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llecer los jardines y a adornar con estatúas las fuentes y las glorietas. Carlos I I I fué quien hizo rodear la extensa posesión (de unos diecisiete millones de pies cuadrados) de una sólida tapia, que después fué derribada en muchos puntos en los tiempos que. sucedieron a la gloriosa L a invasión francesa señaló una fecha triste, para el Retiro, lo mismo que para tantos otros lugares de Madrid y de España, y ello dio lugar a que el parque. quedase convertido en una inmensa. eiudadela por la necesidad de dominar a l a capital. Se talaron árboles que eran y a centenarios y se arrasaron los jardines, destruyéndose muchas fuentes y derribándose algunas estatuas, con objeto de habilitar campos de maniobras y albergue para las numerosas tropas allí acampadas. Pasada la ola destructora Fernando V I I y después su hija Isabel, mostraron especial predilección por la posesión real, consagrando especial esmero a embellecerla y restaurarla y reservándose una parte de ella (la que se denominó el reservado con objeto de que el pueblo madrileño tuviera libre acceso a la restante. Los tiempos posteriores, que Casi se enlazan con los actuales, son m á s conocidos del lector. H a n desaparecido muchas de las antiguas construcciones, así Como los cuatro embarcaderos situados en los cuatro ángulos del estanque (éste es tres veces y una tercia m á s grande que la plaza Mayor) y al ser El estanque del Retiro en tiempos de Femando VII, El Rey con la Reina María, convertida en solares una buena porción de Cristina y otras personas de la Corte ocupan las dos falúas. (Cuadro de José los jardines no ha quedado del antiguo paRivelles, existente en el Museo Municipal. lacio m á s que una nave, en la que se halla instalado el Museo de Artillería, y el llaLos políticos y los hombres de negocios, tauren algunos brazos y manos, ya que las mado C a s ó n también convertido en M u como si quisieran encontrar un sedante a su dos cabezas roías han sido colocadas en esseo de Reproducciones. vida de ajetreo, buscaron siempre algunas tos mismos días. De todas las antiguas ermitas que se hahoras de reposo en las vastas alamedas. C á A cada cual lo suyo. bían ido erigiendo (San Bruno, San A n t o novas gustaba. ele pasear por las inmediacionio de los Portugueses, la Magdalena, San nes del paseo de Coches (Sagasta, en camO í r o s aspectos Juan, San Pablo y San Isidro) no ha quebio, que no coincidía en sus gustos con los dado tampoco ninguna: en cambio, muchas ¡Qué álbum m á s bello se podría formar del monstruo prefería la Moncloa) y l a fuentes que adornaron las plazas de la villa si se reuniesen en su torno las endechas de Canuta dueña del aguaducho próximo a fueron transportadas al parque, en el que los poetas, las prosas de los escritores y los los Toreros en el que el paladín de la apuntes d e í ó s pintores y dibujantes que han también se ha levantado gran n ú m e i o de ¡Restauración acostumbraba a sentarse, se hallado inspiración en las misteriosas fronestatuas y monumentos. hizo célebre en su época, siendo objeto de das y en los. bellos rincones del Retiro! H a b l a r é de las estatuas que por ahora alusiones en los periódicos satíricos y en Mansión de plácido reposo para el habihace un a ñ o fueron derribadas? Cuando ya las piezas teatrales. tante de la villa, lugar de ameno esparcihacía unos meses que yacían en el suelo del Posteriormente D M i g u e l Villanueya, el miento para la infancia, refugio de artistas, paseo hube de referirme a ello como croconde de Bugallal, Espada y otros políticos paraíso de enamorados, encanto de estudiannista, y hoy me cumple manifestar, como discurrían por los paseos de ensueño de la cronista también, y como madrileño, que sin tes y modistillas, en sus avenidas m á s so ¡Rosaleda en las plácidas tardes primaveralitarias, en las umbrías plazoletas, numeroruido ni voces- y merced al buen sentido les y en las serenas de otoño. D o n Torcuato sas generaciones han tejido sus madrigales de nuestro alcalde, las estatuas se yerguen Luca de Tena, vencido ya por la enfermede amor y han dejado volar la fantasía por nuevamente en sus pedestales y que se han dad (sirvan estas líneas de sentido recuerdo las vaporosas regiones de la ilusión. dado las órdenes oportunas para que se resal gran español en el tercer aniversario de su muerte, que se cumple en estos días) frecuentaba también aquel paraje, en el que hizo levantar el monumento a Miguel M o y a y no lejos del erigido a la memoria de T o l o sa Latour, que fué también su gran amigo. Hasta no hace mucho tiempo el veterano escritor Fernando Lozano (JDcmófilo) no dejaba un solo día de i r al Retiro, con calor o con frío. D o n Armando Palacio Vaklcs, de los m á s amantes del frondoso parque, me ha hablado en muchas ocasiones de su encanto al visitarlo y me ha referido que se complace en la primavera en observar la precocidad de algunos árboles, y que hasta puede señalar un- castaño de Indias que todos los años, con anticipación a sus congéneres, abre sus tiernos brotes al aire y al sol. Entre los asiduos de hace algunos años recuerdo a los ex ministros Espada (que ya he citado antes) y Argente y al catedrático P é r e z Bueno, a quienes suelo encontrar con frecuencia. ¡Bienaventurado Retiro, pulmón de M a drid, fuente de salud, oasis de paz, dulce remanso en medio de la vida inquieta... que los desvelos y los cuidados de tu celoso guard i á n Cecilio Rodríguez te sigan siendo propicios para delectación de los sentidos y placentero consuelo del e s p í r i t u! Amén. El estanque; grande con los embarcaderos que sequilaban situados en sus ángulos, (Grabado del Museo Municipal. (Fotos Duque. A. R A M Í R E Z TOME