general B u r r i e l him f u silar a ocho granaderos rebeldes, no consiguió levantar el espíritu de los soldados ni restablecer la disciplina. L a s Cortes, sin embargo, reanudaron sus tareas el 23 de septiembre. Realizaban el último esfuerzo, sublime y desesperado en aquellos momentos de sin igual zozobra- T o dos los informes de los jefes militares acusaban u n pesimismo desolador, que confirmó D Cayetano Valdés, que ejercía el alto mando. E n vista de que nada quedaba por hacer, acordó el Parlamento enviar al R e y una diputación para comunicarle que tenía el camino libre para salir de l a ciudad, pero que antes era preciso que diese u n manifiesto a la nación ofreciendo no perseguir a los liberales, olvidar todo lo pasado y dar al país un Gobierno templado y prudente que garantizara la libertad de los españoles. L o redactó Calatrava en los términos convenidos, y al ser leído por el Rey, de su propia voluntad, añadió algún párrafo, en el que se acentuaban, de modo más expresivo y- c o r d i a l las promesas de benevolencia y perdón. Después de tan paladinas declaraciones parecía natural que nadie temiera ser castigado. P O X I- AS C O R T E S D E S E V I L L A D E 1823 E l día 30 hizo publicar la siguiente Real orden, modelo de l a más refinada perfidia: E l salón donde las Cortes celebraban sus D o n Manuel B o t i j a Romanillos, secresesiones era pequeño para contener el pútario del Rey con ejercicio de decretos y blico que llenaba las tribunas. E n los banoficial mayor de l a secretaría del despacho cos destinados a los representantes del país de Hacienda, certifico: Q u e por el exceno cabía uno más. lentísimo señor secretario del despacho de Estado se h a comunicado al excelentísimo E n medio de u n a expectación extraordiseñor D Juan A n t o n i o Yandiola, -secretario naria se levantó Alcalá Galiano, defendiende Estado y del despacho de Hacienda, la do su proposición con ejemplar entereza, ¡Real orden siguiente: y, después de u n acalorado debate, en que terciaron, principalmente, V e g a Infanzón y Excelentísimo señor: E l R e y (que D i o s Arguelles, fué aprobada por g r a n mayoría de guarde) se h a servido d i r i g i r m e con esta votos. E n el acto fué designada l a Regencia, fecha el decreto siguiente: Atendiendo a las resultando elegidos D Cayetano Valdés, don instancias que me habéis hecho con los deGabriel Ciscar y D Gaspar Vigodet. T a n más secretarios de Estado y del despacho, acertadísimo nombramiento fué recibido con D Salvador Manzanares, D F r a n c i s c o O s o aplauso unánime. rio, D José María Calatrava, D Juan A n ton o Yandiola, D Manuel de l a Puente y Valdés y Ciscar eran dos marinos ilusD Francisco Fernández Golfín, encargado tres, que habían luchado gloriosamente y deinterinamente del ministerio de G u e r r a p o r rramado su sangre por la P a t r i a y Vigodet l a indisposición del propietario, he venido un pundonoroso general, que había prestado en admitiros a todos la dimisión de vuesservicios eminentes en l a Península y en tros respectivos cargos, declarando que quenuestras posesiones de América. L o s tres, do m u y satisfecho del celo y lealtad con. además, eran altos ejemplos de austeridad que en circunstancias tan difíciles los h a y honradez intachable. béis dese teñado en. servicio mío y de l a Acató el R e y el soberano acuerdo de las nación. TjWjgílrcislo entendido, y l o comuniCortes, porque 110 le era posible hacer lo caréis a quien corresponda, para lo cual os contrario, y en la tarde del x 2 emprendieautorizo especialmente. E s t a rubricado de ron el viaje, llegando a Cádiz el 14, al l a R e a l mano de S u Majestad. Y de cuya filo del mediodía. Real orden l o comunico a V E para su U n a vez aposentado el M o n a r c a compainteligencia y gobierno. D i o s guarde a vuerecieron ante él los regentes, resignando las altas facultades de que transitoriamente h a- cencia muchos años. -Cádiz, 30 de septiembre de 1823. -José Luyendo. bían sido investidos. Y en ese. momento fué cuando, con burlesca socarronería, que pro- Señor D Juan A n t o n i o Yandiola (1) fanaha l a solemnidad del acto, se le ocurrió decir (1. Del Archivo e l ministerio ña H a- ¿D e modo que y a no estoy loco? cienda. Galería central. I- eea. io número 7