Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. M A R T E S 5 DE A B R I L D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 39. fácil. N O T I C I A S- que estuvocapote fué Con el de verdad. L e mató de una estocada, en Iti CJONES Y TAURINAS E n M a d r i d C o r r i d a de beneficencia sin beneficios. T o r o s en V a l e n cia. E n otras plazas. N o v i l l a d a s Otras noticias. EN MADRID tre, el caballero. L e faltó decir: Nadie se mueva, que no quiera estar con Perete el de L a Algaba a prueba Porque era el picador Perete de L a Algaba el que así demandó quietud a grandes voces. ¿Qué v a a pasar aquí? dijeron los tendidos, temblorosos. Afortunadamente, no pasó nada. Fué un exceso de voz en una corrida silenciosa. Félix cogió las banderillas, una vez tranquilizado el de L a Algaba, y puso dos pares con toda su buena voluntad. N o debió coger las banderillas en toro que tanto desarmaba y estaba tan incierto. Pero, en fin, el deseo choca muchas veces con la realidad. Este toro no tenía fuerza para pasar, y Rodríguez tenía fuerza para irse, y no se entendieron ni encontraron. Manolo. Bienvenida tuvo una tarde muy completa. Su primer toro, suave y noble, justo de fuerza y bravura, salió pidiendo un torero que le aprovechara. Y así como salen otros buscando el torero que les luzca y no lo encuentran, este toro encontró a Manolo Bienvenida, que le aprovechó y le lució. Porque, además, topó con Bombita y Boni, que le cuidaron. Sobre todo en el tercio de banderillas, no dieron un capotazo de más, y le colocaron a gusto del matador, que banderilleó con alarde. Tres pares, al quiebro, aguantando más en los dos primeros. Y una fanea decidida, apretada y muy torera; una serie de capotazos con la izquierda, mejorando de pase en pase, y, como remate, uno de pecho, pasándose todo el toro, que a mí me pareció el mejor, por ceñido, quieto, por llevar al toro muy toreado y por la posición del cuerpo. Todo este momento torero, acompañado de decisión y ganas de torear, tuvo como remate la estocada en su sitio, y como corolario, la ovación, l a oreja y todo el séquito del éxito. Decimos que tuvo una tarde completa. E s que, así como este toro no tenía para el torero nada más que bondad, el otro, el l i diado en el séptimo lugar, era inmenso, con poder, alto de agujas, un toro que traía mucho que hacer. U n toro para toreros lidiadores, no para toreros del lance hecho, ni del efecto rebuscado. U n toro de los que definen, o se es torero o no hay nada quehacer. Desde que salió se dedicó Manolito a torear eficazmente con el capote, cosa si se quiere poder con el toro. Intentar el lance bonito era perder el tiempo. Y así llegó a la muleta bronco, rebrincado y con fuerza. Bienvenida le toreó sobre las piernas, doblándose, metiéndose en el cuello, en una faena que viendo lo que era el toro tenía mucho interés, más interés que la faena de la oreja. Y a las ocho o diez dobladas, cogió los pitones de aquel toro bronco, que parecía imposible de dominar. Estaba dominado. U n a estocada hábil, y descabelló, después de marrar. U n a tarde muy completa. Dos toros distintos, y dos procedimientos distintos. Acada toro lo suyo. Esto es el toreo, Solórzano tuvo el lote completo de los fogueados. Estuvo como podía estar: decidido. H i z o lo que pudo hacer. N o se podía hacer más. A uno le sujetó por bajo, porque el toro quería irse. Cuando lo consiguió, en faena breve, porque a estos toros cuanto más se torean más se aburren, le entró a matar, y luego le descabelló, después de algún intento. A l último le muleteó muy valiente, rain decidido, parándole mucho y exponiéndole el que más lució, sobre todo en un quite de aquel primer toro de la tarde, que embestía tan bieu y con l a cabeza tan baja. U n a corrida pesada, en conjunto, como casi todas las de ocho toros. Porque la cantidad superó a la calidad, lo vulgar a lo extraordinario, y abril no quiso asistir a la corrida, -G. Corrochano. E N VALENCIA C o r r i d a de beneficencia sin beneficios M a d r i d 4. E l tiempo no acompañó a la corrida. L a tarde- -el día de todo- -lluviosa y fría, no era adecuada para asistir a un espectáculo necesitado de So! que hace falta mucho amor a la fiesta para no entrarse de que llueve. P o r esto, principalmente, esta corrida de beneficencia sin beneficios, no tuvo su alegría tradicional. Lidiáronse reses de Coquilla. Ocho toros que, por lo visto, no se pudieron igualar n i en notas ni en tipo, porque al genio del p r i mer toro, al parecer el más bravo de los ocho, y la nobleza y bondad del tercero, sucedía Ta mansedumbre de los más, hasta culminar en el fuego los corridos en cuarto y octavo lugar. Y a hemos dicho que al parecer el más bravo fué el primero. Decimos al parecer, porque no tenemos la plena seguridad, porque no le acabamos de ver, porque, precisamente- al toro se le ve en el último puyazo, cuando ya 1 ehan pegado, y ese toro estaba en suerte, esperando al picador, y al mismo tiempo se pedía en los tendidos el cambio a banderillas. E l primer tercio sigue interesando poco. S i hubiera un poquito de curiosidad no se pediría el cambio cuando un toro está en suerte, porque lo que ha de definir al toro es este último puyazo. O t r a cosa que esta corrida acusó obstinadamente, por parte de los lidiadores, es el empeñarse en sujetar a un toro que quiere i r se de un tercio de la plaza, y obligarle a que allí cumpla, cuando el toro no quiere. Precisamente la práctica aconseja lo contrario; mudarle de tercio, correrle a otro lado, pegarle donde se pueda. Y a sabemos que los toros bravos, y no digamos los que salen sueltos, pelean en distintos sitios, y empeñarse en sujetarles es perder tiempo, cansar al público y no lidiar bien. Algunos se foguean pos esto; los otros, ni se foguean ni se p i can, aunque lo parezca, y esto es peor. Seis de Camacho (antes del marqués de Guadalet) para M a r c i a l Lalanda, D o m i n g o O r t e g a y E l Estudiante Valencia 4, 10 mañana. Con tarde ventosa y desapacible se celebró ayer la corrida con media entrada. Primero. Sabanito, terciadillo, recogido de pitones, mansurrón. Marcial no logra hacerle pasar en unas verónicas voluntariosas. Aplaúdese a Ortega en su turno, al quitar bravamente en terrenos del animal. Rafaelillo llega superiormente con los palos. Cadena, bien. Marcial, que encuentra al bicho suelto, sin estilo, le hace una faena laboriosa y sosita para media desprendida, entrando sin cuidarle del bien parecer. Otra casi entera. Segundo. Hocicón. Como el anterior, i n c l u s o en lo suelto y corretón... hasta que lo para Ortega en seis verónicas inimitables por el dominio y lo cerca. Luego, en el p r i mer quite, torea de frente por detrás, coa gracia insuperable. (Ovación. E l Estudiante hace lo mismo, cambiándose el capote de mano (ovación) y Marcial hace el quite de la mariposa, superiormente, reproduciéndose aquélla. Sigue Ortega toreando por faroles y otras monerías, manteniendo vivo el entusiasmo. Cástulo Martín deja un par superior. V a lencia, otro, regularcillo. Ortega lo pasa cerca y reposado, predominantemente con la izquierda, en una faena tan inteligente como bonita (música y oles) aguantando una enormidad, con tocaduras de pitón (aplausos) y un desarme. Deja una tendida. Descabella a pulso. Tercero. Orülano, pequeño, flaco, corto y abierto de defensas. E n el primer quité torea el Estudiante de frente por derás, con alguna precipitación, bravamente, rozándole los pitones la chaquetilla. Ovacionaron al Artillero, que pica en lo alto, muy bien. Escudero y Nacional I I salen del paso. E l bicho está bronco, atropellador y soltando viajes velocísimos. Estudiante, valiente, lo pasa sin perderle la cara, en una faena breve. Deja un pinchazo del lado de allá, por hacer el bicho un extraño, y una baja. Cuarto. Lechuguino. Más toro que los anteriores. Marcial, en diversas intervenciones, torea con su estilo peculiar. Ortega se recrea en unas verónicas suavísimas, modelo de temple y mando. E l Estudiante, bien en su quite. Marcial deja, exponiendo mucho, un par de poder a poder, superior, y otro al sesgo. Cierra Cadenas, bien. Marcial torea con ganas. Con la izquierda da cuatro naturales muy buenos. (Aplausos. Cobra una delantera, que basta. Quinto. Turronero. Gordo, grande, de trapío, embistiendo a topa carnero. Ortega y E l Estudiante hacen por alegrar el tercio, sin conseguirlo del todo. Marinero, sobre todos sus compañeros de aupa, mal. Aipargaterito y Valencia casi como los picadores. Ortega j m de hacerlo todo con la muleta, I pues el bicho, sin estilo ni bravura, es ua t E l toro primero llegó con celo a la muleta. Villalta toreó movido. Intentó restarle temperamento con unos pases por bajo, lo que estaba indicado, pero, como no le aguantó, no lo consiguió. E l toro estaba superior por el lado izquierdo, y en cambio por el derecho se quedaba un poco. Como Villalta por donde domina es por este lado, no se acopló bien al toro. D i o una estocada trasera y el toro murió embistiendo en los medios, detalle de toro bravo. E l toro quinto mansurroneó y se quiso ir varias veces de los caballos, y no le dejaron; solamente a última hora se les ocurrió cambiarle. Villalta le tanteó, y como encontrara a la gente fría, quiso recurrir a eso que llaman parones. E l toro se cernía, estaba para pelear con él, no para hacer la estatua; pero V i l l a l t a le fijó bien en la muleta a ver si podía ser. P o r milagro de milímetros no se 3o llevó por delante. Después de parar lo cue no debió parar, luego se movió lo que no debió moverse. Entró muy bien a matar. E n esto es en lo que está fácil, valiente y seguro. Félix Rodríguez, desconfiado. Andábamos a la altura del sexto toro, un poco frío y otro poco adormilados, cuando oímos voces de caballero andante: ¡Quieto! ¡Quieto A todo correr de su caballo venía, lanza en ris-