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Vista de la Exposición organizada por el Museo de Ciencias Naturales, en la que figuraban láminas y manuscritos de Mutis. y durante buen espacio de tiempo, se habló de Mutis, se comentaron los varios aspectos de s u vida, tan varia y movida a través de sus largas expediciones americanas, y, finalmente, se expusieron ideas encaminadas a lograr la mayor difusión de sus notables obras científicas. N o se aludió, y ello fué la mejor respuesta, a una noticia que un escritor, obli- gado por su cultura a no proceder tan de ligero, publicó días atrás en una revista madrileña. E n media docena escasa de líneas se daba cuenta del centenario y se recordaba a Mutis como autor de aquellos dibujos para almohadones quedaos enseñaban en el Botánico Nada más. Se olvidó el comentador del Mutis no- men inmortale x ¡uod milla aetas nunquam deiebit como de él dijo Linneo. Olvidó, sin duda por desconocerla, la opinión que un maestro tan autorizado cual el doctor García Várela escribió sobre Mutis y otros, naturalistas patrios. N o cita, acaso por no creerlo digno de loa, cómo Mutis fundó el primer observatorio astronómico americano; cómo, aparte de la gran labor iconográfica que suponen las 6.717 láminas de la flora de Nueva Granada, Mutis descubrió infinidad de plantas y sus interesantes aplicaciones, el té de Bogotá entre otras. Olvidó asimismo el ligero si que despectivo comentador el notable papel que los españoles desempeñaron en el descubrimiento y estudio dé las quinas. Seguramente ha olvidado por sabido que este descubrimiento, que tanto había de revolucionar la farmacopea, se debe a nuestros hombres de ciencia- -Mutis entre ellos, escribiendo el Arcano de la quina- y cómo el nombre específico con el que Linneo designó al género alude a un personaje español. Seguramente por creerlos de menor cuantía porra los trabajos que Mutis efectuó en Colombia en su calidad de médico del virrey de Nueva Granada, las explicaciones que durante largos años d i o en sus cátedras de Fisica, Matemáticas y Ciencias Naturales, en las que logró discípulos tan aventajados cual Francisco José de Caldas, fray Diego García, Valenzuela y Fermín de Vargas. l í tiempo transcurrido escuchando las autorizadas palabras de doña Clara Bayo- -fina y e s p i r i t u a l p e r c e p c i ó n- del e r. u d i t o p a d r e Agustín J Barreiro, del ilustre d i rector del j a r d í n Botánico y del d i rector d e l M u s e o de Ciencias N a t u rales fueron gratos momentos, en que, olvidando un poco el presente, enraizamos el espíritu en la tradición española. U n p a s e o por nuestros c l á s i c o s científicos siempre lleva a Conclusiones alentadoras para el porvenir. L a r a z a que alumbró al mundo los nombres gloriosos de A z a r a de Molina y de H e r nando. L a m a d r e d e naturalistas y expedicionarios cual Hipólito Ruiz y José Pavón; de cerebros tan despejados y polifacéticos como el de José Celestino Mutis. L a nación que produce al presente hombres de ciencia de la ta Lámina inédita de la flora de Nueva Granada. Forma par lla de un Cajal o te de las 6.717 que guarda el archivo del Jardín Botánico. un Bolívar- -serenidad, nieve en las mos, dentro de nuestra modestia, que el esaltas cumbres- -bien merece un crédito de pañol aún tiene muchas monedas que camconfianza para el porvenir. S i en todas las actividades patrias se biar. U n a mención de agradecimiento a los iluscuenta- -seguramente también ocurre a s í- -tres diplomáticos americanos que en la con quienes al presente sepan oír el pasado, tarde abrileña comulgaron con nosotros en como se oye en el campo de las ciencias el íntimo homenaje a un naturalista esnaturales, el mañana guarda incontables sorpresas a F. spaña. pañol. Señala el dicho popular cómo guien tiene MANUEL G. L L O R E N S una moneda es quien la cambia. Después de CFotos del mismo autor. asistir a la sesión homenaje a Mutis creeA