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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SI M O C T A V O lí) GTS N U M E R O DIARIO I L U S T R A DO. A Ñ O VI G E CTAVO S IM O 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i. D E JUNIO D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A que toda su: vida vivió del trabajo de sus biese encontrado en el amplio bosque de. la Mamora o entre los palmerales ele Marramanos. qués. Pero cuando mi visión se extendía por Debiéramos los llamados intelectuales los campos de África no descubría más que Y OBREROS aprender un oficio manual y ejercitarlo dublancos picabueyes volando en torno a las rante algunas horas del día. Nuestros cuerY II yuntas que araban o cubriendo las ramas de pos- estarían más sanos y más sanas saldrían los árboles, donde fingían una floración minuestras obras. Los hijos de los puramente Cierto que los. hombres sentimos una as lagrosa. intelectuales suelen nacer entecos y deficienpiración, al parecer irresistible, hacia la r i Y asnos, y camellos... tes. Apenas ha existido grande hombre en queza lo mismo que al poder, La histeria, Un día tuve un magnífico sobresalto. Por el mundo cuyos progenitores no. hayan sido publica y Ja privada nos lo enseña. Pero encima de un seto de cañas, cerca de los no es menos cierto que en medio de los go- -braceros. abandonados estanques del antiguo palacio ces del lujo y la dominación habla en nuesEn fin, el mundo camina hacia la igualde los Sultanes, en Marraqués, vi asomar tro interior una voz muy baja, pero bien dad. Nadie es capaz de poner un clavo a la- un largo cuello delgadísimo rematado en articulada, que disipa nuestra equivocación. rueda. Poco a poco nos vamos negando a una cabeza ridiculamente pequeña. Me acerApenas hay millonario o caudillo poderoso reconocer otras desigualdades que las que qué. miré entre la empalizada... E l animal que no la haya escuchado. Es. la voz de la la misma Naturaleza establece. Unos nacen continuaba en un cuerpo oblongo del color Divinidad, es la reclamación c! el Infinito que fuertes, otros débiles, unos bellos, otros feos, ele la tierra y terminaba eri dos patas escuátira de lo finito. unos inteligentes, otros necios. Contra eslidas... Si yo- no rae hubiese preparado antas desigualdades, ¿quién osará llevsr una teriormente creería quizá que era una espeA costa de grandes esfuerzos, cuando no de grandes claudicaciones, llegan algunos a mano sacrilega? Sólo una mano, divina, la cie de camello de pescuezo más angosto que mano de la caridad; sólo el amor es podehubiese perdido la joroba y- dos patas. Pero la opulencia y advierten con sorpresa que roso a borrarlas. En un hogar nacen hijos comprendí en seguida que se trataba de un no han dado un paso en el camino de la robustos, inteligentes y hermosos. A i cabo macho de avestruz. Plabía cuatro, seis, ocho dicha, Entonces sienten la nostalgia del aparece otro raquítico, feo y de escasa inteavestruces. M i corazón temblaba de ansietrabajo y la humildad. E l emperador Diódad. Temía sobresaltarlas con mi presencia cleciano, que había sido dueño del mundo, ligencia. Pues los padres abandonan un poco y se había retirado voluntariamente a un a- los hijos sanos para concentrar su aten- y que huyesen con su incomparable ligereza, ción y cariño en. el enfermo, endulzando, extendidas las cortas alas, golpeando la inagreste rincón, se reía de los que vinieron terminable llanura con sus zancadas rápidas. con su amor la. vida de aquel desgraciado a ofrecerle de nuevo el cetro y les hablaba Nunca como entonces sentí que la Repúbliniño. Tal puede acaecer en la sociedad cuancon alegría de las legumbres que con sus ca nos hubiese recogido las. armas a los ciudo el género humano se ennoblezca. Hagapropias manos cultivaba. La gran Catalidadanos honrados. ¡Media docena dé avesmos votos porque esto se verifique. na II, emperatriz de Rusia, se servía tam truces delante de mí, y Santiago Casares- El siglo x i x ha sido el de la libertad. E l bien con placer de sus manos para los meprohibiéndome llevar un rifle! Pero acaso siglo xx es el de la igualdad. Esperemos nesteres ínfimos de la vida y gozaba extrefué mejor así. Supe en seguida que eran que el xxi sea el de la fraternidad. madamente con que la tuteasen sus damas avestruces recluidas en la domesticidad de de honor. E l príncipe imperial de Francia, una granja, incorporadas a la civilización, ARMANDO PALACIO V A L D E S hijo de Napoleón III, lloraba un día por- que se dejaban arrancar sus plumas como se que- no le dejaban ir a revolcarse en el badejan esquilar los Corderos. Un francés me rro con otros niños que contemplaba desde ofreció por cinco francos un manojito de su balcón. esas plumas. También me brindó a bajo preDIARIO D E U N E X P L O- cio un huevo horadado, enornie como. un. No hay hombre de corazón que no percicoco, fuerte como una tetera de porcelana, ba cierta secreta inquietud en medio de, la RADOR D E ÁFRICA un huevo de dos kilos propio para el desopulencia. E l buitre bate sus alas sobre la ayuno, de Pantagruel y que me hubiese procarne podrida. ducido una gran alegría si lo encontrase yo E l azote del obrero es la necesidad, pero mismo entre la caliente arena del desierto, Las fieras el del rico es el temor- y el hastío. Hagapero eme allí, entre las cuatro paréeles del mos que ni el uno sienta el hastío ni el: otro despachito del francés, no tenía más encante E l rostro tostado por el sol, en la memola necesidad. ¿Cómo lograrlo? Santificanria, un pequeño tesoro de imágenes nuevas, que los de cualquier objeto un. poco cursi do el trabajo manual, particularmente, el de de cerámica barata. Pensé tan sólo: miro desde el puente del Ciudad de Ceuta la tierra, que es el más. sano y el más santo cómo se va alejando la costa africana. E l Una vida más sencilla y modesta conjuraría- -i Qué aliviado debe quedar el animalito monstruo al que di muerte va abajo, disela terrible crisis que atravesamos y nos dacuando suelte ese peso! cado, en el ataúd de una caja, con mis maría la felicidad que hemos perdido. Porque Más ele una vez hablé de leones con los letas. la felicidad es algo espiritual y subjetivo, marroquíes. Se hicieron describir minucioSi no hubiese hecho esta caza, si no hulo material y objetivo. Es como los relojes samente la fiera Algunos me. aseguraron que biese, sostenido la tremenda lucha con el en el Sudán había dos, encerrados en jaulas, -decía Chanford- que cuanto menos comtemible animal, algo habría faltado en mi y que habían llegado de Hamburgo. No plicados menos se descomponen. excursión por este país de misterios y de creían que existiese ningún otro entre el E Los hombres de más alta espiritualidad peligros, y acaso el haber comido con los trecho y la ciudad del Cabo. Pero, al fin... que han existido en el mundo, los fundadodedos en la casa de un príncipe no fuese Fué una noche, en el hotel Mamusia. res. del Cristianismo fueron trabajadores motivo bastante para despertar la admiraLa ventana de mi habitación estaba abierta manuales, San José, San Pedro, San Pablo. ción de mis amigos. Pero se le antojó al sobre el bosquecillo de naranjos. Debió de Y a sabéis- -decía San Pablo- -que no he destino que en mi breve historia de explodeseado el oro ni la plata, sino que estas, rador no faltase tampoco esa aventura in- entrar por allí... O acaso estaba oculto ya, y esperaba... E l caso es que de pronto oí manos son las que me han surtido de lo neteresante. su leve bordoneo, y me puse a escuchar, cesario á mí y a mis compañeros. Antes Soy un narrador veraz. Conozco lo que inmóvil para no. sobresaltarlo, con los dihabía dicho ensalmista: Labores manmfín debo a mis lectores y a los miembros de las latados ojos esforzados en una busca difítiiarum quia manducabis beaiiis es e (bene Sociedades geográficas que paseen su cansac i l Sentía que algunos cabellos querían tibí erit. Porque comerás del trabaje de tus do mirar por estas columnas absorbiendo erizarse sobre mi cabeza, sin conseguirlo manos serás feliz y abundante. Y con las mis observaciones como una aspiradora eléc- por su crónico estacjo. de debilidad. E l leve manos trabajaban en los primeros siglos del trica puede absorber el humilde polvo de bordoneo iba y venía... E l monstruo estaCristianismo, no sólo los. diáconos y presbíuna estancia. l í e de confesar, que la única ba allí. Era un mosquito. teros, sino también los obispos. Y con las vez que vi pasar las fieras sobre el suelo Era nada menos que; un mosquito. Un manos trabajaban, los monjes de Occidente, africano fué sentado en la butaca de un cine elefante o un león no son enemigos más lo cual no les vedaba el acceso a la sabidude Madrid, cuando en la pantalla iban trans- terribles. Un zarpazo, cura. Es el dolor de ría. Pero el ejemplo más coiicluyente de que curriendo las curiosas escenas de Tradcr una semana, de un mes. E l paludismo es inel trabaje manual puede compadecerse con Honi. Nadie me ha visto temblar entonces. finitamente más desagradable. Y el paludisel intelectíial es el del gran filósofo Spinoza- Nadie me vería temblar, tampoco, si las humo estaba allí, rondándome, esperando a que 1 N T E L E C T U A LES
 // Cambio Nodo4-Sevilla