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DIARIO DO. ILUSTRA- DIARIO DO. ILUSTRA- A Ñ O V G E- A Ñ O V G E- SI M O C T A V O JO C T S N U M E R O SI M O C T A V O 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i. D E JUNIO D E 1905 P O R D T O R C U A T O L U C A D E T E N A LOS SOLDADOS Mientras leo al paso una revista francesa, mi atención, de pronto, ha quedado presa en un p á r r a f o que viene a decir nada menos que esto: Jo mismo Bergson que Freud, en recientes libros estiman como muy probable el desencadenamiento de una nueva guerra... L a conjetura marcial de los dos hombres eminentes me ha dejado perplejo y como bajo la impresión de un brusco golpe doloroso. Para un español de los momentos actuales 1 a idea de la guerra es la cosa lejana que casi carece de realidad. Nosotros, o porque nos hemos adelantado al porvenir o por otras causas menos plausibles y confesables por- debilidad y decadencia? hace tiempo que hemos resuelto el problema belicoso. E s p a ñ a no va contra nadie; E s p a ñ a no desea nada; E s p a ñ a es la nación desarmada y pacifista que no quiere oír hablar de guerra. Pero E s p a ñ a no está sola en el mundo. Y en el mundo existen, por lo visto, profundos conflictos de fuerzas, de disparidades, que hacen que la idea de la guerra se sostenga siempre en el centro mismo- de la probabilidad inminente. E l Sr. A z a ñ a en uno de sus últimos discursos, aportaba al caso la alarma de su espíritu responsable Tenemos que evitar- -venía a decir- -que los acontecimientos vuelvan a sorprendernos en la actitud de impotencia en que se encontró nuestro país el año 14. L a guerra europea, en efecto, sorprendió a E s p a ñ a completamente desarmada; desprovista de armas materiales y de armas espirituales; sin voluntad para ninguna decisión, como no fuera la última decisión de los impotentes, que es la de retirarse al margen. Desde entonces el pacifismo, o, mejor aún. la repugnancia por todo pensamiento de lucha y competencia, ha ido agrandándose en el alma española hasta adquirir las proporciones que el ministro de la G u e- r ra señala con tan insistente patetismo. Verdaderamente, seria difícil hallar hoy un pueblo tan pacifista, tan antimilitarista y desmilitarizado como es hoy España. Y el hecho es más de notar si se considera que España, en realidad (y dígase por ahí lo que se quiera) ha ocupado un puesto de distinción en la historia universal de los cuatro últimos siglos casi exclusivamente por sil capacidad de fuerza. Cuando esta fuerza era de, veras eficaz, España fué temida, y, naturalmente, odiada, principalmente por Inglaterra y Erancia, a quienes podía hacer sombra v para las cuales podía ser un inmediato peligro. Durante el siglo x i x concluyó E s p a ñ a su obra de inutilidad; toda su actitud de fuerza quedó extinguida. Y actualmente, no sólo ya no es un peligro para sus rivales históricos, Francia e Inglaterra, sino que no cuenta en absoluto para ningún país delmundo. E l Sr. A z a ñ a decía en el Congreso que nuestro Ejército había quedado reducido a la modesta misión de escoltar procesiones. U n E j é r c i t o de parada, simplemente. Y es la hora en que los corresponsales nos refieren que el Ejército rojo de Rusia alcanza a millón y medio de soldados bien amaestrados, con un material de guerra de lo m á s completo. E l Sr. A z a ñ a ha encarecido la necesidad de crear, reformar, organizar un elemento de combate que hoy no poseemos. ¿Pero conseguirá crear otra cosa más indispensable? ¿L o g r a r á llevar al ánimo de sus compañeros gobernantes y al ánimo del país la convicción de que un pueblo no puede mantenerse seguro, honrado y respetado si carece de una máquina de guerra positiva? Esto es lo m á s difícil, por lo mismo que es el ánimo nacional lo que ha fallado en España. S i el español, como pueblo, ha renunciado a toda idea de fuerza y competencia; si el español actual se contenta- con los recuerdos de gloria de su gran pasado, cuando le asalta la necesidad de sentirse orgulloso; si E s p a ñ a repugna la guerra y no desea m á s soldados que los de las paradas y las procesiones, entonces el gobernante tendrá que empezar por hacer un esfuerzo penosísimo, como es el volver a encender en la nación el espíritu militar que se había apagado. pos modernos, en que el español se compara con los otros hombres y ce ve positivamente como un ser desamparado, sin compensaciones de orden moral y cara a. cara con la realidad de la vida. JOSÉ M S A L A V E R R I Á A B C E N BERLÍN Veinte mil mudanzas Las calles de Berlín adquieren en estos días. un aspecto desacostumbrado. U n a i n dustria completamente aletargada desde hacía m á s de quince años ve renacer de pronto, en una época de crisis general, la perdida prosperidad. Reaparecen en las calles de Berlin, después de una larga ausencia, los carros de mudanzas, que ahora son casi siempre, naturalmente, -camianes- automóviles. L a carga y descarga de muebles intercepta cada cien metros el paso por las aceras. Veinte mil familias berlinesas van a cambiar de domicilio durante estos últimos días de marzo y los primeros del p r ó x i m o abril. Siempre me ha. llamado la atención, en mis muchos, viajes por el extranjero, la ausencia de soldados ociosos por las calles de las poblaciones. Países de una enorme organización militar, cómo Francia y como l a Alemania de antes de la guerra, dan la i m presión de ño poseer apenas soldados; no se les ve por- ninguna p a r í e E s p a ñ a al revés, parece una nación repleta de soldados; parece lina nación en pie de guerra; por toAntes de la guerra gozaban los berlinedas las calles y plazas de las ciudades no ses fama de ser gente que no paraba largo se v e n- m á s que grupos de soldados. Soldatiempo en una misma vivienda. E l forasdos ociosos, -aburridos, cansinos y no siem- tero que en estos días circule por Berlín pre aseados... Soldados por todas partes, v a recibirá la impresión de que, pasado el pegando al azar y con el aire de estar- ejer- -ríódo de inmovilidad forzosa impuesto por ciendo la función (la sagrada y terrible la crisis de la habitación, el carácter de la función) de las armas sin entusiasmo algupoblación berlinesa sigue siendo tan inquieno y como quien cumple una fórmula trat) y amigo del cambio como antes. Pero, dicional. ¿Qué hacen los soldados en otros bajo la identidad de las apariencias, la reapaíses? Concentrados en los campamentos, lidad ha sufrido un cambió fundamental. eii las fortalezas, en los cuarteles de disNadie se cambia ahora de piso por gusto, tribución moderna, están haciendo su oficio, por capricho, ni tampoco para mejorar su sencillamente; maniobrar, aprender, recibir tren de vida. instrucciones, cavar trincheras, tirar a! blanLos motivos de estas veinte mil mudanco, saltar parapetos, leer, oír conferencias. zas que ahora- constituyen la nota de acTrabajar. Hacerse completos instrumentos tualidad en las calles berlinesas son de muy de combate. Esa impresión de un E j é r c i t o distinta naturaleza y siempre los mismos: aburrido que vaga por las calles sólo se obfalta de medios y consiguiente necesidad serva aquí, donde semeja haberse perdido de reducirse. L a crisis impone a la inmensa toda tensión. mayoría de la población un régimen de estrechez incompatible con el sostenimienY ahora, al final, es cuando v e n d r á bien to de una vivienda espaciosa. Hasta ahora la observación siguiente: L a felicidad, en las mudanzas habían sido pocas, porque la los pueblos como en los- hombres, es. un reley impedía, tanto a propietarios como a sultado de compleja psicología; es una coninquilinos, la denuncia de los contratos. secuencia de la imaginación. Así. un pueblo Pero tan pronto como el Gobierno, en uno achicado tiene muchas m á s probabilidades de sus últimos decretos- leyes, restauró el de sentirse infeliz cine un pueblo envalentoprincipio de libertad en el mercado de la nado. E l pueblo achicado, y que se- resigna vivienda, más de 80.000 inquilinos en Bera su situación de achicamiento, tiene una lín solamente- -y la proporción no fué m á s mayor facilidad para ver y experimentar baja en otras ciudades alemanas de i m toda la realidad y magnitud de sus sinsaboportancia- -se lanzaron a ¡a busca de p i res. Porque se halla privado de toda com. sos más pequeños y m á s baratos, dejando pensación imaginativa. P o r ejemplo, los a los propietarios la preocupación de enconespañoles de la época de Carlos V no eran trar nuevos inquilinos para los grandes p i menos pobres que los de hoy; Castilla no sos abandonados. S i de los 80.000 contratos era menos seca ni los trigales eran entonces de inquilinato denunciados en Berlín, sólo más lozanos. Los españoles del tiempo de 20.000- -la cuarta parte- -han quedado definiCarlos V vivían mucho peor eme las gentivamente rescindidos, ello se debe únicates de Flandes, del Norte de Italia, de las mente a los sacrificios que muchos propieciudades del R h i n de la Isla de Francia. tarios han estado dEpues os a realizar para Sin embargo, ellos se creían superiores a detener el éxodo de sus inquilinos. Entre todos los demás. Se creían m á s dichosos ceder un piso a bajo precio o tenerlo desque nadie. Y era porque los sostenía en esa alquilado hasta Dios sa e cuándo, muchos ficción, su admirable idea de grandeza. E l propietarios han preferido la primera sosentimiento del. rango, de la superioridad lución. nacional de la organización jerárquico- suntuosa de su mundo. E n cuanto el esceptiL a situación actual del mercado de la cismo y las derrotas del siglo x v n agrietavivienda en las grandes ciudades alemanas ron ese mundo, el español empezó a sentirés uno de los signos más visibles y elose realmente desgraciado. Hasta los tiemcuentes de la crisis aterradora q e u puís 1 i
 // Cambio Nodo4-Sevilla