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ees. del gris como enlace y modulación. D e berán meditar en, ello los escenógrafos demasiado coloristas, que, cuando nos hierenlos ojos, acaban por embotarnos toda otra sensibilidad. E l escenario, la decoración, en el cine, cen parecer lo principal es siempre lo accesorio; por eso no hay cama donde nadie se acuesta, ni mesa donde nadie come, ni lavabo donde nadie se lava, n i silla donde nadie se sienta. N o lo decorativo, sino lo necesario; lo necesario- muy bonito; pero lo necesario nada m á s lo que actúa, lo que sirve, lo que habla con la comedia; en el teatro nos importa poner con lujo, y hay a veces idea de que lo lujoso es lo abundante y recargado, aunque sea superfluo, y así en el teatro, desde que surgieron los ballets rusos, que no tienen nada que ver con el g é n e r o de comedia, la decoración- se empeña en ser lo principal, y acaba comiéndose l a obra. L a palabra nutrida de matices, de pensamiento, de emoción, de poesía, sólo a l canza su m á x i m a eficacia humana, dicha en el teatro y por un ser vivo. Conformes. Pero el teatro ha de aprender todavía a no I restarle esta eficacia, y lo puede aprender en el cine. Y sobre todo en el cine f r a n c é s los franceses, personales y verdaderos i n- térpretes, le dan a la película un espíritu, ¡un calor de alma, que nunca consiguieron los americanos del Norte con el dinero y su dinamismo frenético, ni con su sobriedad de no hacer. nada, propia de artistas extranjerizados, artistas en serie, como los automóviles. P o r eso seguiré yendo al cine, aunque se me r í a el amigóte, que no hubiera entendido nada de cuanto llevo dicho. E l lector, s í el lector entiende; el lector es un amigo. 1 FELIPE S A S S O N E ESTRENOS E N MADRID Palacio ele la Música: Para al- canzarla luna Unos actores de probada solvencia a r t í s t i c a E d w a r d E v e r c t t Horton, Jack MulhalL Claud Allister, capitaneados por Bebé D a niels y Douglas Fairbanks, l a pareja m á s cinematográfica del cinema; un director, E d m u n d Gcukling, que cuenta en su haber con obras estimables- -Arma Karenina, entre otras- muchos miles de dólares para escenarios; decorados y vestuario; u n ejército de autores, ingenieros, ayudantes, operadores, electricistas, etc. C o n todos estos elementos puede realizarse una excelente película. S i n duda. Pero puede resultar también un engendro lamentable. Como en- este caso. P a r a alcanzar la luna- -dice Bebé: -no hay m á s que proponérselo. P a r a conseguir una mala película- -puede decir también Artistas Asociados- -basta con el propósito. Cierto. Bebé y los productores tienen razón. Aquélla y éstos han logrado su objeto. Y todos tan conformes. Todos menos el público que, organizado en orfeón, nos obsequió la noche del estreno con un magnífico concierto- Matarile A u p a A l i r ó n mientras Bebé y D o u glas, olvidados de su cinematográfico dinamismo, desarrollaban un curso de elocuencia- -en inglés, naturalmente- -a través del micrófono. Claro que la culpa de este lamentable espectáculo es exclusivamente de los especta- ¿lores. ¿Q u é hacen ustedes que no se apresuran a aprender inglés? Así hubieran podido admirar la maravillosa literatura de Elsie Janis, lo mc; or, sin duda, de la cinta. S í lo mejor. Porque aunque no entendimos n i una palabra, suponemos que en la belleza del diálogo está, precisamente, el principal mérito de esta producción, mala por el argumento, por los decorados, por la ¿fotografía, por la realización... Luyan Tashman lu- ce uh gracioso y sencillo vestido de organdí, con chaqueta de terciopelo crema. En silueta, el delo de viaje primavera que en su última cula. mopara viste pelí- (Fotos Paramount-
 // Cambio Nodo4-Sevilla