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y los encierran en l a primera de las cbrráJetas que están adicionadas a l a pequeña plaza. Y de ésta pasan a l a otra m á s reducida las reses que se han de tentar. L o s dueños de la ganadería y los convidados que sólo asisten para presenciar la faena se asientan sobre el pretil de l a pared que delimita l a placita; el picador sobre el pujante caballo espera dentro del redondel, y también en el lugar conveniente el diestro m á s afamado, para hacer los quites. Los futuros astros de la tauromaquia esperan su momento de intervenir dentro de los burladeros y también sobre la tapia. Llegado el instante de l a faena, se da suelta a una de las vacas, que entra veloz en el -ir redondel, arremetiendo a l caballo. E l picador adelanta la garrocha, e, hincando l a puya en el morrillo del animal, contiene su acometida. E l diestro hace con el capote el quite, y la res arremete de nuevo, continuando la tienta hasta que llegan a probarse las condiciones de bravura del animal. L o misdo se repite con las otras, hasta que quedan tentadas todas las que para ello fueron apartadas. De cuando en cuando se deja intervenir en los quites a los diestros en ciernes, logrando con ello momentos de gran satisfacción y alegría. Para preservar a l caballo del riesgo de ser herido por la res se le coloca sobre el pecho y vientre un peto de cuero de toro o de pellejo de caballo, y con igual fin el p i cador se pone en la pierna derecha un artefacto de hierro, denominado mona, y en el pie correspondiente a l a misma el zapato de picar. E l pie izquierdo lo calza con el boto que se acostumbra a usar para andar a ca Mallo. Siempre fueron estas faenas de lo m á s alegre y divertido. U n a vez terminada l a tienta del día, todos los convidados eran espléndidamente agasajados en l a estancia principal del cortijo, abundando el trasiego del buen, vino y de las suculentas tapas. Durante el convite se hablaba y se comentaba respecto a los incidentes de l a faena y sobre el resultado de la prueba. Y si la tienta duraba varios días y el cortijo estaba lejos de Sevilla, los convidados se quedaban en éste a comer y a- dormir, chanceándose y divirtiéndose en extremo durante la velada. A los futuros diestros se regalaba con una sabrosa y abundante caldereta en los tinados, siendo también entre ellos l a diversión muy regocijada y entretenida. Mas esto fué en otra época en que a la alegría del sol y de los campos sobrepujaba l a de los corazones, en que, dueños y labriegos, eran como miembros de una misma familia para la consideración y el afecto, y en que no había ensombrecido el campo andaluz la nube negra del encono y la triste cerrazón de los oprobiosos rencores. E n estos días l a faena de la tienta de vacas será como un trabajo campero m á s como otra labor campesina, perdido el tono de fiesta y sin regocijo. Cuándo será que estos campos andaluces recobren l a paz que los hacía eglógicos y paradisíacos? J. MUÑOZ S A N ROMÁN Cuando una res sale mama se la señala cor- tándole la cola. Invitados a- una tienta.
 // Cambio Nodo4-Sevilla