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D O N RAFAEL ROMERO RODRÍGUEZ DE LA DEVESA Y SU PRODIGIOSO OXIGENANTE DE CARBONES U n poco sorprendidos ante l a aparición en la Prensa madrileña de pomposos anuncios lanzados a la publicidad para dar a conocer numerosos productos cuya paternidad e invención atribuímos siempre al Sr. D e l a Devesa, hemos solicitado una entrevista del insigne y laureado compatriota, quien, con su habitual gentileza, nos la ha concedido en el acto. Fueros de justicia, por una parte, y por otra fueros de patriotismo, ya que se nos dice que algunos de estos productos se han presentado en los mercados españoles con abanderamiento extranjero, nos obligan, con plenísima satisfacción, a cumplir un deber informativo que seguramente nos agradecerán nuestros lectores, movidos por la curiosidad que no ha podido por menos de producirles el vendaval de anónimos específicos benefactores del carbón con que todos los días se pretende labrar su felicidad. D o n Rafael Romero Rodríguez de la Devesa es el prototipo de la caballerosidad. H o m b r e perfectamente sano de espíritu y equilibrado de cerebro, experimenta una verdadera voluptuosidad cuando practica el bien; temperamento reciamente castellano, pone siempre las luminarias de su ideal en el engrandecimiento de su p a t r i a caballero cristiano, siente una augusta piedad por las conciencias escurridizas, que resbalan, herméticas, como sobre cojinetes ele bolas. Pretendemos una aclaración lacónica, pero clara, contundente y terminante, avalada con el testimonio de la técnica y justificada con hechos y experiencias científicas tangibles, sobre lo que pueden ser estas fórmulas químicas que mejoran la cualidad de los carbones, guiados por el afán de que el público no pueda llamarse a engaño y, deslumhrado por utópicos y fantásticos ofrecimientos, colabore inconscientemente contra sus propios intereses. E l Sr. D é l a Devesa v a respondiendo a nuestras preguntas, no solamente con l a competencia propia, hija de muchos años de estudios y desvelos, sino con los certificados e informes de l a ingeniería española, escritos en dictámenes privados y en memorias oficiales, entre los que es digno de tomarse en consideración el de la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao, que atestigua que el O X I G E N A N T E suministra en su disociación por l a acción del calor un total. de 15,60 por 100 de oxígeno; produce un considerable alargamiento de la l l a m a llega a una notabilísima disminución de humos negros; se observa un aumento en l a producción de materias volátiles, con la consiguiente disminución de carbono fijo, comprobándose, por último, u n gran aportamiento de anhídrido carlwnico, todo lo cual mejora de una manera clara y perfectamente controlada la utilidad de los carbones sometidos a este tratamiento. E n análogo sentido, nos manifiesta nuestro interlocutor, han i n formado los directores técnicos dé cuantas entidades, organismos y laboratorios, tanto oficiales como particulares, han sometido a ensayo el O X I G E N A N T E D E C A R B O N E S siendo muy notable el últimamente emitido por los ingenieros y químicos de l a Compañía de Caminos de H i e r r o del Norte de España. Mención especial merece la M e m o r i a presentada por el competente y muy ilustre ingeniero de la A r m a d a D José Aguílar, comisionado oficialmente por R. D del ministerio de M a r i n a de noviembre de 1024 para organizar escrupulosas experiencias cerca del O X I G E N A N T E obteniendo tan bellos resultados, que, en su vista, por R. O. de 9 de enero de 1030, fué declarado el invento del Sr. D e l a Devesa producto de utilidad para los buques de l a A r m a d a E n igual forma, se emplea hoy con éxito patente y notoria economía de carbones en el 75 por 100 de las entidades del Estado y muchísimas otras de carácter particular. E n todas estas experiencias y en otras muchas llevadas a cabo en l a boratorios privados, y aun en muchísimas más realizadas por el propio insigne inventor, la economía en el consumo del carbón llegó siempre del 20 al 25 por 100, salvo en casos en que, por la calidad de los carbones, este porcentaje hubo de elevarse en proporciones no habituales. E l Sr. D e la Devesa insiste, y nos lo demuestra hasta la evidencia, que solamente la acción deseada puede conseguirse con substancias di sueltas en agua o en otros líquidos, cuyas acciones, física y química, se realizan amplia y homogéneamente en toda l a masa del carbón, haciéndolo, primero, más poroso. Substancias sólidas, u t i lizadas en forma de espolvoreo j a más podrán ejercer de oxigenantes, no produciendo, por lo tanto, beneficio alguno a los combustibles, a no ser el del gravamen de los carbones. por el sobreprecio de la substancia admitida como buena. Sería poco serio discutir siquiera fantásticas economías y porcentajes fabulosos, que algunos hacen llegar al i ¡80 P O R C I E N T O! sin tener en cuenta que con ello se hieren con sus propias armas. E l prestigio del O X I G E N A N T E D E C A R B O N E S del señor Romero de l a Devesa está por encima de toda competencia y de todo prejuicio, por lo que el insigne inventor sólo puede contemplar desde un O l i m p o inaccesible toda suerte de maniobras; pero, filántropo antes que negociante, patriota antes que industrial, D Rafael Romero Rodríguez de l a Devesa ha creído u n deber de conciencia dirigirse al público español con una generosa voz de alerta, lamentando mucho que en nuestro país, donde las inteligencias son tan fecundas y las iniciativas nacen por generación espontánea, se obcequen los hombres dinámicos en seguir, apegados a la rutina, caminos trillados, en vez de roturar románticamente nuevas y gloriosas rutas al progreso de l a nación. P o r otra parte, y a lo hemos d i c h o hombre perfectamente sano de espíritu y equilibrado de cerebro, trabajador incansable, c i u dadano generoso, caballero cristiano, el Sr. Romero de la Devesa siente una gran misericordia por las conciencias escurridizas, que resbalan, herméticas, como sobre cojinetes de bolas. E r r a r e humanum est 1 R i c a r d o S. I K T N R S T R l M A
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