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Obedecía la organización de esta comitiva y su i n d u m e n t o a que en esta última etapa del viaje, de M a u lles a M a d r i d (todo el resto lo había hecho el duque en coche, como se a c p s t u m b r a b a entonces) se hacía l a simulación de que el embajador corría la posta por lo urgente de obtener el ansiado consentimiento q u e t e m plase la amorosa llama que ardía en el pecho del regio g a l á n P o r esta razón también, la marcha por las calles, y cuando lo consentía la a g l o m e r a c i ó n del gentío, se hacía al trote largo. Llegó el d u q u e a Palacio las tres. E n el zaguán le esperaba el almirante de CastiCARROZA FRANCESA lla, duque dé Medinaceli, designado por el Rey para conducirle y apadrinarle, y, después de las acostumbradas cortesías y cumplimientos, subieron al cuarto de S u M a jestad, quien, arrimado a u n bufete, debajo de u n dosel, los esperaba en pie, en el saloncillo dorado que está sobre la puerta del Palacio (del desaparecido Alcázar, cómo ya colegirá el lector) acompañado de veinte grandes de España y de gran número de títulos y caballeros. Entraron el duque y el almirante, y que, igualmente, le hicieron dos reverencias. A la primera se quitó el M o n a r c a el sombrero. A la segunda se apartó el almirante y dejó al duque, el cual prosiguió haciendo F U S acatamientos hasta los pies de S u M a jestad, que, recibiéndole con mucho agrado, le mandó c u b r i r Empezó su discurso; quitándose el embajador el sombrero todas las veces que nombraba personas reales, y, una vez acabado, le hizo entrega de dos cartas autóerafas, una, en castellano, de la Reina cristianísima, su hermana, y otra escrita en francés de L u i s X I V Cumplimentaron a l Soberano los caballeros franceses, y el embajador pasó a los aposentos de la Reina, a la que acompañaban las infantas doña María Teresa y doña Margarita, -que más tarde había de ser E m peratriz de Alemania. Terminadas estas ceremonias, el duque y sus hijos tomaron asiento en la carroza del almirante, dirigiéndose, con lucida comitiva, al alojamiento que les estaba prevenido, tan capaz que se aposentaron también en él los caballeros que habían venido de Francia y toda su servidumbre: F u é grande el cuidado y abundancia con que se les regaló, y particular l a atención con que los cortesanos acudieron a festejarlos, excediendo a todos el almirante. T ú voles en su casa diferentes comedias, dióles una grandiosa cena, y al día siguiente a ella, una comida tan suntuosa, que se cree haber competido con. los banquetes opulentos que celebra, por raros, la antigüedad. Empezó entre la una y las dos. del día y duró hasta la noche, en cuyo tiempo se sirvieron ochocientos platos reates v doscientos de postres y principios; todo con grande opulencia, y después se representó una comedia, continuándose de tal suerte la abundancia de regalos y dulces, que pasaron a ser alborozo y codicia del pueblo ios arrojados por las ventanas. E n los días sucesivos le hizo presentes de curiosas alhajas, de relojes ricos y de dos generosos caballos con cubiertas de telas bordadas con el timbre de sus armas. Visitó- el duque a algunos señores, y to- L a s f r u t a s que se han de servir con esta vianda son: a l b a r i c o ques, fresas, cerezas y podría ser que hubiese guindas si fuese el banquete al c a b o d e l mes de mayo; natas y limas, pasas y almendras, aceitunas, queso, conservas y confites, suplicaciones. E n esto no hay que decir, porque se ha de servir de toda l a f r u t a que hubiere y requesones. Gargantúa y Pantagruel no hubiesen desdeñado l a s i g u i e n t e merienda, que copio a la l e t r a Pemiles c o c i d o s Capones o pavos asados, c a l i e n t e s Pastelones de ternera y po- lio y cañas calientes. Empanadas inglesas. Pichones y torreznos D E L T I E M P O D E L D U Q U E D E G R A M O N T (COLECCIÓN A R. T asados. Perdices asar das. Bollos maimones dos rivalizaron en agasajos, llegando a l núo de bacía. Empanadas de gazapos en masa mero de veinte los caballos españoles que le dulce Lenguas, salchichones y cecinas. G i presentaron, y finalmente salió de M a d r i d gotes de capones sobre sopas de natas. T o r habiéndosele dado en nombre del Soberano tas de manjar blanco y natas, y mazapán. un cintillo de diamantes de mucha riqueza Hojaldres rellenos. Salchichones de lechoy valor y respuestas a las cartas que trajo nes enteros. Capones rellenos fríos, sobre de sus Rayes. alfitete frío. Empanadas de pavos. T o r t i- L a boda había quedado concertada. E l lias de huevos y torreznos, y picatostes caRey católico daría como dote a su h i j a quilientes. Empanadas de venazón. Cazuelas de nientos m i l escudos de oro del Sol, dote, que pies de puerco con piñones. Salpicones de el M o n a r c a francés aseguraría en igual vaca y tocino magro. Empanadas de truchas. proporción, sobre rentas a satisfacción, de Costradas de limoncillos y huevos mejidos. S u Majestad Católica, dándola joyas ade- ¿Conejos de huerta. Empanadas de liebres. más por valor de cincuenta m i l escudos del F r u t a de pestiños. Truchas cocidas. Ñoclos Sol y constituyendo para su dobario veinte de masa dulce. Panecillos rellenos de masa de mil escudos al año, con jurisdicción para levadura. Platos de frutas verdes. Gileas la provisión de cargos en l o s lugares y heblancas y tintas. F r u t a rellena. Empanadas redades- en que radicasen sus rentas. de perdices en niasa de bollos. Buñuelos de manjar blanco y frutillas. de lo mismo. E m También la futura. Reina de Francia hapanadillas de cuajada o ginebradas. Truchas bía de renunciar por sí y por sus sucesores en escabeche. Plato de papín tostado con en cualquier grado a los Estados y reinos cañas. Solomos de vaca rellenos. Cuajada de España. en platos. Almojavanas. L a H i s t o r i a se encargó de mostrarnos cómo había dé cumplir esta cláusula el proV aluda mais (esta es ¡la bomba final) A pio Luis X I V algunos años más tarde. los treinta y ocho enunciados que coloca Montiño bajo el título- -como de poca c o s a- -Apéndice culinario. Una merienda añade l a nota que copio, sin duda porque pensó en los estómagos desA l lector no versado en estas materias fallecidos: le habrá producido asombro la comida de S i la merienda fuere, u n poco tarde, con ochocientos platos reales y de doscientos servir pastelones de ollas podridas pasará por de postres, y principios que menciono ancena. Ensaladas, frutas y conservas no hay teriormente. para qué ponerlas aquí, pues se sabe que Verdaderamente que l a cantidad era exse h a d e servir de todo l o que se hallare, cesiva; si dispusiera de mimbres (que aquí conforme a l tiempo e n que se hiciere la serían el espacio) y de tiempo, no vacilaría merienda. en reproducir algunas de las sárdanapalesL o s comentarios los podrán poner los duecas comilonas que nos lian transmitido los ños de pensiones con todo comprendido cronistas, tanto de España como. de F r a n c i a E l ejemplar que poseo del Montiño es un e Italia. volumen en octavo d é 480 páginas, en que P o r el momento me limito a escoger al constan las recetas ipára confeccionar esos azar (pues son diferentes las que consigna platos y todos los restantes de las minutas el autor) una comida por el mes de m a y o que no he citado. Arte de Cocina, Pastey u n a merienda del libro de Martínez lería, Bizcochería v Conservería. Montiño, cocinero del siglo x v i y, según N i Hace algunos años unas cuantas distincolás Antonio, jefe de las cocinas de F e guidas personas, entre las que figuraban una lipe I I S u obra ha llegado hasta nosotros eximia escritora y a fallecida, un esclarecien diversas ediciones a partir de la primedo marqués, muy amante del turismo- -que ra de M a d r i d de 1611. v i v e- y otros amigos, que viven también, Reza así l a minuta correspondiente a l tuvieron l a humorada d e disponer en T o mes de mayó, que reproduzco: ledo- -ren l a típica posada de la Sangre- P e m i l e s con los principios. Capones de una comida- con arreglo a las recetas del leche, asados. Ollas de carnero y aves y j a famoso cocinero, rociada Con vino de Y e mones de tocino. Pasteles hojaldrados. P l a pes y otros caldos de abolengo hispano. tillos de pollos, con habas. Truchas cocidas. Ninguno padeció indigestión, pero un afaGigotes de piernas de carnero. Torreznos niado doctor que también asistió confesaba asados v criadillas de carnero. Cazuelas de que aquellos platos, como los recios lanzones natas. Platillos de artaletes de ternera y de la- armería del Alcázar, estaban. hechos lechugas. Empanadillas de torreznos con para cuerpos de temple distinto a los de masa dulce. Aves en alfitete frío, con hueahora. vos mendos. Platos de alcachofas, con j a rretes de tocino. A. RAMÍREZ T O M E
 // Cambio Nodo4-Sevilla