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decer, y si hay fracaso, nada que echar en cara artistas, empresario y autor al público y a la crítica. L o que sea, será nuestra obra. HONORIO MAURA E! rínconcíto n lugar de autocrítica) O r i g i n a l de D. Serafín y don Joaquín A l v a r e z Quintero, ciue se estrenará mañana, viernes, por la. tarde, en el teatro L a r a Y o me voy a labrar un rinconcito de aislamiento dichoso y de paz grata donde no llegue de la vida ingrata ni una molestia, ni un rumor, ni un grito. Y lo labra a su amor poco a poquito; pero la realidad nos lo maltrata, y no hay fastidio, impertinencia o lata que no lo ponga al rojo, asado o frito. ¡Vana ilusión! -exclama Don Paciano- I Quebró mi plan! ¡Frustróse mi deseo! ¡N o hay quietud en el monte ni en el llano! j L a vida es hoy tumulto y ajetreo! IPuebla hasta el aire el rebullicio humano! j Y a ni en la paz del rinconcito creo! S. y J A L V A R E Z QUINTERO T r e s líneas de El Liberal F a r s a de D. Francisco Serrano A n g u i t a que se estrena esta noche en el teatro F o n t a l b a Así, ahora, yo me escudo en el milagro de la risa, de la lozanía, del atractivo físico y del espíritu palpitante e inquieto de Carmen Díaz, que una vez más se somete a la prueba de crear ante las baterías una española honesta, tranquila y resignada frente a las truhanerías- -no muy graves, no vayan ustedes a alarmarse- -del hombre al que quiere con todo el ardor de su j u ventud y toda la bondad de su corazón. Y a dije que el campo de acción de Tres líneas de El Liberal es mi tierra andaluza. Ese Liberal al que se alude es el de Sevilla. Y naturalmente, sevillanos son los personajes, y sevillanísima la protagonista. ¡Grave delito, que acaso no me perdonen los que quisieran ver a Carmen Díaz acometer más altas empresas dramáticas; para las que le sobran vigor y entusiasmo! Pero no es culpa de ella, que ha de someterse a la tiranía de los autores que le escriben comedias, sino nuestra- -mía en el caso presente- de ios que no nos resignamos a dejar entre bastidores ese encanto personal, ese fulgor, esa brillantez y ese empuje que constituyen lo más destacado y rotundo en la línea artística de la gran actriz, Y es posible que también sea culpa del público, que dice claramente, con su devoción y con sus aplausos, que así es como quiere ver a una de sus comediantas preferidas. V a y a en mi descargo que la sevillana que hoy va a encarnar Carmen Díaz no se ha fugado de ninguna pandereta, sino que está metidita en su casa de la Puerta de T n a n a Y no hay coplas, ni juergas, n i borracheras, ni fiamenquerías, ni puñalaítas ni caireles, ni tacones de baile castizo, ni- repicar de castañuelas. Apenas si se anima el cuadro con una escapatoria a u n ventorriyo de ná junto a L a B a r queta, en las orillas del Guadalquivir; pero en seguida volvemos a las cuatro entre las que se desarrolla la intriga y donde es dueña y señora nuestra sevillana, cayaíta la pobre y más buena que un sopicardo; pero sin pizca de fantesia... Farsa sin trascendencia, como he dicho antes. Obra de buen humor- ¡ojalá no se entenebrezca el del público! en l a que no hay más propósito que el de divertir sencillamente con unas situaciones que aspiro a que sean entretenidas y un lenguaje en el que he procurado huir, como siempre, de artificios y retorcimientos. L o s espectadores y l a crítica me dirán si he acertado a realizar mi deseo. Desde luego, ésta y aquéllos reconocerán, me atrevo a afirmarlo, que he encontrado en Carmen Díaz y en sus ilustres compañeros los más eficaces y entusiastas auxiliares para esta nueva batalla por el pan quilidad de mañana- de hoy y la Tran- FRANCISCO S E R R A N O A N G U I T A La rica de M o m b e t r á n Romance serrano, en tres jor nadas, que se estrenará el próximo martes, día 12, en el teatro Cervantes, por l a compañía de M a r g a r i t a Robles. Esta invención de la autocrítica teatral nos parece, con todos los respetos, un poquito inmoral y, desde luego, contraproducente. Y a sabemos que Corneille juzgó por cuenta propia sus tragedias, y que Alejandro Dumas puso a sus comedias otros tantos prólogos, que pueden considerarse como pórtico del teatro moderno. S i n embargo, es el periodismo contemporáneo, travieso, agudo, hecho de insaciable inquietud y de indiscreción simpática, quien- ha sacado de sus casillas desde los príncipes del ingenio- a los zurcidores y ropavejeros de la escena, poniéndoles en ocasión de hablar de sí y de su obra antes de que la vea, oiga y sancione el público para el que fué compuesta, y de que pueda juzgarla en última instancia el tribunal supremo de la crítica. Bien está que un Bernard Shaw fenga con ello nuevo pretexto para su humorismo paradójico, 3 míe así nos lluegue, en un mismo libro, el doble goce de la comedia agradable -aunque él las califique a veces de lo contrario- -y del ensayo de buena cepa inglesa. Pero lo que ya encontramos peor es que el senado y los censores vayan al teatro con prejuicios. L a autocrítica a posteriori, sí, ofreciendo al autor un derecho indiscutible de apelación y de defensa, cuando llegue el caso. Precisamente el máximo interés, la íntima satisfacción compensadora de quien ha escrito una obra para el público residen en que éste la reciba libremente, con complacencia y comprensión espontáneas, y que, tanto en el próspero suceso cuanto en adverso trance, plumas autorizadas penetren en lo hondo de aquélla, confirmando el resultado 0 verificando la efectividad de la prueba del estreno. L o demás es crear a éste un ambiente no siempre favorable; y, por si acaso, nosotros, en esta nuestra primera salida, no habríamos de anticipar ninguna intención ni profesión de fe al llevar La Rica de Mombeltrán a escenario que ostenta nombre tan glorioso cual el del autor de La Nvnancia. Llamárnosla romance serrano por no encerrarla en el obligado casillero de! drama o la comedia, ya que de ambos tiene, mas también porque en ella hemos procurado dar el tono y espíritu del romance, con versificación asimismo popular, y con el fondo y reflejo fecundos de la ilustre ooesía de Juan Ruiz, de D. Iñigo López de Mendoza v del llorado Enrique de Mesa. Gredos la V i l l a y su. castillo do. Alburqüerque. 1870... pero sin que esta fecha sea un jalón histórico clavado en la entraña del arninto, sino, únicamente, una vaga referencia poética que aleje la acción de estos días de turismo, de guías Michelín, autocqrs y paradores con calefacción central... Esto es cuanto nos cumple declarar como aviso o noticia. Nota dé programa, que nada prejuzga ni pretende. Lo que creemos da- -y en- -nuestra obra, lo- que debemos a d i rectores e intérpretes- -que es mucho- quede de telón adentro v de- corazón a corazón. Son otros quienes han de decir, pronto e inexorablemente, la última palabra. FERNANDO DE LAPI LUIS DE MECO S i alguna obra teatral he escrito yo para mi recreo y satisfacción, es esta farsa que, con el título de Tres líneas de El Li- beraV va a estrenar dentro de unas horas la eminente actriz Carmen Díaz. P o r no ser trascendental ni complicada, sino de limpia sencillez y de no interrumpido buen humor, por no haberme espoleado, mientras la hacía, la angustiosa necesidad de. cumplir una promesa a plazo fijo; por haber trabajado en ella hundido en la calma estival de los campos gallegos, haciendo así, por ley del contraste, más viva y más luminosa la evocación de mi tierra sevillana porque se me lograba el deseo de rendir homenaje al arte de una comedianta que, si ya contaba con mi admiración fervorosa, se ganó mi rendida gratitud por el honor que me hizo al solicitar de mí una comedia; por todo, en suma, no tuve amarguras ni desazones al imaginar y al escribir Tres líneas de El Liberal Y por eso, quizá; porque yo, como autor dramático, soy un poco gitano y no quiero para los hijos de mi pluma tan buenos principios, es por lo que ahora estoy más preocupado que nunca, temeroso de que mi humilde farsa no sea. digna de la gran artista que v a a internretarla, del prestigioso escenario, -e l del teatro Fontalba- -en que ha de representarse y del severo e inteligente auditorio que la ha de juzgar. Concluida y entregada la obra a Carmen Díaz a primeros de agosto del pasado año, el plan de trabajo de la actriz no ha permitido hasta ahora ciarla a conocer al público. Llega mi heroína al tablado de Fontalba después que desfilaron por él, hechas carne en la figura magnífica de l a artista y alentadas por su inspiración y su maestría, otras mujeres de temple admirable y de indiscutible valor humano. A l lado de ellas, que eran risueñas, garbosas, bizarras, llenas de nobleza, de alegría, de ternura y de luz, ¿qué mérito puede tener la protagonista de Tres líneas de El Liberal si no es el que ha de prestarle la gracia peregrina de la intérprete? E n ésta confío, seguro de que sabrá encontrar nuevas facetas y matices para dar vida a un sencillo tipo femenino. Pero deseo que vaya por delante la confesión de mi pecado de autor dramático que, con una mira egoísta, busca para sus criaturas escénicas la colaboración y la ayuda de la actriz o el actor a quiénes se las confía. 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